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Entre el fracaso y la risa, Pianina llega al Cervantino

pianina

Celia Garza, de la Compañía de Teatro Moebius, presenta un unipersonal de clown donde la frustración, la música y la resiliencia se convierten en materia de juego escénico. La función ya agotó localidades.

La imposibilidad de estar frente al público durante la pandemia fue el punto de partida para Pianina, un espectáculo de clown creado e interpretado por Celia Garza, integrante de la Compañía de Teatro Moebius, que ahora llega al Festival Internacional Cervantino para poner en escena una historia sobre el fracaso, la frustración y la capacidad de volver a intentarlo.

La función será el domingo 11 de octubre de 2026, a las 17:00 horas, en las Catacumbas Mesón de San Antonio, como parte de la programación del Festival. Las localidades para la presentación ya se encuentran agotadas.

En entrevista para Página Zero cuenta que la historia comenzó en 2020, cuando una convocatoria dirigida a artistas escénicos permitió a Garza explorar nuevas formas de creación en un momento en que los escenarios habían quedado vacíos. Lo que inicialmente fue una cápsula de alrededor de diez minutos se transformó, un año después, en un espectáculo presentado en León.

“Pianina” nació también de una fascinación personal de Garza por el piano y por la figura de los músicos. Aunque nunca ha estudiado formalmente el instrumento, la actriz encontró en él un territorio ideal para desarrollar un personaje excéntrico, distraído y profundamente autoexigente.

El eje de la obra es una mujer que debe interpretar el Concierto para piano número 3 de Serguéi Rachmaninov, una de las piezas más complejas del repertorio pianístico. El problema es que Pianina parece estar hecha para todo menos para cumplir con semejante desafío: pierde las partituras, se distrae, se equivoca y termina enfrentándose a sus propios límites.

“Es una señora que también tiene que ver con mi personalidad, que es muy distraída y, a la vez, muy autoexigente de sí misma”, explica Garza.

El resultado es una pieza donde la música clásica deja de ser un territorio solemne para convertirse en materia de juego. Garza observa las posturas, los movimientos, la concentración y hasta el cuidado exagerado de las manos de los músicos para llevar esas corporalidades al lenguaje del clown.

El piano, además, no existe como instrumento físico en escena. Su presencia se construye mediante elementos textiles diseñados por Vanessa Salazar Niño, que transforman las teclas convencionales en formas circulares y fantásticas cuando Pianina se aproxima al momento de interpretar el concierto.

La actriz debe sincronizar sus movimientos con una pista sonora para crear la ilusión de que toca. Cuando algo falla, el error no se oculta: se convierte en parte del espectáculo.

Y precisamente ahí aparece uno de los motores de la obra: el fracaso.

Pianina intenta cumplir con la pieza de Rachmaninov, pero las cosas se descomponen. Olvida la partitura, interpreta otras músicas y se enfrenta a una crisis que termina rompiendo la cuarta pared. En ese tránsito aparece el propio Rachmaninov como una figura dentro de su imaginación, quien le recuerda que necesita coraje, audacia e intensidad.

La participación del público se vuelve entonces fundamental. Desde la perspectiva de Garza, el clown no funciona como una estructura cerrada, sino como un intercambio de energía entre quien está en escena y quienes observan.

“Siempre le tienes que pedir permiso al público”, recuerda sobre una enseñanza recibida de un maestro argentino.

Para ella, esa complicidad permite que cada función conserve un margen de improvisación, incluso después de un proceso riguroso de ensayo.

Aunque Pianina suele encontrar una respuesta particularmente cercana entre las infancias, Garza no concibió la obra específicamente para ese público. Su vínculo con niñas y niños deriva de su propia exploración del clown y de un lenguaje escénico que apuesta por el juego, el absurdo y la participación.

La intérprete reconoce que todavía continúa explorando su propio “carácter” como payasa. Su trabajo se ha alimentado de personajes de cara blanca y de la tradición del clown teatral, con una influencia particular de los payasos rusos y de compañías como LICEDI, que han sido una referencia importante para su búsqueda.

En el recorrido de Pianina, uno de los encuentros más significativos ocurrió ante jóvenes músicos de una orquesta juvenil de León. Frente a ellos, la puesta en escena alteró deliberadamente los códigos de solemnidad asociados con un concierto: el peinado de Pianina, las interrupciones, los teléfonos, las toses y los accidentes cotidianos se convirtieron en parte del juego.

Para Garza, esos momentos condensan una de las posibilidades del espectáculo: mostrar que incluso aquello que parece un error puede abrir una puerta hacia la risa y la imaginación.

Ahora, el personaje llega al Cervantino. Para la actriz, presentarse en uno de los festivales culturales más importantes del país tiene un significado especial, pues recuerda que desde niña asistía a sus actividades y veía pasar por Guanajuato a grandes figuras de las artes escénicas.

Esta participación representa además la primera ocasión en que Garza presenta su unipersonal dentro del Cervantino, después de haber participado anteriormente con otra compañía.

El siguiente desafío será mantener vivo el espectáculo y encontrar nuevas posibilidades para Pianina. Garza imagina llevar al personaje a otros escenarios, explorar su presencia en redes sociales y convertirlo en una figura capaz de aparecer en distintas circunstancias.

También contempla la posibilidad de que la obra viaje a Estados Unidos mediante un programa cultural, además de continuar buscando espacios para presentarla.

Pero antes de cualquier nuevo destino está Guanajuato. Y el dato más contundente ya está sobre la mesa: la función del 11 de octubre agotó sus localidades, un resultado particularmente significativo para una producción independiente que, como reconoce Garza, enfrenta constantemente el desafío de llenar los espacios en los que se presenta.

Para la creadora, uno de los aprendizajes más importantes que le ha dejado Pianina tiene que ver justamente con aquello que la obra pone en juego: seguir adelante después del tropiezo.

En lo artístico, el espectáculo le ha permitido profundizar en el trabajo de los gags, el ritmo y la precisión corporal. De cara al Cervantino, continúa afinando coreografías y mecanismos escénicos que buscan potenciar la sorpresa.

Y si hubiera que resumir a Pianina en tres palabras, Celia Garza no duda: “neurótica, brillante y distraída”.

Foto: Especial.