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De la resistencia aborigen al vértigo escénico: el mundo toma Guanajuato en el Cervantino

54FIC _ Lola Lince _ Carlos Alvar

De la danza ancestral de Australia al cabaret, las nuevas tecnologías, la música contemporánea y las expresiones tradicionales mexicanas.

La diversidad cultural marcó la primera jornada de la edición 54° del  Festival Internacional Cervantino, considerado el encuentro artístico más importante de México, con una programación escénica que reunió propuestas de Alemania, Australia, Finlandia y Suiza, además de las expresiones nacionales representadas por Nuevo León y Tamaulipas. Danza, teatro, música, circo y experiencias tecnológicas transformaron distintos recintos de Guanajuato en espacios para explorar la memoria, la identidad, la condición humana y las posibilidades del arte contemporáneo.

Uno de los momentos destacados fue la presentación de Bangarra Dance Theatre, compañía australiana que llevó al Auditorio del Estado FuturesPast, una creación en la que el cuerpo, la luz y el sonido construyeron un recorrido por la memoria, la identidad y el territorio. Bajo la dirección artística de Frances Rings, la agrupación abordó las historias de los pueblos aborígenes e isleños del Estrecho de Torres, haciendo de la danza un lenguaje de pertenencia y resistencia, así como una reivindicación de los vínculos ancestrales con la tierra. Fundada en 1989 por Rob Bryant, Cheryl Stone y Carole Y. Johnson, Bangarra consolidó su trayectoria bajo la dirección de Stephen Page y recibió el León de Oro a la Trayectoria en la Bienal de Venecia de 2026.

La irreverencia y el humor encontraron su espacio con Oliver Normand, quien ofreció una noche de cabaret a través de Vaslav, en el escenario de las catacumbas del Mesón de San Antonio. Con gorro de marinero, vestido negro de diva y una presencia que osciló entre la ironía y el hechizo, construyó una atmósfera íntima acompañada por la vibración hipnótica de la shruti box, instrumento originario de la India vinculado con prácticas meditativas. Cada canción se convirtió en relato, confesión o fantasía dentro de una propuesta que desdibujó las fronteras entre espectáculo y experiencia personal.

Las nuevas tecnologías también encontraron un lugar en la programación con Noire, de la compañía de producción francesa NOVAYA. En la Galería Hermenegildo Bustos de la Universidad de Guanajuato, el público utilizó gafas de realidad aumentada y auriculares de conducción ósea para adentrarse en la adaptación del libro homónimo de Tania Montaigne. A través de un montaje de 300 metros cuadrados, los asistentes viajaron a Montgomery, Alabama, para conocer la historia de Claudette Colvin, adolescente afroamericana que, a los 15 años, se negó a ceder su asiento a una mujer blanca en un autobús segregado, en 1950. La experiencia convirtió la tecnología inmersiva en una herramienta para acercarse a una historia de discriminación y resistencia.

En el terreno musical, Ensemble Modern regresó a los escenarios mexicanos después de más de once años de ausencia, con una presentación en el Teatro Juárez. El colectivo plurinacional reafirmó su apuesta por la exploración sonora y la escucha de nuevas voces de la composición contemporánea, mediante un programa con obras de Clara Iannotta, Georg Friedrich Haas, Vito Žuraj, Jennifer Walshe, Ted Hearne y Chaya Czernowin, además de Rojo en azul volátil, de la compositora mexicana Diana Syrse.

También en el Teatro Juárez, el pianista finlandés Joonas Ahonen ofreció Variaciones Diabello, un recorrido por las posibilidades de transformación del lenguaje musical. La primera parte estuvo dedicada a las 33 Variaciones Diabelli, Op. 120, de Beethoven, donde el vals original de Diabelli se convirtió en una exploración de virtuosismo e introspección. Después del intermedio, Ahonen presentó en estreno en México Nueva York, de Eric Wubbels, una pieza que trasladó al público hacia los territorios de la vanguardia contemporánea.

