“El Chelu y Los Del Tamarindo” encendieron la noche en el Domingo Soler
La agrupación llevó una velada de música costeña, baladas, boleros, canciones propias y las complacencias del público.
La noche del sábado 29 de agosto, el Centro Cultural Domingo Soler se convirtió en un punto de encuentro para la música costeña, las historias de amor y la nostalgia. Sobre el escenario, Chelu y Los Del Tamarindo desplegaron una propuesta cargada de ritmo, energía y personalidad, en una presentación que transitó entre los sonidos regionales, las baladas, los boleros, los covers y las composiciones propias.
Las luces amarillas del escenario dibujaban siluetas sobre el piso y envolvían el espacio en una atmósfera cálida. Entre acordes de guitarra y el sonido del acordeón, la agrupación comenzó a construir una noche donde cada canción parecía abrir una ventana distinta hacia el recuerdo: algunas para cantar a todo pulmón, otras para escuchar con los ojos cerrados y dejar que la letra hiciera su trabajo.
El repertorio comenzó a recorrer distintas épocas y emociones. Si te hago tanto mal abrió paso a Cien años y Si nos dejan, canciones que forman parte de la memoria musical de varias generaciones y que encontraron en la voz de Chelu una nueva manera de ser interpretadas.
La noche avanzó con Ciclos por cerrar, seguida de una norteña para charreadas y Tristes recuerdos, llevando la presentación hacia terrenos más regionales. La mezcla de estilos se convirtió en uno de los sellos de la velada: lo tradicional no aparecía como una pieza de museo, sino como una música viva capaz de dialogar con sonidos contemporáneos.
Uno de los momentos especiales llegó con “Reporte a la tierra”, tema inédito que permitió conocer otra faceta de la agrupación y su apuesta por construir un repertorio propio.
La figura de Joan Sebastian también estuvo presente en el recorrido musical. Y aquí se termina recordó al llamado “Rey del Jaripeo”, antes de dar paso a un popurrí de Bertín Gómez, otra referencia a las raíces populares y regionales que alimentan el repertorio de la agrupación.
Para entonces, la frontera entre escenario y espectadores comenzaba a desaparecer: las canciones eran reconocidas, acompañadas y, en algunos momentos, devueltas por el público en forma de voces que se sumaban a las de los músicos.
La dinámica de la noche permitió también atender las complacencias, uno de esos momentos que convierten un concierto en una experiencia cercana y personal. La música dejó de ser únicamente la propuesta de una agrupación para convertirse en un diálogo directo con quienes habían acudido al Domingo Soler.
Entre las peticiones apareció nuevamente Joan Sebastian con Tatuajes, una canción que encontró en la voz de Chelu un espacio para la nostalgia y el recuerdo. Más adelante, Sabor a mí, interpretada por Issac, recuperó el espíritu íntimo del bolero y devolvió al escenario aquella atmósfera cálida que las luces amarillas habían construido desde el inicio.
Una canción que terminó por convertirse en una declaración dirigida a ese amor que no supo reconocer lo que tenía enfrente: “Te perdiste de un enorme corazón”, una frase que resonó como despedida y como reivindicación de quien todavía apuesta por cantar, querer y llevar serenata con su propia voz.
Porque precisamente ahí está una parte de la esencia de Chelu y Los Del Tamarindo: en recuperar la tradición de la serenata y llevarla al presente sin renunciar a su propia identidad. Acordeón, guitarra, baladas, boleros, música regional y composiciones propias se encontraron durante una noche en la que la agrupación mostró que las canciones de siempre todavía pueden encontrar nuevos caminos.
Foto: Miguel Benítez.