Iris Pérez Bonaventura: “La ansiedad no te tiene a ti”
En Ansiedad, a mí también me pasa, publicado por Random House, la psicóloga reúne casos reales y estrategias con respaldo científico para ayudar a adolescentes y familias a reconocer la ansiedad, afrontar sus temores y recuperar el disfrute de la vida cotidiana.
La ansiedad no siempre se nota. Puede esconderse detrás de una mala noche de sueño, un dolor de estómago antes de ir a la escuela, el miedo a ser juzgado o la necesidad de refugiarse durante horas en el teléfono celular. Aunque estas señales pueden pasar inadvertidas para quienes rodean a una persona, para quien las experimenta pueden convertirse en un obstáculo que le impida estudiar, convivir con sus amigos o disfrutar de su vida cotidiana.
Ante este panorama, la psicóloga clínica Iris Pérez Bonaventura escribió Ansiedad, a mí también me pasa, publicado por Random House, un libro dirigido principalmente a adolescentes que busca acercar los conocimientos sobre salud mental a quienes enfrentan esta emoción y a las familias que desean comprenderla. Su punto de partida es sencillo: reconocer que la ansiedad no es una experiencia aislada y que existen herramientas para aprender a manejarla.
La autora, quien ha desarrollado su trayectoria profesional en hospitales y universidades, explica que el aumento de consultas por ansiedad y depresión entre niños y adolescentes, particularmente después de la pandemia de COVID-19 y en un contexto de mayor exposición a las pantallas y las redes sociales, la llevó a reunir estrategias que pudieran ser útiles más allá del consultorio.
“Nosotros, los que nos dedicamos al ámbito de salud mental, después del COVID, juntamente con el aumento de pantallas y de redes sociales, empezamos a ver que había muchísima más prevalencia de ansiedad y de depresión”, relata.
En su práctica clínica comenzó a encontrar jóvenes con ataques de pánico, dificultades para dormir, pensamientos invasivos y malestares físicos relacionados con la ansiedad. Dolores de cabeza, molestias estomacales y palpitaciones son algunas de las manifestaciones que pueden acompañar el sufrimiento emocional.
A partir de estas experiencias, decidió escribir por las noches un libro que tradujera sus conocimientos profesionales en recursos accesibles para los adolescentes. La intención no era únicamente explicar qué es la ansiedad, sino ofrecer herramientas para intervenir oportunamente y evitar que el malestar se intensifique.
Cuando la ansiedad comienza a limitar la vida
Pérez Bonaventura subraya que sentir ansiedad no siempre significa tener un trastorno. Se trata de una emoción básica que puede cumplir una función adaptativa ante situaciones que generan incertidumbre, como presentar un examen, encontrarse con alguien que nos gusta o enfrentarse a una experiencia nueva.
El problema aparece cuando la intensidad y la frecuencia de esa emoción comienzan a interferir con las actividades cotidianas.
“Si tienes una ansiedad muy intensa, muy frecuente, como que la sientes la mayoría de los días y además interfiere en tu vida diaria, te impide estudiar, te impide quedar con amigos, te impide estar con la familia, entonces cuando crea mucho malestar es cuando la ansiedad es desadaptativa o patológica”, explica.
Por ello, uno de los objetivos del libro es ayudar a reconocer las señales que requieren atención. Entre ellas están la preocupación excesiva, el miedo constante a ser juzgado, la anticipación de que algo malo ocurrirá, las sensaciones físicas que generan angustia y el abandono de actividades por temor a experimentar ansiedad.
La autora advierte que dejar de hacer cosas para evitar el malestar puede convertirse en una trampa. Durante la entrevista recuerda el caso de un adolescente de 15 años que llevaba tres meses sin asistir a la escuela después de experimentar una crisis de ansiedad en el aula.
Aunque inicialmente pensó que quedarse en casa le ayudaría a sentirse mejor, comenzó a asociar su hogar con un lugar seguro y la escuela con una amenaza. Cada intento de regresar despertaba nuevamente sus síntomas, hasta que la evitación terminó por alejarlo de su vida escolar.
“Esta es la gran trampa de la ansiedad: piensas que si dejas de hacer cosas, vas a estar mejor. Y a la larga no es así”, señala.
El caso ilustra uno de los principios que atraviesan el libro: aprender a reconocer el miedo y desarrollar estrategias para afrontarlo, en lugar de permitir que determine las decisiones cotidianas.
El refugio digital y los problemas que permanecen
Las redes sociales y los videojuegos también ocupan un lugar en la reflexión de Pérez Bonaventura. La psicóloga considera que el ritmo acelerado de la vida actual, la exposición constante a información y la necesidad de estar pendientes de lo que sucede en internet pueden intensificar la ansiedad.
Entre los adolescentes, estas dinámicas pueden expresarse mediante el temor a perderse experiencias de las que otros participan, conocido como FOMO, o la preocupación por no responder a las expectativas sociales que circulan en las plataformas digitales.
Sin embargo, la autora no reduce el problema al uso del teléfono, sino a la manera en que puede convertirse en una vía de escape frente a situaciones difíciles.
