Política + folclor guerrerense = Jolgorio Acapulco 2026
El tradicional "Paseo del Pendón" deriva en una exhibición institucional con escasa presencia simbólica y cuestionamientos sobre su sentido cultural
Lo que históricamente ha sido una de las expresiones más representativas del folclor guerrerense, el “Paseo del Pendón”, mostró en su edición 2026 una transformación que abrió el debate sobre la apropiación política de las tradiciones. Durante el tercer día del Jolgorio Acapulqueño 2026, el recorrido se realizó sin uno de sus elementos esenciales: los pendones.
A las 18:30 horas —una hora después de lo programado—, bajo un sol intenso, el contingente inició con un despliegue predominantemente institucional. Motocicletas de tránsito, patrullas municipales y viales, cuatrimotos, una ambulancia y vehículos oficiales —incluida una camioneta blindada— encabezaron el recorrido. La escena, más cercana a un operativo de seguridad que a una manifestación cultural, marcó el tono del inicio de la jornada.
En los primeros bloques de participantes no se observaron pendones, símbolo central de esta tradición que históricamente anuncia fiestas patronales y convoca a la comunidad. En su lugar, predominó la presencia de grupos convocados, algunos de ellos con signos visibles de desgaste ante las condiciones del calor o de la logística del evento. Entre los asistentes se identificaron contingentes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), cuya participación añadió una dimensión política al recorrido. Organizaciones de pescadores y prestadores de servicios turísticos.
Minutos después, hizo su aparición la presidenta municipal de Acapulco, Abelina López Rodríguez, acompañada por el alcalde de San Luis Acatlán, Adair Hernández Martínez, así como integrantes del cabildo local, muy puestos para la fotografía del recuerdo. La mandataria encabezó un segmento que concentró la atención mediática, con drones, cámaras y solicitudes de fotografías por parte del público.
Tras este bloque, se integraron agrupaciones sociales y algunas danzas tradicionales provenientes de distintas regiones del estado, que aportaron los elementos culturales esperados, aunque en un segundo plano dentro de la estructura general del desfile.
La oscuridad de la noche evidenció la falta de luminarias en la costera. Las danzas ya sin la presencia del sol, seguían con la fiesta. Algunos de los asistentes ya no llegaron al Parque de la Reina, cortaban camino en el entronque de costera y cinco de mayo, donde se encontraban medio centenar de urvans esperando llevar a los —acarreados— cansados asistentes.
El contraste entre el carácter festivo y comunitario que define al Paseo de los Pendones y la predominancia de dispositivos oficiales y figuras políticas plantea interrogantes sobre la dirección que toman estos eventos. La edición 2026 del Jolgorio Acapulqueño evidenció una tensión entre tradición y espectáculo institucional, donde el folclor parece ceder espacio a la visibilidad política.
Más que una celebración plena de identidad, el recorrido dejó la impresión de un acto híbrido, en el que la representación cultural quedó diluida entre logística, seguridad y protagonismo gubernamental. El desafío, hacia futuras ediciones, será recuperar el sentido original de una tradición que, sin sus símbolos esenciales, corre el riesgo de convertirse en una escenografía sin raíz.
Foto: Miguel Benítez.