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El libro ante el desafío de formar nuevos lectores

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Bibliotecas, editoriales, librerías y escuelas enfrentan el reto de adaptarse a nuevas formas de leer sin perder de vista la formación de lectores críticos

El descenso de la población lectora en México no puede explicarse únicamente por la falta de interés en los libros. También revela la transformación de un ecosistema en el que cambiaron los hábitos de consumo cultural, los soportes y las maneras de acceder al conocimiento. Frente a este escenario, bibliotecas, editoriales, librerías, escuelas y universidades enfrentan la necesidad de repensar sus estrategias para acercarse a las nuevas generaciones.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2024, 69.6 por ciento de la población alfabeta de 18 años y más declaró haber leído al menos uno de los materiales considerados por el Módulo sobre Lectura (MOLEC). La cifra representa una disminución de 14.6 puntos porcentuales respecto de 2015, cuando alcanzaba 84.2 por ciento.

Para Daniel Jorge Sanabria Barrios, director estatal de Bibliotecas del Sistema CETYS Universidad, el dato debe leerse como parte de una transformación más amplia del ecosistema del libro. El desafío, sostiene, no consiste simplemente en producir más ejemplares, sino en comprender quiénes son los lectores actuales, qué buscan y de qué manera se relacionan con la lectura.

El académico llevó esta discusión a las XVI Jornadas Universitarias de Biblioteconomía, realizadas en septiembre de 2026 durante la 39 Feria Universitaria del Libro de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, donde abordó los retos de las bibliotecas frente a la inteligencia artificial.

La tecnología puede facilitar procesos como la catalogación y el análisis de información, pero, plantea Sanabria Barrios, no sustituye el criterio de los profesionales de las bibliotecas ni su papel como mediadores capaces de orientar a los lectores frente a la creciente cantidad de información disponible.

La discusión alcanza también a la industria editorial. La reducción de operaciones anunciada por Ediciones Era volvió a poner sobre la mesa las dificultades que atraviesa el sector y las transformaciones que la pandemia aceleró dentro del mercado del libro.

Más que analizar estos episodios como casos aislados, considera el académico, es necesario preguntarse qué modificaciones requiere el ecosistema para recuperar lectores y generar nuevos públicos. Una parte de la industria conserva dinámicas heredadas del siglo pasado, mientras las prácticas culturales se han diversificado.

Los nuevos lectores no necesariamente llegan al libro a través de los caminos tradicionales. Novelas gráficas, manga, cómics, sagas, literatura digital, anime y producciones vinculadas con las culturas de Corea, Japón y China forman parte de un universo cultural que también puede funcionar como puerta de entrada a la lectura.

La respuesta, por ello, no debería consistir en oponer estas expresiones a la literatura tradicional, sino en comprenderlas como parte de un ecosistema más amplio. El reto es encontrar los puentes que permitan convertir esos intereses en comunidades lectoras.

En esa tarea, padres y docentes son mediadores fundamentales, mientras que editoriales y librerías necesitan explorar otras formas de relacionarse con sus públicos. Las bibliotecas, por su parte, pueden dejar de ser concebidas únicamente como espacios de consulta para convertirse en lugares de encuentro, conversación y construcción de comunidades.

Entre las alternativas se encuentran fortalecer la colaboración entre editoriales y librerías para compartir recursos, desarrollar proyectos dirigidos a públicos juveniles, crear laboratorios y escuelas de escritura desde las propias casas editoriales y aprovechar las redes sociales para identificar intereses y construir comunidades.

También resulta necesario resignificar los espacios físicos de las librerías y bibliotecas: hacer de ellos lugares donde, además de comprar o consultar un libro, sea posible encontrarse con autores, conversar, participar en talleres y descubrir nuevas lecturas.

La transformación tecnológica plantea, en este sentido, una paradoja: mientras las herramientas digitales multiplican las posibilidades de acceso al conocimiento, también obligan a replantear el papel de quienes tradicionalmente han funcionado como sus mediadores.

El futuro del libro, plantea Sanabria Barrios, dependerá menos de preservar intactas las formas tradicionales de producción y distribución que de la capacidad del ecosistema para reconocer que los lectores están cambiando. Formar lectores en el presente implica, finalmente, no sólo enseñar a leer, sino ofrecer herramientas para interpretar, cuestionar y crear en medio de un paisaje cultural cada vez más fragmentado.

Foto: Especial.