Pasar al contenido principal

Ira Bernstorff: “La tierra y el mar son sentimientos muy primitivos que todos llevamos dentro”

inmersiva5

Presenta Inmersiva. La tierra imagina el agua en La Araucaria Casa de Arte, en la que reúne pintura y escultura en cerámica en diálogo con la naturaleza, la memoria y la conciencia ambiental.

La exposición Inmersiva. La tierra imagina el agua surge de una coincidencia natural dentro de la propia obra de la artista Ira Bernstorff, la presencia constante de la tierra y el mar. La muestra, integrada por 35 piezas entre pintura y escultura en cerámica, se inaugura el 6 de junio de 2026 en La Araucaria Casa de Arte, bajo la curaduría de Roxana Cortés y con la dirección de Gilberto Trujillo. La propuesta reúne obras realizadas entre 1994 y 2026, donde arrecifes, borrascas, fondos marinos, germinaciones, raíces, flores y formas orgánicas establecen una conversación permanente entre los elementos naturales.

En entrevista para Página Zero, Bernstorff comentó, el título nació de manera espontánea. Al revisar el conjunto de obras seleccionadas, apareció con claridad la convivencia entre ambos universos.

“La exposición nació porque vimos lo que había y había tanto de tierra como de mar”, explica.

La artista reconoce que el proyecto también fue posible gracias a la invitación de Gilberto Trujillo, compañero suyo en un taller de cerámica y fundador de La Araucaria Casa de Arte.

inmersiva6
Diálogo en el proceso de montaje de Inmersiva, Foto: Enrique Herrera.



Trujillo recuerda que el espacio cultural fue un proyecto largamente imaginado. Durante años buscó una casona histórica que pudiera albergar un centro cultural dedicado a las artes visuales, la literatura, la música y el encuentro comunitario. Finalmente encontró una antigua construcción en la colonia Nextitla, cerca de Popotla y del Árbol de la Noche Triste, que se convirtió en la sede de La Araucaria.

“Siempre tuve la intención de crear un proyecto dentro de una casona histórica. Cuando encontré este recinto, decidí convertirlo en un centro cultural. No es una galería de arte; es un espacio para la comunidad”, señala. Desde hace tres años, el lugar desarrolla exposiciones, conciertos, presentaciones de libros y actividades culturales que buscan consolidar nuevos públicos fuera de los circuitos tradicionales de la Roma o la Condesa.

La muestra encuentra una correspondencia profunda con la trayectoria artística de Bernstorff. Nacida en la Ciudad de México en 1965, pero ligada desde la infancia a una finca cafetalera en la sierra de Chiapas, la creadora ha construido una obra atravesada por la experiencia simultánea del campo y la ciudad. Egresada de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, donde estudió Artes Visuales y tomó talleres con el maestro Gilberto Aceves Navarro, ha desarrollado un trabajo que abarca pintura, escultura en madera, arte objeto, arte textil y, más recientemente, una intensa dedicación a la cerámica.

“Yo vivo entre el campo y la ciudad. Todo lo orgánico está en mi obra. Es la manera en que sale; también están los sueños. Todo se refiere siempre a esas dos cosas: lo urbano y lo orgánico”, afirma.

La curaduría de Roxana Cortés describe precisamente esa tensión creativa entre elementos aparentemente opuestos. Según el texto curatorial, la obra de Bernstorff habita un territorio donde “el mar y la tierra se tocan”, generando formas que conservan la memoria de su proceso de aparición. El barro, señala Cortés, pertenece a la tierra, pero en manos de la artista “imagina el agua” y conserva la huella de una materia aún viva, mientras que la pintura funciona como una corriente donde las imágenes emergen y se hunden continuamente, evocando fondos marinos, arrecifes, borrascas y restos de embarcaciones.

Esa presencia marítima aparece en obras como Fondo de mar I, Fondo de mar II, Fondo de mar III, Fondo de mar IV, Mosaico marino I, Mosaico marino II, Velero, Proa, Coral flamígero y Fondo marino, piezas que recorren casi tres décadas de producción artística.

Aunque Bernstorff admite que no frecuenta demasiado las playas, reconoce que el mar ocupa un lugar privilegiado en su imaginación. Muchas de las obras nacen de recuerdos vinculados con Acapulco y con la cercanía emocional que históricamente ha existido entre la Ciudad de México y el puerto guerrerense.

