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Alina Vargas lleva su voz al Rockers Pub de Acapulco

alina vargas_agosto

La mezzosoprano acapulqueña compartió escenario con Armando Leyeri en una noche de música independiente marcada por un repertorio que transitó de Billie Holiday y Elvis Presley a Rammstein, Shakira y Linkin Park

El sábado por la noche, mientras la escena musical independiente de Acapulco se repartía entre distintos escenarios —el Centro Cultural Domingo Soler, el Tiki Tiki Bar, el Bar 26 y otros espacios donde la música encontraba su propia ruta—, en Rockers Pub la noche tomó otra dirección. Ahí, la mezzosoprano acapulqueña Alina Vargas, acompañada por Armando Leyeri, construyó un concierto sin demasiadas fronteras entre géneros, épocas y sensibilidades.

La propuesta de Vargas tuvo algo de viaje nocturno: comenzó con la canción francesa “La Maritza”, popularizada por Sylvie Vartan, para después entrar en la intimidad de “All of Me”, asociada a la voz de Billie Holiday. De ahí, el repertorio comenzó a desplazarse por territorios cada vez más diversos, como si la cantante quisiera demostrar que una voz de formación lírica también puede habitar con naturalidad el rock, el pop y la canción romántica.

Llegó entonces “I Can’t Help Falling in Love with You”, de Elvis Presley, seguida por el dueto “Shallow”, de Lady Gaga. La selección comenzó a revelar el espíritu de la noche: no se trataba de encerrarse en un solo género, sino de recorrer canciones que, independientemente de su origen, han dejado una huella reconocible en la memoria musical de varias generaciones.

El giro fue más oscuro con “Seemann”, de Nina Hagen, y “Sonne”, de Rammstein. La primera llevó al escenario una atmósfera más teatral y expresiva; la segunda puso sobre la mesa la contundencia del metal industrial alemán. En manos de Vargas, ambas piezas ampliaron el registro emocional del concierto y alejaron la velada de cualquier idea preconcebida sobre lo que debe cantar una mezzosoprano.

El repertorio continuó con “El octavo día”, de Shakira, y “Crawling”, de Linkin Park, dos canciones que pertenecen a universos distintos, pero que comparten una carga emocional intensa. La noche se volvió todavía más personal con “Precious Things” y “That I Would Be Good”, de Tori Amos y Alanis Morissette, respectivamente.

En ese recorrido también apareció “Álbum”, de Aterciopelados, y nuevamente Shakira, esta vez con “Sombra de ti”. El concierto podía entonces leerse como una especie de mapa de influencias: canciones de distintas épocas que, al ser reunidas en un mismo escenario, revelaban conexiones inesperadas.

Pero si algo caracteriza a una noche acapulqueña es la capacidad de pasar de un extremo a otro sin pedir permiso. Así, del rock alternativo y el pop internacional se pasó a la canción mexicana con “La mentira”, de Javier Solís, uno de esos temas que pertenecen ya a una memoria sentimental colectiva.

El cierre llegó con “What’s Up?”, de 4 Non Blondes, canción que desde los años noventa se convirtió en un himno generacional y que terminó funcionando como una suerte de declaración de principios para una presentación que nunca quiso quedarse quieta.

Mientras otros escenarios de Acapulco recibían también propuestas musicales esa misma noche, Alina Vargas y Armando Leyeri encontraron en Rockers Pub un espacio para cruzar repertorios y desafiar etiquetas. Entre la canción francesa, el jazz, el pop, el rock, el metal, la música mexicana y las voces femeninas que marcaron distintas generaciones, la mezzosoprano acapulqueña convirtió la diversidad musical en el hilo conductor de su presentación.

En una ciudad donde la música independiente continúa buscando escenarios, públicos y nuevas formas de encontrarse con ellos, la noche de Vargas recordó que una escena viva no necesariamente necesita elegir entre el bolero y el rock, entre la canción popular y la experimentación: a veces basta con una buena voz, un cómplice musical y un bar dispuesto a escuchar.

Foto: Especial.