En el libro presenta a Dany, un adolescente que pasa gran parte de su tiempo consumiendo videos y contenido en internet. Aunque consigue desenvolverse con éxito en el mundo digital, en su vida fuera de la pantalla permanece paralizado por sus preocupaciones.
“Ante su ansiedad, ante sus temores, se refugia en el mundo online y muchos jóvenes lo hacen”, explica.
El inconveniente es que los problemas que evita afrontar no desaparecen; por el contrario, pueden crecer mientras el adolescente posterga la búsqueda de soluciones.
La propuesta consiste en recuperar el contacto con la vida cotidiana, identificar aquello que provoca temor y comenzar a enfrentarlo mediante estrategias adecuadas. No se trata de negar las dificultades, sino de impedir que la evasión se convierta en la única respuesta ante ellas.
Un libro con respaldo científico y casos reales
Ansiedad, a mí también me pasa combina explicaciones, cuestionarios y situaciones inspiradas en casos reales de adolescentes de entre 14 y 18 años. Su estructura busca que los lectores reconozcan experiencias propias en las historias y encuentren alternativas para afrontar sus dificultades.
La obra se apoya en la terapia cognitivo-conductual, un tratamiento psicológico con evidencia científica para diversos trastornos de ansiedad. A través de sus páginas, Pérez Bonaventura aborda estrategias para manejar las preocupaciones, afrontar los temores, organizar el tiempo y aprender a vivir el presente.
La autora también incorpora situaciones relacionadas con la autoexigencia académica. Algunos adolescentes se imponen la obligación de obtener siempre las mejores calificaciones y acumulan actividades extracurriculares hasta quedarse sin tiempo para descansar o disfrutar.
Esta presión puede alimentar la ansiedad anticipatoria: vivir constantemente pensando en el próximo examen, la siguiente tarea o aquello que podría salir mal, sin prestar atención a lo que sucede en el presente.
Para contrarrestarla, el libro propone recursos como el mindfulness, que ayuda a dirigir la atención hacia el momento actual. El objetivo es encontrar un equilibrio entre las responsabilidades y el descanso, entre las expectativas y la posibilidad de equivocarse, aprender e intentarlo de nuevo.
“La ansiedad no te tiene a ti”, sostiene la psicóloga al explicar la importancia de distinguir entre la persona y lo que siente. Tener ansiedad no significa que toda la identidad de alguien quede definida por ella, ni que deba renunciar a sus actividades hasta sentirse completamente bien.
Hablar de las autolesiones sin convertirlas en un tabú
Uno de los capítulos que más dificultades representó para la autora fue el dedicado a las autolesiones. Pérez Bonaventura reconoce que dudó antes de incluirlo, debido a la sensibilidad del tema y a la manera en que podría ser recibido por los adolescentes y sus familias.
Finalmente, decidió abordarlo porque considera necesario explicar que las autolesiones pueden responder a distintos motivos, entre ellos intentar aliviar una tensión emocional intensa, buscar una sensación momentánea de alivio o expresar un sufrimiento que no se sabe cómo comunicar.
El capítulo presenta la historia de un adolescente de 13 años que experimenta acoso escolar y comienza a hacerse daño como una forma de intentar calmar su malestar. La narración permite explorar las circunstancias que rodean su conducta y, sobre todo, las posibilidades de detenerla y encontrar otras maneras de afrontar el dolor.
Para la psicóloga, hablar de estas experiencias es una parte importante de la educación en salud mental. El silencio puede dificultar que los jóvenes pidan ayuda, mientras que una conversación informada permite reconocer el sufrimiento y buscar acompañamiento oportuno.
Aprender a vivir sin que el miedo decida
Al preguntarle qué espera que cambie en sus lectores después de acercarse al libro, Pérez Bonaventura responde con optimismo: que comprendan que la ansiedad puede tratarse y que es posible recuperar las actividades que el miedo ha desplazado.
“Si tú aplicas todas las estrategias, vas a dejar de tener ansiedad, o si la tienes, vas a poder continuar con tu vida a pesar de tener ansiedad”, afirma.
La autora considera que cada persona puede tener una predisposición distinta ante el estrés y que aprender a identificar las propias reacciones permite desarrollar herramientas para manejarlas. Cuando la ansiedad provoca un sufrimiento considerable o impide acudir a la escuela, trabajar, convivir o disfrutar de las actividades habituales, recomienda buscar atención psicológica profesional.
Con Ansiedad, a mí también me pasa, Pérez Bonaventura busca que los adolescentes comprendan que no están solos, que sus emociones pueden ser nombradas y que pedir ayuda no representa una derrota. También invita a las familias a escuchar sin minimizar el malestar y a reconocer cuándo una preocupación deja de ser pasajera.
Más que prometer una vida libre de dificultades, el libro propone aprender a responder de otra manera ante ellas: aceptar que la ansiedad puede aparecer, identificar qué la provoca y actuar para que no se convierta en el centro de la existencia.
Porque, como plantea la psicóloga, el objetivo no consiste simplemente en eliminar cualquier rastro de ansiedad, sino en encontrar un equilibrio que permita cumplir con las responsabilidades, afrontar los temores y, al mismo tiempo, disfrutar de las pequeñas experiencias que ocurren todos los días.
Foto: Especial.