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Tradiciones mexicanas: una noche de música, danza y contrastes para la Filarmónica de Acapulco

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Reunió repertorio guerrerense y mexicano, con un destacado desempeño de Nora Castañón y de los danzoneros “Eterna Juventud”, pero también dejó pendientes sobre el protocolo, su conducción y la sede de la orquesta

La Orquesta Filarmónica de Acapulco (OFA) dedicó su concierto de temporada del pasado viernes 18 de septiembre, en el Forum Mundo Imperial, a las Tradiciones Mexicanas, una velada que llevó al escenario sones, boleros, danzones, canciones populares y obras vinculadas con la identidad musical de Guerrero.

El programa transitó por distintos momentos de la música mexicana: desde Acapulqueña, de José Agustín R., en arreglo de Héctor Infanzón, hasta La Bamba, interpretada con la participación del Ballet Folklórico Malintzin; La Sandunga, de Máximo Ramón Ortiz; Un poco más, de Álvaro Carrillo, con la participación vocal de la maestra Nora Castañón; Por tu desdén, de Pancho Padilla; y el popurrí Por los caminos del sur–Coyuca de Catalán.

La noche continuó con Danzón Acapulco, de Margarito Damián Vargas, a cargo de los danzoneros “Eterna Juventud”; Te quiero dijiste, de María Grever; Ajuchitlán del Progreso, de Bardomiano Flores Díaz; Dime que sí, de Alfonso Esparza Oteo; La Tixtlequita; Júrame, nuevamente de Grever; y un segundo popurrí integrado por Feria Chilpancingueña, La Iguana y El Negro de la Costa. El cierre correspondió a Cielito lindo, de Quirino Mendoza, y Huapango, de José Pablo Moncayo.

Más que un simple recorrido por el repertorio nacional, el concierto funcionó como una suerte de escaparate de las distintas expresiones que conforman el imaginario musical guerrerense y mexicano. Sin embargo, también dejó algunos elementos que merecen una lectura crítica.

Un cambio en el concertino

Uno de los primeros detalles que llamó la atención fue la ausencia de Seguei Kossiak, concertino de la OFA. Su lugar fue ocupado por Larissa Fedorova, principal de la orquesta, quien por primera ocasión asumió esa responsabilidad en el escenario.

El cambio no pasó inadvertido para quienes siguen de cerca el trabajo de la agrupación. La figura del concertino tiene una función musical y simbólica importante dentro de una orquesta, por lo que cualquier modificación en esa posición se vuelve visible, particularmente para el público habitual.

Cuando las explicaciones interrumpen la música

Otro aspecto susceptible de revisión fue el ritmo de la velada. El concierto llegó a sentirse largo, especialmente durante la primera parte, debido a las pausas que el director realizó entre algunas piezas para explicar o introducir las obras siguientes.

El contexto y la divulgación musical son importantes, pero en un concierto de estas características existe una línea delicada entre contextualizar el repertorio y romper la continuidad de la experiencia sonora. Las explicaciones pueden enriquecer una presentación cuando son breves y precisas; cuando se multiplican, pueden terminar por restarle fluidez al espectáculo.

En un programa concebido alrededor de las Tradiciones Mexicanas, la propia música tenía suficiente fuerza para contar buena parte de la historia.

Nora Castañón, una voz que sigue creciendo

Uno de los aspectos más positivos de la noche fue la participación de Nora Castañón. La intérprete asumió varias de las piezas vocales del programa, entre ellas Un poco más, Te quiero dijiste, Dime que sí, Júrame y Cielito lindo.

Es notorio el crecimiento vocal de Castañón. Su participación permitió establecer uno de los hilos conductores de la velada y mostró una intérprete con mayor seguridad y presencia escénica. En un repertorio que exige tanto manejo de la melodía como capacidad para transmitir el carácter sentimental de la canción mexicana, su desempeño se convirtió en uno de los puntos destacados del concierto.

Los danzoneros se llevaron la noche

Si hubo una participación capaz de modificar por completo la energía del recinto fue la de la pareja de danzoneros de “Eterna Juventud”.

Su aparición durante Danzón Acapulco aportó un componente escénico distinto al de la interpretación estrictamente orquestal. El danzón dejó de ser únicamente música para convertirse en movimiento, memoria y tradición viva.

La pareja consiguió una respuesta particularmente cálida del público y, por momentos, se convirtió en el centro de atención de una noche que buscaba precisamente reivindicar las tradiciones populares.

Un Forum que no se llenó

A diferencia de otras presentaciones de la OFA que han conseguido una mayor convocatoria —como el concierto de Queenmania—, el Tradiciones Mexicanas no registró un lleno en el Forum Mundo Imperial.

El aforo fue de aproximadamente mil 400 personas, una cifra que, aunque representa una asistencia significativa, también evidencia el reto que enfrenta la agrupación para convocar a un público más amplio cuando presenta repertorios vinculados con la música tradicional y popular mexicana.

La pregunta no debería reducirse a cuánta gente asistió, sino a cómo conseguir que este tipo de conciertos se conviertan en acontecimientos culturales capaces de atraer a nuevos públicos, particularmente en una ciudad donde la OFA constituye uno de los principales referentes musicales.

El protocolo, otra asignatura pendiente

La noche también volvió a mostrar un problema que ya merece una discusión más seria: la ruptura del protocolo propio de un concierto.

Después de la interpretación musical se incorporó un discurso oficial y, posteriormente, una improvisada ceremonia de entrega de flores a los participantes. Los reconocimientos y agradecimientos forman parte de la vida cultural, pero su incorporación sin una estructura claramente integrada al espectáculo puede alterar el cierre de un concierto y prolongar innecesariamente la permanencia del público.

Un concierto de temporada requiere cuidar también esos detalles. La música, los tiempos, las intervenciones institucionales y la despedida forman parte de una misma experiencia.

Cinco años después, el Teatro Juan Ruiz de Alarcón sigue pendiente

Quizá el contraste más significativo de la noche estuvo fuera del escenario.

Durante el discurso oficial, la titular de la Secretaría de Cultura de Guerrero destacó la valentía de los músicos de la Orquesta Filarmónica de Acapulco y el trabajo de todo el equipo que hace posible sus presentaciones.

Sin embargo, hubo una ausencia importante en ese mensaje: la rehabilitación de la sede de la agrupación, el Teatro Juan Ruiz de Alarcón.

Han transcurrido aproximadamente cinco años y el recinto continúa sin la reparación que permitiría a la OFA recuperar plenamente su espacio. El reconocimiento al esfuerzo de los músicos es necesario, pero también lo es hablar de las condiciones institucionales en las que desarrollan su trabajo.

Resulta paradójico elogiar la resistencia de una orquesta que ha tenido que mantenerse activa fuera de su casa sin colocar en el centro del discurso público la obligación de devolverle una sede digna y funcional.

Tradiciones Mexicanas consiguió momentos valiosos: una orquesta que sostuvo un repertorio amplio, una Nora Castañón en crecimiento, la vitalidad del Ballet Folklórico Malintzin y unos danzoneros que conquistaron el escenario. Pero también dejó preguntas.

La principal es si la OFA necesita únicamente seguir demostrando su capacidad para resistir y presentarse en distintos escenarios, o si ha llegado el momento de que las instituciones que la respaldan demuestren, con hechos, que están dispuestas a garantizarle las condiciones que merece.

Porque preservar las tradiciones mexicanas no consiste solamente en interpretarlas sobre un escenario. También implica preservar y dignificar a las instituciones, los espacios y a los músicos que mantienen viva esa tradición.

Foto: Miguel Benítez.