La literatura infantil entre humor e imaginación: dialogan Andrés Acosta y Vivian Mansour
Los escritores reflexionan sobre la relación entre texto e ilustración, la libertad creativa y los temas que pueden abordar los libros para niñas y niños
En un conversatorio dedicado a la literatura infantil y juvenil, los escritores Andrés Acosta y Vivian Mansour compartieron experiencias sobre el proceso creativo, el papel de las ilustraciones y los retos de escribir para públicos jóvenes, moderados por Giovanni Rodríguez. La charla abordó también el modo en que el humor, la imaginación y la realidad conviven en este tipo de literatura.
Durante la conversación, Acosta recordó que su relación con los libros comenzó de manera poco convencional. Sus primeras lecturas no fueron novelas, sino diccionarios, revistas y publicaciones ilustradas que despertaron su imaginación.
“Veía una definición, un dibujo o una fotografía, y con eso empezaba a imaginar historias”, relató. Sin embargo, aclaró que en su infancia no pensaba dedicarse a la escritura. Su sueño era convertirse en inventor y pasaba gran parte de su tiempo realizando experimentos con juegos de química y electrónica.
Con el tiempo, el contacto con talleres literarios y la lectura constante lo llevaron a descubrir la escritura como una posibilidad profesional.
Las imágenes como puerta de entrada a la lectura
Uno de los temas centrales del conversatorio fue la importancia de las ilustraciones en los libros infantiles. Mansour subrayó que los ilustradores no se limitan a reproducir el texto, sino que aportan su propia interpretación y enriquecen la historia.
“En los libros intervienen muchas personas y los ilustradores son fundamentales. Ellos interpretan lo que el autor escribió y lo transforman en otro lenguaje”, explicó.
Para ejemplificar esta relación entre texto e imagen, Mansour compartió con el público un fragmento del cuento Policetú, en el que el protagonista es un personaje poco habitual: un “pedo”. La autora recordó que al presentar el manuscrito algunos editores le sugirieron cambiar la palabra por otras expresiones más suaves, pero decidió mantenerla.
“Me decían que no usara esa palabra, que la cambiara por ‘plumita’ o por otra cosa, pero yo insistí en que debía quedarse”, comentó.
La escritora explicó que uno de los retos del libro fue precisamente ilustrar un elemento invisible, lo que obligó al ilustrador a crear soluciones visuales que complementaran el humor del relato.
Entre el humor y los temas complejos
Durante el diálogo también se abordó la idea de que la literatura infantil no debe evitar temas difíciles. Mansour señaló que los niños enfrentan realidades complejas —como la migración, la ausencia familiar o la enfermedad— y que los libros pueden ofrecer herramientas para comprenderlas.
“La realidad de los niños también incluye temas dolorosos. Lo importante es tratarlos con respeto y de una manera que el lector pueda procesar”, afirmó.
Por su parte, Acosta explicó que su obra aborda distintos tonos y géneros, desde el humor hasta historias más duras ambientadas en Acapulco, donde ha situado varias de sus narraciones.
En algunos de sus libros, señaló, las ilustraciones juegan un papel clave para interpretar los acontecimientos y dar profundidad a los personajes. El autor destacó la riqueza del panorama actual de ilustradores en México, al que calificó como una “cantera extraordinaria”.
Literatura sin moraleja
Hacia el final del encuentro, ambos autores coincidieron en que los libros para niñas y niños no necesariamente deben transmitir una moraleja explícita.
“Un libro no tiene que enseñar algo de manera directa”, explicó Mansour. “El simple hecho de leer ya es una experiencia que abre posibilidades”.
Acosta añadió que la literatura ofrece, sobre todo, la capacidad de comprender otras perspectivas y desarrollar empatía.
“La lectura nos permite ponernos en el lugar de otros”, señaló. “Ese ejercicio de imaginar la vida de alguien más ya es una enseñanza”.
El conversatorio dejó en claro que la literatura infantil contemporánea se mueve entre múltiples registros: desde el humor irreverente hasta la exploración de realidades complejas, siempre con la imaginación y el lenguaje como herramientas para descubrir el mundo.
Foto: Miguel Benítez.