Exilio e ironía toman el Museo Iconográfico del Quijote
Fotografía, gráfica e instalación escultórica dialogan en tres exposiciones que el MIQ presenta durante el 54 Festival Internacional Cervantino
La memoria puede convertirse en fotografía, en una imagen familiar reconstruida desde el exilio o incluso en un Cristo cubierto de césped artificial. Bajo esa premisa, el Museo Iconográfico del Quijote (MIQ) suma al 54° Festival Internacional Cervantino tres exposiciones que cruzan historia, imaginación, humor e identidad cultural.
Las muestras Extrañar el mundo. Fotografía europea del siglo XX, La noche que me tragué a mi abuelo, de Bruno Fourure, y En trámite, de Ramsés Ruiz, serán inauguradas el 6 de octubre, a las 13:00 horas, y permanecerán abiertas hasta el 3 de febrero de 2027.
La fotografía francesa ocupa un lugar central con Extrañar el mundo, selección de imágenes pertenecientes a la colección Cultura Sor Juana que recupera parte de la transformación de la mirada europea durante el siglo XX. París aparece como uno de los grandes epicentros de esa modernidad visual, vinculada con agencias como Rapho y publicaciones como VU, espacios donde la fotografía comenzó a consolidarse como una herramienta para narrar la realidad.
El recorrido reúne imágenes de autores como André Kertész, Brassaï, Jeanloup Sieff, Édouard Boubat, Izis Bidermanas y Willy Ronis, entre otros. Más que una simple retrospectiva, la exposición permite observar cómo estos fotógrafos construyeron distintas formas de mirar la ciudad, la vida cotidiana y las transformaciones sociales de su tiempo.
La memoria adquiere un carácter más íntimo en La noche que me tragué a mi abuelo, del artista francés radicado en México Bruno Fourure. A través de gráfica, pintura, dibujo y arte-objeto, Fourure reconstruye desde la imaginación y el recuerdo la presencia de sus abuelos, combatientes de la Primera Guerra Mundial, y las huellas que dejó su llegada a México.
La exposición, realizada en colaboración con el taller gráfico Caracol Púrpura, desplaza la experiencia familiar hacia preguntas más amplias sobre el exilio, el encuentro entre culturas y la capacidad del arte para procesar las heridas provocadas por la guerra. El pasado familiar se convierte así en materia artística para hablar también de los conflictos del presente.
En En trámite, Ramsés Ruiz introduce un registro distinto: el humor como mecanismo de crítica. Su instalación escultórica, realizada especialmente para el Cervantino, utiliza grandes cantidades de césped artificial para construir una imagen deliberadamente absurda en torno a los procesos burocráticos.
Desde el surrealismo crítico, Ruiz imagina incluso la Resurrección como un procedimiento administrativo: un acontecimiento que, antes de concretarse, debe pasar por revisiones, validaciones y esperas. La ironía convierte lo religioso en trámite y lo burocrático en materia de ficción.
Las tres exposiciones trazan así un territorio común: mirar el pasado para interrogar el presente. Mientras la fotografía recupera una memoria colectiva europea y Fourure explora las marcas del exilio y la historia familiar, Ruiz encuentra en el absurdo una forma de cuestionar las estructuras que organizan la vida cotidiana.
El MIQ convierte de esta manera sus salas en un espacio donde la memoria no permanece estática: se fotografía, se reconstruye, se transforma y también puede ser objeto de humor.
Foto: Cortesía | La limosna | Bruno Forure