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Castrejón convirtió el Parque Papagayo en un coro para las madres de Acapulco

castrejón

El cantante acapulqueño presentó “Amor Eterno, Rolitas de Juanga para las mamás” con un recorrido entre baladas, mariachi, pop y confesiones sobre su camino independiente

El aire de Acapulco pesaba como una manta caliente sobre el auditorio al aire libre del Parque Papagayo. El termómetro marcaba 33 grados y la humedad alcanzaba 79 por ciento, pero nadie parecía dispuesto a moverse de su asiento. El público estuvo conformado por madres tomadas del brazo de sus hijos, parejas y grupos de amigos quienes esperaban a un cantante que regresaba a casa con un repertorio atravesado por la memoria: las canciones de Juan Gabriel. Entonces apareció Castrejón vestido con un traje multicolor, en una sola pieza con tirantes, y unos guantes color azul aqua, con una iluminación en la pantalla en color rojo, que parecía anunciar una noche de nostalgia y fiesta.

“Es Amor Eterno, Rolitas de Juanga para las mamás”, dijo el cantante para Página Zero antes de comenzar el concierto, que conectó tres símbolos inmediatos para el público: Juan Gabriel, Acapulco y el Día de las Madres.

El cantante abrió el repertorio con “No nací para amar” y “De mí enamórate”, dos canciones que encontraron eco inmediato entre parejas que cantaban abrazadas y mujeres que levantaban el celular para grabar cada verso. La voz de Castrejón navegó entre el dramatismo de la balada y el impulso de un showman que caminaba de un extremo al otro del escenario buscando provocar reacción.

“Es bien difícil eso del repertorio porque hay tanto material”, contó antes del concierto. “Edité y edité la lista hasta que dije: esto es lo que más me gusta. Pero también pensé en bailar, brincar, saltar y crear un show que la gente disfrute mucho y que tenga ganas de verlo otra vez”.

La noche avanzó con “He venido a pedirte perdón”, “Inocente pobre amigo” y “Déjame vivir”, canciones que el público recibió como si se tratara de una reunión familiar donde todos conocían la siguiente línea. Entre tema y tema, Castrejón habló de Acapulco con el tono de quien regresa a casa después de un largo viaje.

“Hace un par de años estuvimos en el Festival de La Nao con mi show Mexi Pop. Este concierto es muy emotivo por la naturaleza del mismo”, explicó. “Estoy emocionado de manera extraordinaria de presentar este show aquí”.

La conexión emocional alcanzó uno de sus momentos más intensos con “No me dejes nunca”. Las pantallas proyectaron un video del padre del cantante mientras la música se volvía íntima y el público guardaba silencio. Algunas personas se les miró con lágrimas en los ojos. Otras simplemente levantaron la mirada hacia el escenario.

Castrejón cambió entonces de vestuario. Salió con un saco negro adornado con nueve rosas rojas y transformó la solemnidad en energía festiva. Sonaron “¿Por qué me haces llorar?”, “Abuso”, “Ya lo sé que tú te vas” y “La diferencia”, canciones interpretadas con movimientos coreográficos y una banda que sostuvo el ritmo entre el pop y los arreglos regionales.

“El escenario siempre fue mi juego”, dijo en entrevista. “Desde los tres años jugaba a ser artista. Ahora sigue siendo un juego, pero con formalidad y una pasión muy concreta”.

El concierto también funcionó como una declaración de identidad musical. Castrejón habló de su tránsito entre el pop, el folk y los sonidos mexicanos contemporáneos.

“Soy un camaleón”, afirmó. “Me gusta caminar por distintas veredas y si me siento cómodo con algo, le doy play y no me lo cuestiono tanto”.

La segunda parte del espectáculo abrió espacio para clásicos como “Te sigo amando”, “Lo pasado, pasado” y “Buenos días señor sol”, mientras el cantante insistía en mirar al público como parte de una misma celebración colectiva. En Acapulco, explicó, la música puede convertirse en un refugio para una ciudad que atraviesa procesos de reconstrucción social y cultural.

“La música ayuda a reconstruir el tejido social”, señaló. “Hoy habrá mucha gente escuchando música en vivo y pasándola increíble. Espero que eso ayude a crear una ciudad que se olvide un poco del estrés”.

La temperatura emocional cambió de nuevo cuando comenzó “Abrázame muy fuerte”. Varias madres fueron rodeadas por sus hijos con la pieza de danza contemporánea que ofreció Sara Guillen. Algunas parejas improvisaron pasos de baile entre las filas de sillas. Después llegó el giro definitivo hacia la fiesta con “No tengo dinero”, temas que levantaron al público de sus asientos.

Con “Noa Noa”, el Parque Papagayo terminó convertido en pista de baile. Nadie permaneció sentado. Las palmas siguieron el ritmo mientras Castrejón brincaba de un lado a otro del escenario celebrando el momento que siempre imaginó.

“Los conciertos masivos es lo que siempre he querido hacer”, confesó. “Es más emocionante, más lindo, más rico, más bueno de todo”.

El cierre llegó con “Así fue”. Para entonces, Castrejón ya vestía un traje gris brillante que reflejaba las luces blancas y azules del escenario. El cantante se quedó unos segundos mirando al público antes de despedirse.

Catorce años después de su primera producción independiente, el artista acapulqueño volvió a su ciudad convertido en productor, director, representante y protagonista de su propio proyecto. Frente a cientos de personas, el concierto terminó como comenzó: entre emociones compartidas y canciones que parecían pertenecer a todos.

Foto: Miguel Benítez.