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Del margen al mapa: Textofilia y la batalla de la edición independiente por cruzar fronteras

textofilia

Ricardo Riancho, director de Textofilia, habla sobre una década de trabajo con el mundo árabe, las posibilidades de la traducción y el desafío de que la literatura mexicana encuentre lectores más allá de sus fronteras, ahora también desde la Feria del Libro de Frankfurt.

Salir de México no es una operación sencilla para una editorial independiente. No basta con tener autores, libros o un catálogo capaz de dialogar con otras literaturas: hay que construir las rutas de circulación, encontrar traductores, establecer vínculos y, muchas veces, sostener durante años una presencia que no garantiza resultados inmediatos.

Esa es la experiencia que Ricardo Riancho, director de Textofilia Ediciones, ha acumulado durante cerca de una década de trabajo con Medio Oriente. El recorrido comenzó en la Feria Internacional del Libro de Sharjah, en Emiratos Árabes Unidos, y posteriormente se extendió a Abu Dhabi, espacios donde la editorial mexicana encontró un mercado en el que las ferias continúan siendo fundamentales para la circulación del libro.

Pero detrás de esa presencia hay algo más que una estrategia comercial. Textofilia creó Al-Qasar, colección dedicada a traducir directamente del árabe al español a autores de Egipto, Siria, Palestina, Líbano y Emiratos Árabes Unidos. El proyecto parte de una premisa cultural: América Latina y el mundo árabe no son territorios completamente ajenos. Riancho recuerda la profunda huella árabe en la lengua, la gastronomía y las formas de organización familiar latinoamericanas.

La traducción aparece entonces no como un trámite editorial, sino como una forma de desmontar distancias. Textofilia ha tenido que construir relaciones con traductores especializados y establecer vínculos con instituciones como la Escuela de Traductores de Toledo.

El propio Riancho compartió con Página Zero que aprendió parte del árabe para poder acompañar el proceso editorial.

El intercambio también ocurre en sentido inverso. La editorial ha comenzado a colocar literatura mexicana en árabe. Autores como Alejandro Paniagua y Rafael Ortiz han despertado interés entre lectores y profesionales del sector, mientras obras de su catálogo ya cuentan con traducciones o proyectos de edición en esa lengua. La operación es todavía pequeña frente a las dimensiones del mercado internacional, pero revela una posibilidad: que la literatura mexicana pueda ser leída sin pasar necesariamente por los grandes centros editoriales de Europa o Estados Unidos.

En ese sentido, la experiencia de Textofilia también deja ver una paradoja. México cuenta con una producción editorial independiente amplia y diversa, pero son pocas las editoriales que consiguen sostener una presencia internacional constante. Riancho habla de cierta soledad en las ferias internacionales: encontrar a otros sellos mexicanos fuera del país sigue siendo poco frecuente.

Ahora el recorrido continúa en la Feria del Libro de Frankfurt, uno de los principales espacios de encuentro de la industria editorial internacional. Textofilia llegará con la intención de visibilizar a sus autores, buscar editores para futuras traducciones y ampliar un catálogo que ya incluye literatura proveniente de distintas lenguas y geografías.

Entre los proyectos que buscan cruzar nuevas fronteras está La casa y la tormenta, de Manuel Barroso y Jaime Mesa, un ensayo que recorre 35 años de literatura mexicana a través de cuatro generaciones. Para Riancho, llevar este libro a otras lenguas significa algo más que traducir un título: es ofrecer a un lector extranjero un mapa posible de la literatura mexicana contemporánea.

La apuesta de Textofilia ocurre, así, en un terreno donde la independencia editorial se enfrenta a una industria internacional concentrada y desigual. Las pequeñas editoriales funcionan como laboratorios donde aparecen voces que después pueden alcanzar circuitos mayores, pero también como espacios que preservan una diversidad que difícilmente puede medirse sólo en términos comerciales.

Después de diez años de insistencia, la pregunta ya no es únicamente cómo sacar los libros mexicanos del país, sino qué ocurre cuando esos libros entran en conversación con otras tradiciones. Abu Dhabi, Sharjah y ahora Frankfurt son estaciones de un mismo intento: convertir la edición independiente mexicana en una interlocutora internacional, no como una exportadora de exotismos nacionales, sino como parte activa de una conversación literaria que también puede transformar lo que México lee y publica.

Foto: Especial.