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O Último Azul: un abrazo entre México y Brasil en el Ariel

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La película de Gabriel Mascaro obtuvo dos de las siete nominaciones que recibió en la 68ª entrega del Premio Ariel: Mejor Guion Original y Mejor Edición, reconocimientos que el cineasta interpreta como una celebración del intercambio creativo entre ambas industrias.

La alianza cinematográfica entre México y Brasil encontró en la 68ª entrega del Premio Ariel una de sus expresiones más significativas. O Último Azul, dirigida por el brasileño Gabriel Mascaro, obtuvo dos estatuillas de las siete categorías en las que competía: Mejor Guion Original, para el propio Mascaro, y Mejor Edición, para Sebastián Sepúlveda y Omar Guzmán.

La cinta, una coproducción impulsada por Cinevinay, llegó a la ceremonia con una importante presencia mexicana detrás de su realización. Además de las nominaciones al guion y la edición, compitió por Mejor Película, Mejor Fotografía, Mejor Sonido y Mejor Música Original, entre otras categorías, poniendo de relieve la dimensión binacional de su proceso creativo.

Tras conocer los resultados, Mascaro compartió un mensaje en el que subrayó que, aunque la película fue realizada en Brasil, su vínculo con México atraviesa buena parte de su identidad artística.

“Estoy muy contento porque esta película, aunque se filmó en Brasil, es una obra extremadamente mexicana por todo el talento y equipo creativo que la conforma”, expresó el director, quien destacó la participación de profesionales mexicanos en áreas como fotografía, montaje, sonido y música.

Para Mascaro, los reconocimientos representan algo más que una distinción individual. “Me alegra muchísimo que este reconocimiento sea una consagración de la conexión entre México y Brasil, de este espíritu de cooperación e intercambio”, señaló.

El realizador también recordó la influencia que el cine mexicano ha tenido en su trayectoria: “El cine mexicano fue parte fundamental de mi formación como director, así que siento este premio como un abrazo muy caluroso de la industria mexicana”.

La emoción del cineasta se extiende hacia una idea mayor: que las colaboraciones entre las cinematografías latinoamericanas permitan cuestionar las fronteras nacionales con las que todavía suele pensarse el cine de la región.

“Hay un deseo de intercambio entre nuestras industrias y ojalá Brasil pueda devolver este abrazo caluroso a los mexicanos en el cine brasileño”, afirmó.

La presencia de O Último Azul en los Ariel revela así una realidad que con frecuencia queda detrás de los premios: el cine latinoamericano se construye cada vez más desde redes de colaboración que desbordan las nacionalidades. En ese territorio compartido, los dos Ariel obtenidos por la película funcionan como reconocimiento a un trabajo colectivo y como símbolo de una relación cinematográfica que Mascaro resume en una palabra: abrazo.

Foto: Especial.