Cuando Pelé hizo de Guanajuato su casa: el recuerdo mundialista que revive en 2026
A 56 años de la histórica concentración de Brasil en la capital guanajuatense
En la memoria colectiva de Guanajuato existe una historia que trasciende el deporte. No se encuentra únicamente en fotografías o archivos periodísticos, sino en los recuerdos de quienes fueron testigos de aquellos días de 1970 en los que la selección de Brasil, encabezada por Pelé, convirtió a la ciudad en su hogar temporal antes de conquistar el Mundial de México.
Mientras el mundo vuelve la mirada hacia México con la celebración de la Copa Mundial de la FIFA 2026, la capital guanajuatense revive uno de los episodios más entrañables de su historia deportiva: la estancia del equipo brasileño que para muchos es considerado el mejor de todos los tiempos.
La historia comenzó meses antes del torneo, cuando el promotor deportivo Óscar Urquiza Aguilar identificó una necesidad estratégica de la selección brasileña. El equipo requería un lugar para aclimatarse a la altitud que encontraría en la Ciudad de México durante la competencia. La propuesta parecía audaz: establecer su centro de entrenamiento en Guanajuato Capital.
La respuesta fue positiva. Brasil eligió la ciudad y durante 21 días sus calles, plazas y paisajes se transformaron en el escenario cotidiano de figuras que ya eran leyendas del fútbol internacional.
La delegación se hospedó en el Hotel Parador San Javier. Desde ese punto partían diariamente hacia la Sierra de Santa Rosa para realizar sesiones de acondicionamiento físico. Entre los huéspedes destacaba la presencia de Pelé, quien pronto dejó de ser una figura inalcanzable para convertirse en un visitante cercano para los habitantes de la ciudad.
Los testimonios recuerdan a un Pelé accesible, sonriente y dispuesto a convivir con la gente. Firmaba autógrafos, conversaba con niños, saludaba a comerciantes y compartía momentos de convivencia con quienes se acercaban a él. Su sencillez dejó una huella tan profunda como sus hazañas deportivas.
Uno de los puntos más emblemáticos de aquella estancia fue el campo Nieto Piña de la Universidad de Guanajuato. Ahí, los entrenamientos de Brasil se transformaban en auténticos acontecimientos sociales. Familias enteras acudían para observar a los jugadores correr, practicar y perfeccionar el estilo de juego que poco después maravillaría al mundo entero en el Estadio Azteca.
Con el paso de los años, aquel espacio fue rebautizado como Campo Pelé, en reconocimiento a la estrecha relación que se construyó entre la ciudad y el astro brasileño.
Las anécdotas continúan circulando entre generaciones. Algunos recuerdan a Pelé tocando la guitarra en el hotel; otros evocan las bromas de Rivelino con los jóvenes aficionados o la presencia serena del entrenador Mário Zagallo observando los paisajes de Guanajuato. Son relatos que forman parte de una memoria compartida y que han contribuido a consolidar el vínculo entre la ciudad y uno de los capítulos más brillantes en la historia del fútbol.
La selección brasileña culminó aquella aventura con la obtención de la Copa del Mundo. Liderados por Pelé, los sudamericanos conquistaron el campeonato y construyeron un legado que permanece como referencia obligada para generaciones de futbolistas y aficionados.
Para Guanajuato, sin embargo, la historia tiene un significado adicional. Más allá del triunfo deportivo, aquellos días dejaron la certeza de haber sido anfitriones de un acontecimiento irrepetible, un momento en el que la ciudad compartió su cotidianidad con algunos de los mayores ídolos del deporte mundial.
Hoy, mientras el Mundial 2026 vuelve a colocar a México en el centro de la conversación futbolística internacional, Guanajuato rescata ese capítulo con orgullo. Las calles siguen siendo las mismas, la Sierra de Santa Rosa continúa dominando el horizonte y el recuerdo de Pelé permanece vivo en la memoria de una ciudad que, por unas semanas de mayo de 1970, fue el hogar del rey del fútbol.
Foto: Especial.