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Emiliano Aréstegui: “Sarna nació por admiración al Escuadrón de la Muerte”

sarna

Durante la presentación de Sarna en Demina Laboratorio de Artes, el poeta habló del origen de un libro que documenta la vida de los marginados desde la empatía y el lenguaje poético.

La terraza de Demina Laboratorio de Artes, en el centro de Acapulco, recibió la última parada de la gira de Sarna, el libro de Emiliano Aréstegui Manzano publicado por Ícaro Ediciones. Al menos así lo presentó, entre ironías, Charlie F. Ortiz, quien comparó el recorrido del poemario con la legendaria gira de Use Your Illusion de Guns N' Roses.

Entre bromas sobre un inexistente camión de Cometra repleto de ganancias editoriales, la conversación reveló la historia detrás de una obra que se resiste a romantizar la miseria.

Si aquella serie de conciertos recorrió el mundo durante dos años y medio, Sarna apenas suma unos meses de presentaciones por Ciudad de México, Estado de México, Tlaxcala, Chilpancingo, Atoyac y ahora Acapulco. Según Charlie, todas con localidades agotadas, seguidores desbordados, firmas interminables y ventas tan exitosas que Emiliano habría tenido que contratar un camión de Cometra para transportar el dinero.

La broma recorrió toda la presentación.

Minutos después, el propio autor desmintió el rumor entre risas.

"No hay ningún camión de Cometra cargando el dinero de las ventas de Sarna", dijo, aunque al final del encuentro volvió a aparecer el supuesto vehículo cuando alguien anunció que "ya llegó el cambio de Cometra", cerrando así un chiste colectivo que acompañó toda la velada.

Más allá del humor, Charlie F. Ortiz situó el verdadero centro del libro. Afirmó que Sarna es una obra incómoda porque no busca agradar ni ofrecer consuelo. Su materia son los invisibles: alcohólicos, habitantes de la calle, hombres que sobreviven en las banquetas y parques, personajes expulsados del relato cotidiano.

El libro, sostuvo, no romantiza la pobreza ni convierte el sufrimiento en una historia de redención. Construye una crónica poética donde la palabra captura imágenes de quienes suelen permanecer fuera de la mirada pública.

Para él, esos personajes convierten el alcohol en un oficio y el extravío en una forma de existencia. No celebran la tristeza ni la derrota; simplemente habitan un mundo donde la supervivencia y el vacío conviven todos los días.

Miryam Orva profundizó esa lectura al comparar la enfermedad de la sarna con la manera en que el alcohol invade lentamente la vida de una persona. Recordó que cualquiera conoce la tentación de una cerveza después del trabajo o el peso de una resaca dominical, pero el libro habla de quienes ya cruzaron ese límite: hombres cuya única preocupación consiste en conseguir unas monedas para seguir bebiendo.

Observó que Aréstegui construye sus poemas sin compasión, aunque con una profunda empatía. Los personajes alimentan perros callejeros, comparten cigarrillos con migrantes y sobreviven en una comunidad donde aún existen pequeños gestos de solidaridad.

Los versos, señaló, rescatan a quienes ya no tienen nada que perder y recuerdan que también merecen ser vistos.

El propio Emiliano Aréstegui explicó que prefiere pensar en el protagonista antes que en una voz lírica. A diferencia de una instancia narrativa distante, el sujeto que habla pertenece al Escuadrón de la Muerte. Comparte su destino y narra desde adentro.

Confesó, además, que el libro surgió mucho antes de su publicación.

La primera intención apareció en 2012, cuando vivía en Huayamilpas y todos los días pasaba frente a un Escuadrón de la Muerte instalado cerca del parque. Con el tiempo comenzó a conversar con aquellos hombres.

Descubrió que, lejos de la imagen amenazante que suele construirse sobre ellos, eran personas tranquilas. Esa convivencia despertó su deseo de escribir un libro.

Reconoció incluso sentir cierta admiración por quienes parecían escapar de la lógica del trabajo permanente y del consumo cotidiano.

"Cuando era niño pensaba que quería ser un desarrapado", recordó entre risas, aunque admitió que esa forma de vida resulta mucho más compleja de lo que parece.

El libro terminó de escribirse años después, ya instalado en Cuajinicuilapa. Allí ocurrió un episodio que el autor todavía recuerda con intensidad.

Trabajaba jornadas de doce horas y despertaba a las dos de la mañana para escribir. Apenas llevaba quince páginas cuando un familiar le avisó que uno de los integrantes del Escuadrón acababa de morir.

Mientras avanzaba el manuscrito, comenzaron a fallecer los demás.

Primero murió uno de los gemelos; después el otro; luego la madre de ambos y, poco a poco, el grupo completo desapareció. El único sobreviviente fue "La Mulita", un hombre de ojos verdes cuya presencia atraía incluso a los perros callejeros.

Aréstegui relató que también él terminó siendo rescatado e ingresó a un centro de rehabilitación, donde finalmente falleció.

Esa coincidencia convirtió el poemario en algo más que una obra literaria.

"De alguna manera también es un documento", afirmó. "El Escuadrón de la Muerte sobre el que escribí ya no existe."

Durante la lectura compartió poemas dedicados a personajes como La Mula y evocó los centros de rehabilitación, la lentitud del tiempo durante la abstinencia y las imágenes alucinadas que atraviesan el libro.

El autor explicó que Sarna ha cambiado en cada una de sus ediciones.

Primero apareció bajo el título Cruz de corazones, obra con la que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ydalio Huerta Escalante. Más tarde fue publicada como La cara de perro para permitirle titularse mediante obra editada, gracias al apoyo de la escritora Rosina Conde.

La edición de Ícaro Ediciones volvió a transformar el libro.

Aréstegui reconoció que deseaba formar parte del catálogo de la editorial guerrerense y destacó el trabajo de Ulber, quien propuso modificar el diseño tipográfico alternando mayúsculas y minúsculas para reproducir visualmente el estado de embriaguez del protagonista.

Al principio dudó de la idea.

Después comprendió que la gráfica potenciaba la lectura y decidió hacer suya la propuesta.

También explicó que la edición incorpora fotografías de familiares, amigos y del propio Escuadrón de la Muerte, convirtiendo el volumen en una obra colectiva donde convergen poesía, memoria y archivo visual.

Para el poeta, si hubiera escrito Sarna cuando todavía vivía en Huayamilpa habría sido un libro completamente distinto. La distancia le permitió comprender mejor a aquellos hombres y encontrar una forma más justa de acercarse a ellos.

No quiso escribir sobre la miseria.

Quiso escribir sobre personas.

Y quizá por eso Sarna termina convirtiendo a quienes suelen pasar inadvertidos en protagonistas de una historia donde la derrota también posee memoria, lenguaje y dignidad.

Foto: Página Zero.