La Mixanteña de Santa Cecilia celebra 15 años con un fandango de "Sentimiento costeño"
La agrupación llevará al Salón Los Ángeles la música de Oaxaca y Guerrero en un encuentro comunitario con bandas de viento, gastronomía, textiles y baile
Llegar a 15 años de trayectoria no es poca cosa para una agrupación que nació y se ha desarrollado desde la comunidad. Para La Mixanteña de Santa Cecilia, este aniversario representa una oportunidad para celebrar la música, la memoria y los vínculos que unen a quienes han dejado sus pueblos para habitar la Ciudad de México. Bajo el concepto de “sentimiento costeño”, la agrupación conmemorará su trayectoria con un gran fandango en el Salón Los Ángeles, en la colonia Guerrero.
Ana Paula Meixueiro, integrante de La Mixanteña desde hace una década, explica que el concepto de sentimiento costeño surgió de una experiencia compartida entre los integrantes de la banda: la nostalgia por los sonidos, paisajes, sabores y tradiciones de los lugares de origen. Ella, oaxaqueña, encontró en la agrupación una forma de reencontrarse con la música de la costa donde creció, mientras que Freddy Campos, fundador, trompetista y director de la agrupación, comparte una experiencia similar desde su origen guerrerense.
“Yo tengo esta nostalgia por la música del pueblo de mi mamá que está en la costa, porque yo crecí escuchando esta música, me formé escuchando esa música”, señala Meixueiro. Para ella, encontrar en la Ciudad de México un espacio donde otras personas compartieran esa misma añoranza produjo un sentido de pertenencia que se convirtió en uno de los motores de La Mixanteña.
El sentimiento costeño no se limita a una definición musical. Una chilena puede evocar, en cuestión de segundos, los paisajes de la infancia: los cohetes, los perros, los gallos por la mañana, los alimentos y las fiestas. Es una música que activa la memoria y que, para la agrupación, permite trasladar parte de esa experiencia a quienes la escuchan.
En su repertorio, La Mixanteña busca acercarse a los sonidos antiguos de las bandas de Oaxaca y Guerrero, particularmente a aquellas piezas menos conocidas que conservan las formas tradicionales de interpretación. Meixueiro considera que esa búsqueda es importante en un momento en que las bandas de viento de distintas regiones han recibido influencias de otros estilos, particularmente de la música de Sinaloa.
“Esta música no hay que cambiarle nada, es como es”, afirma. La agrupación ha construido así un estilo propio a partir de la recuperación de repertorios tradicionales y de las experiencias de sus integrantes, quienes también transforman inevitablemente esa música desde su condición de habitantes de la capital y desde las nuevas generaciones.
Uno de los rasgos más particulares de La Mixanteña es que buena parte de su repertorio se aprende de oído y de memoria, siguiendo una tradición presente en diversas bandas de Guerrero. Actualmente cuentan con alrededor de 120 piezas y buscan ampliar constantemente su repertorio, explorando también sonidos de distintas regiones de Guerrero y Oaxaca.
Para Meixueiro, esta manera de aprender representa un desafío incluso para quienes cuentan con formación musical académica. La memoria, la escucha y la repetición sustituyen a la partitura y permiten que la música se transmita directamente de una persona a otra. En la agrupación conviven músicos profesionales con integrantes que se han formado desde el gusto y la práctica, generando un diálogo entre distintas maneras de entender la música.
La presencia de mujeres en las bandas tradicionales es otro de los procesos que La Mixanteña ha vivido de cerca. Meixueiro reconoce que en algunas comunidades de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca todavía resulta poco frecuente encontrar mujeres integrando las bandas de viento, aunque observa cambios paulatinos. Recuerda con especial entusiasmo haber encontrado recientemente a una joven tocando el saxofón en una orquesta de la región.
Para ella, cada nueva integrante representa un paso hacia una participación más igualitaria. La propia agrupación ha contribuido a hacer visible esa transformación: la presencia de mujeres tocando instrumentos como la tuba rompe con la idea de que determinados instrumentos o espacios musicales pertenecen exclusivamente a los hombres.
En 15 años, el público de La Mixanteña también se ha transformado. La agrupación ha encontrado nuevos espacios y ha llegado a personas que desconocían la música costeña, pero que terminan bailándola y preguntando por su origen. Ese encuentro ha permitido que generaciones jóvenes descubran que la música tradicional continúa vigente.
“Muchas veces pasa que en la ciudad les dices: tocamos chilenas, ¿no? Pues, ¿qué es eso?”, comenta Meixueiro. Frente a la predominancia de géneros más identificados con la identidad musical mexicana, la agrupación busca mostrar que el país posee una enorme diversidad de expresiones musicales que merecen ser escuchadas y reconocidas.
El aniversario en el Salón Los Ángeles tendrá precisamente ese carácter de encuentro. La Mixanteña compartirá escenario con la Banda Soyú, de Guerrero; La Auténtica de San Juan Colorado, de Oaxaca; Conjunto Sueño Tigre y Lloquecuán, además de Witch & Brass Band, agrupación de Nuevo Orleans integrada por alrededor de 30 músicos.
El encuentro con Witch & Brass Band tiene un significado especial. Ambas agrupaciones se conocieron durante un festival de jazz en Nuevo Orleans, donde La Mixanteña fue invitada como representante de México. Para Meixueiro, aquella experiencia fue como mirarse en un espejo: dos bandas de viento con distintas dimensiones, pero con la misma voluntad de generar comunidad a través de la música. Además, Witch & Brass Band también celebra 15 años y decidió acompañar a La Mixanteña como parte de su propio festejo.
El fandango también llevará al Salón Los Ángeles elementos que forman parte de la vida comunitaria de Oaxaca y Guerrero: habrá textiles, artesanías, cacao, tamales, tostadas y mezcal para el brindis, en una celebración que busca involucrar no sólo al oído, sino también al gusto, la memoria y el cuerpo.
Para La Mixanteña, habitar un espacio emblemático de la Ciudad de México como el Salón Los Ángeles tiene también una dimensión simbólica. Es llevar las músicas de la Costa Chica a un lugar donde puedan encontrarse con públicos diversos y compartir el espacio con músicos y comunidades provenientes de Oaxaca y Guerrero.
La agrupación también mira hacia las nuevas generaciones. Meixueiro señala que uno de sus principales deseos es que los jóvenes de las regiones costeras reconozcan el valor de su propia música y encuentren en ella una posibilidad de creación. La incorporación de un joven músico de San Juan Colorado, actualmente estudiante en la Ciudad de México, es para ella un ejemplo de que ese relevo puede suceder.
Después de 15 años, La Mixanteña de Santa Cecilia mantiene abierta la exploración de los sonidos de Guerrero y Oaxaca. Su repertorio incluye piezas de diferentes regiones y su búsqueda continúa, aun cuando el tiempo y la memoria imponen límites. La agrupación quiere seguir aprendiendo, escuchando y transmitiendo.
En el fondo, explica Meixueiro, eso es el sentimiento costeño: una experiencia que no se puede aprender únicamente en un cuaderno ni conservar en una partitura. Se escucha, se recuerda, se baila y se comparte.
“Ese sentimiento costeño no es para quedárselo”, resume. Y esa será la esencia del aniversario: convertir 15 años de música en una fiesta comunitaria donde la memoria de Oaxaca y Guerrero encuentre un nuevo espacio para sonar, bailar y permanecer en la Ciudad de México.
Foto: Especial.