Ensamble A Tempo: cuando la música contemporánea también se ve, se mueve y se transforma
Enrique Eskeda habla de una propuesta que cruza música, percusión, electrónica y visuales en tiempo real para llevar al público del Festival Internacional Cervantino a una experiencia que, más que gustar, busca trascender.
La música contemporánea puede escucharse, pero también puede verse, sentirse y experimentarse desde otros sentidos. Bajo esa premisa, Ensamble A Tempo llegará al Festival Internacional Cervantino con una propuesta multidisciplinaria en la que la música de nueva creación dialogará en tiempo real con la percusión, la electrónica, los visuales y la presencia de un solista.
El concierto se realizará el miércoles 7 de octubre de 2026, a las 17:00 horas, en el Templo de la Compañía, en Guanajuato. Para Enrique Eskeda, director del ensamble, el objetivo no es simplemente modificar el formato tradicional del concierto, sino ampliar las posibilidades de encuentro entre la obra, los intérpretes y el público.
“Ensamble A Tempo toca música nueva, música hecha en el siglo XXI, música hecha la semana pasada”, explica Eskeda en entrevista para Página Zero. Esa cercanía con la creación actual se extiende en esta ocasión a una propuesta escénica que incorpora visuales y música electrónica, además de un solista que se integra al conjunto.
La obra que presentarán fue concebida desde el origen para que distintos lenguajes interactúen. El compositor no sólo escribe para el ensamble, sino que contempla la electrónica, al solista y la dimensión visual como partes de una misma estructura.
Los visuales, además, responderán a lo que ocurre con la música en escena. No se trata de colocar imágenes como acompañamiento decorativo, sino de establecer una relación en tiempo real entre sonido, movimiento e imagen.
“Todo esto está considerado desde el origen como para hacer una unidad”, señala Eskeda.
Ese planteamiento implica un desafío adicional: evitar que la imagen termine desplazando a la música. El director reconoce que el público suele tener una relación inmediata con lo visual, por lo que uno de los retos consiste precisamente en conseguir que ninguno de los elementos domine sobre los demás.
En el escenario estarán el ensamble, el solista, la electrónica y los visuales. Cada componente debe conservar su identidad, pero funcionar como parte de una misma experiencia.
Un laboratorio entre disciplinas
El proyecto reúne a tres colaboradores que ya habían trabajado de manera independiente con Ensamble A Tempo. La decisión de Eskeda fue reunirlos para desarrollar una colaboración conjunta: compositor, solista y creador visual.
El resultado ha obligado a replantear incluso la manera de ensayar. No basta con reunir a los músicos y trabajar la partitura. Hay que encontrar espacios donde puedan convivir los instrumentos, la electrónica y los dispositivos visuales.
“No es un típico concierto-ensayo del Ensamble A Tempo; ahora estamos utilizando toda nuestra maquinaria y la experiencia que tenemos para poder llevar a cabo esto”, cuenta.
La complejidad aumenta porque una parte de lo que sucederá en escena depende de la interacción en tiempo real. Hay una estructura previamente trabajada, pero también variables que deben responder a lo que ocurre durante la interpretación.
En ese sentido, el concierto se acerca más a un laboratorio escénico que a una ejecución tradicional de repertorio.
Del oído a todo el cuerpo
Uno de los objetivos de Ensamble A Tempo durante sus 14 años de trayectoria ha sido acercar la música contemporánea a públicos que quizá no tienen un conocimiento previo de este repertorio.
Eskeda suele intervenir durante los conciertos para ofrecer contexto y explicar algunas claves de las obras, aunque también defiende la posibilidad de que ciertas piezas simplemente sean experimentadas.
Recuerda, por ejemplo, una obra particularmente estridente que el ensamble colocaba al inicio de uno de sus programas. Después de escucharla, el público quedaba desconcertado.
La reacción, sin embargo, era parte de la propuesta.
“¿Qué acaba de pasar de mi mente o de mi cuerpo?”, plantea Eskeda como una pregunta más pertinente que la necesidad de comprender inmediatamente una obra.
Para el director, la música contemporánea también puede producir ese desplazamiento: sacar al espectador de su zona de confort y hacerle experimentar algo que no necesariamente sabe nombrar.
El Templo de la Compañía como otro instrumento
El espacio donde se realizará el concierto también tendrá un papel determinante. Ensamble A Tempo ya se presentó anteriormente en el Templo de la Compañía, aunque en una ubicación distinta dentro del recinto.
Esta vez, los músicos estarán cerca de la puerta principal, donde se proyectarán los visuales. La acústica del templo, caracterizada por sus resonancias, permitirá que la percusión, la electrónica y los instrumentos del ensamble se encuentren con una arquitectura particularmente sonora.
Para Eskeda, el recinto representa un elemento más de la experiencia.
“Es un espacio como para una orquesta grande, como para estos ecos y que se proyecta el sonido”, apunta.
La inteligencia artificial como herramienta, no como sustituto
La incorporación de nuevas tecnologías abre también una discusión sobre el papel de la inteligencia artificial en la creación artística. En esta propuesta, algunos de los visuales estarán asistidos por IA, pero Eskeda considera que la tecnología conserva su lugar como herramienta dentro de un proceso dirigido por artistas.
“La idea no sustituye al artista”, afirma.
Para el director, mientras existan músicos interpretando en vivo seguirá existiendo una dimensión humana que no puede reducirse al funcionamiento de una herramienta tecnológica. La IA puede participar en determinados procesos, pero las decisiones sobre qué crear y hacia dónde llevar una propuesta siguen dependiendo de quienes la conciben.
Una escena contemporánea que se extiende por México
Eskeda también observa un crecimiento de la música de nueva creación en distintas regiones del país. A lo largo de su trayectoria, Ensamble A Tempo ha interpretado obras de compositores provenientes de diferentes estados y ha llevado música contemporánea tanto a grandes ciudades como a comunidades pequeñas.
La respuesta, asegura, no depende necesariamente de que el público tenga una formación especializada.
“Por todos lados hay espacio, por todos lados hay disposición”, sostiene.
Para él, uno de los descubrimientos más interesantes ha sido comprobar que la música contemporánea puede encontrar públicos fuera de los circuitos habituales. Incluso en comunidades pequeñas, dice, existen espectadores dispuestos a escuchar una obra nueva sin necesidad de una explicación previa.
Más allá de que guste
Al final, Eskeda no espera que el público salga del Templo de la Compañía preguntándose simplemente si el concierto le gustó o no.
Su expectativa es otra.
Cuando se le pregunta qué le gustaría que el espectador se cuestionara después de escuchar al ensamble, responde con una pregunta que resume buena parte de su concepción de la música contemporánea:
“¿Te trascendió?, ¿te significó?, ¿te movió algo dentro de ti?”
Para Enrique Eskeda, esa reacción puede ser más importante que el gusto inmediato. Porque la apuesta de Ensamble A Tempo no consiste únicamente en presentar música nueva, sino en provocar una experiencia capaz de permanecer en quien la escucha —y, esta vez, también en quien la ve.
Foto: Especial.