“Es la playa más cercana para quienes vivimos aquí. Hay mucho amor por Acapulco y por el mar. Me atraen la imaginación, la calma y todas las metáforas que contiene. La luna, las estrellas, las mareas. Son imágenes que me han marcado mucho y siempre es un gusto volver al mar”, comenta.

Para Gilberto Trujillo, uno de los rasgos más significativos del trabajo de Bernstorff es precisamente la forma en que logra integrar universos naturales distintos dentro de una misma poética visual.

“Lo que siempre me llamó la atención fue esta fusión orgánica entre mar y tierra. Hay piezas inspiradas en elementos marinos, pero también obras relacionadas con la germinación, las plantas, los frutos y la vida vegetal. Esa integración genera una riqueza plástica muy particular”, señala.

El director destaca especialmente las esculturas vinculadas con procesos de crecimiento y gestación, entre ellas Germinación I, Germinación II, Raíces, Tubérculo, Flor campana, Jardín y Caja homenaje, obras donde la materia parece encontrarse en constante transformación.

La distribución museográfica evita una narrativa lineal. Según Trujillo, el recorrido fue concebido para que el visitante descubra conexiones inesperadas entre las distintas salas.

“No hay un hilo conductor rígido. Hay mesas dedicadas a asuntos marinos y otras relacionadas con la germinación y la materia orgánica. Lo importante es dejarse llevar por la sorpresa y por la experiencia emocional que generan las piezas.”

El espacio mismo participa activamente de esa experiencia. La Araucaria Casa de Arte ocupa una casona porfiriana de carácter ecléctico, con bóvedas, muros de piedra, ladrillo y materiales recuperados. Trujillo explica que decidió conservar la mayor cantidad posible de elementos originales para que la arquitectura dialogara con las exposiciones contemporáneas.

“Cuando encontré la propiedad, era un patio utilizado para estacionar automóviles. Hoy está lleno de plantas. Me interesaba rescatar la memoria del lugar y convertirlo en un entorno vivo.”

La conversación inevitablemente conduce a la crisis ambiental contemporánea. Tanto Bernstorff como Trujillo consideran que el arte puede contribuir a generar conciencia, aunque sea a través de pequeños gestos.

“Por lo menos puede sembrar una semilla”, afirma la artista.

Para ella, la exposición busca reconectar al público con algo esencial y profundamente humano:

“Que se lleven un poquito de mar, un poquito de agricultura. Creo que toda mi obra tiene una gotita de agricultora. La tierra y el mar son sentimientos muy primitivos que todos llevamos dentro.”

Trujillo coincide y amplía la reflexión. Considera que las obras pueden despertar preguntas sobre el consumo, la relación con los animales y el respeto hacia los ecosistemas.

“Me gustaría que la gente saliera con una emoción que se transformara en acciones concretas. Tal vez sembrar una planta, cuidar mejor a sus mascotas o reflexionar sobre el impacto que tienen ciertas decisiones de consumo. Lo importante es generar conciencia sobre la naturaleza y sobre nuestra responsabilidad con ella.”

En ese sentido, Inmersiva. La tierra imagina el agua no sólo propone un encuentro estético entre pintura y cerámica. También plantea una reflexión sobre la relación entre los seres humanos y el mundo natural, una invitación a mirar con atención aquello que suele permanecer oculto bajo la superficie.

inmersiva2
Proceso de montaje. Foto: Enrique Herrera.



La exposición es resultado de un trabajo colectivo que reunió a la curadora Roxana Cortés, al museógrafo Jesús Escabernal, al fotógrafo Enrique Herrera y al propio Gilberto Trujillo como director del proyecto editorial y expositivo. Para ambos entrevistados, el proceso se distinguió por una colaboración orgánica y una comprensión profunda de la obra.

“Nos entendieron muy bien”, resume Bernstorff.

Trujillo coincide:

“Se integró un equipo correcto, profesional y comprometido. El resultado es una verdadera integración entre tierra, mar y seres humanos”.

Así, entre arrecifes, raíces, borrascas, flores, embarcaciones y organismos imaginarios, la obra de Ira Bernstorff propone una inmersión en las fuerzas elementales que sostienen la vida. Una exposición donde el agua modela, la tierra conserva y el arte invita a recordar nuestra pertenencia a ambos mundos.

Fotos: Enrique Herrera.