El espacio público se convirtió en escenario con Vértigo, adaptación especial de la propuesta multidisciplinaria Vertige, de Chaillot - Théâtre National de la Danse, de Francia, realizada en colaboración con artistas mexicanos. Con dos funciones, una vespertina y otra nocturna, en la Plaza Allende, la propuesta circense e itinerante hizo del cielo guanajuatense parte de su dispositivo escénico. Su carácter adaptable puso en primer plano la relación entre el arte y el espacio compartido, además de plantear una reflexión sobre la solidaridad más allá de las fronteras y los lugares de procedencia.

La intimidad y las experiencias de vida llegaron al Teatro Principal con La vida secreta de los viejos, de Mohamed El Khatib, coproducción con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El montaje colocó en el centro las vivencias personales de personas mayores y construyó un material escénico de profunda dimensión humana. A través de sus relatos, el público encontró emociones y situaciones reconocibles, demostrando que las experiencias fundamentales de la vida pueden generar identificación más allá de las diferencias de edad y trayectoria.

Por su parte, el músico suizo Julian Sartorius llevó al Templo de la Compañía una experiencia sonora basada en la repetición y la transformación. En RLLRLRLLRRLRLRLRLLRLRLR, el artista trabajó sobre un bucle de 23 compases, intervenido en tiempo real junto con los percusionistas Abigail Verbena Domínguez, Gael Castillo Jiménez, José Rodrigo González Pérez y Cristina Jiménez Martínez. Concebida como una estructura sin jerarquías ni cortes, la pieza desdibujó la frontera entre principio y final. Las variaciones rítmicas, aparentemente mínimas, modificaron constantemente la percepción de los asistentes y dieron lugar a un flujo sonoro de distintas intensidades y estados de ánimo.

La tradición musical mexicana tuvo una de sus expresiones más festivas con el Trío Mujeres Tamaulipecas, que presentó Canto a mi Huasteca en el Jardín San Pedro de la Casa FIC. Eréndira Ramírez, en violín y voz; Aurora Zoey Escamilla, en jarana huasteca y voz, y Karina Reyes, en quinta huapanguera, versería y voz, compartieron un repertorio que reivindicó la herencia sonora de la región. Temas como La Malagueña, Tamaulipas tiene, El querreque, Cuando vayas a Tamaulipas, La perla tamaulipeca, La huazanga y El mantense olvidado convocaron al baile y al canto de un público nacional e internacional.

La exploración de la condición humana tuvo otro de sus momentos con Operativo Kafka, de la Compañía de Danza Experimental Lola Lince, presentada en el Teatro Cervantes. Inspirada en la poética del escritor checo, la obra planteó un viaje simbólico desde la gestación del feto hasta su disolución en el nirvana. Bajo la dirección de la coreógrafa jalisciense, doce intérpretes desarrollaron una narrativa abstracta que cruzó danza, pintura y escultura en movimiento, al tiempo que incorporó ritmos y tradiciones populares como los Tastuanes de Jalisco y la Danza del Torito.

A través de cinco pasajes —El sueño del feto, La marcha, Fragmentaciones, El umbral y El torito—, Lola Lince reafirmó una gramática escénica sustentada en la danza butoh, el teatro físico y la experimentación plástica. El resultado fue una propuesta interdisciplinaria que convirtió conceptos complejos de la existencia en una contundente poética del movimiento.

La jornada también tuvo un cierre musical con la cantautora regiomontana Renee, quien se presentó en Casa FIC Trasnoche con su concierto Lado B. Acompañada por su guitarra, recorrió canciones como Algo bien, La torre, Si tú quisieras, Nunca tristes y El disfraz, entre otras composiciones que transitaron por el amor, el romance y el desamor. Con una estética vintage y sonidos de vanguardia, la artista reafirmó su lugar dentro del pop-rock alternativo en español.

Así, la primera jornada del Cervantino dejó claro que la diversidad no es solamente una característica de su cartelera, sino uno de los principios que articulan su propuesta cultural: desde la reivindicación de las raíces ancestrales hasta la experimentación tecnológica y sonora, las distintas expresiones artísticas encontraron en Guanajuato un territorio común para dialogar.

Foto: Cortesía | FIC | Carlos Alvar