Entre el calor, la nostalgia y las ausencias: la OFA cierra temporada sin resolver sus pendientes
El concierto "Sueños del destino" ofreció momentos de brillantez musical, pero también evidenció las carencias institucionales, la falta de reconocimiento a sus músicos y la ausencia de una política cultural que devuelva a la orquesta un recinto digno.
La música volvió a imponerse al clima. Afuera, Acapulco registraba 34 grados centígrados y una sensación térmica de 43; adentro, los doce equipos de aire acondicionado del Salón Jaguar del Hotel Playa Suites apenas conseguían contener el bochorno. Antes de que iniciara el último concierto de temporada de la Orquesta Filarmónica de Acapulco (OFA), muchas asistentes recurrían al abanico como extensión natural para apaciguar el clima caluroso. Era una imagen elocuente: incluso antes de sonar la primera nota, la velada ya exigía resistencia.
Bajo el título "Sueños del destino", la OFA presentó un programa que transitó entre la música popular, la ópera y el repertorio sinfónico. La apertura con "Acapulqueña" sorprendió a quienes revisaban el programa impreso, donde originalmente esa pieza aparecía anunciada al final bajo el nombre de Alingo-alingo. La modificación resultó acertada al establecer desde el inicio un vínculo emocional con el público local.
El recorrido continuó con "No puede ser", de Pablo Sorozábal; "O Sole Mio", de Eduardo di Capua; la vibrante Obertura Festiva, de Dmitri Shostakovich; "Core 'ngrato", de Salvatore Cardillo; "Por los Caminos del Sur", de José Agustín Ramírez Altamirano fue acompañada con la voz del tenor acapulqueño, Marco Mondragón; la Sinfonía núm. 5 de Antonín Dvořák y el inevitable "Nessun Dorma" de Giacomo Puccini como cierre.
Mira aquí el vídeo "Por los caminos del sur", en la voz del tenor Marco Mondragón.
Musicalmente, la orquesta confirmó el nivel artístico que ha sostenido durante años. La Quinta Sinfonía de Dvořák volvió a demostrar la capacidad del ensamble para afrontar obras de gran formato con solvencia, mientras que las piezas vocales encontraron una respuesta cálida entre un público que, pese a las condiciones ambientales, permaneció atento durante toda la presentación.
Sin embargo, la música no logró disipar la sensación de deuda que sobrevoló el concierto.
La temporada concluyó con una ausencia que pesó más que cualquier silencio orquestal: la del violonchelista principal Samvel Barseghyan, quien formó parte de la OFA durante 26 años y dejó la agrupación en febrero. No hubo un reconocimiento público, una despedida institucional ni una mención que honrara más de dos décadas de aportación artística. Más grave aún, permanece el señalamiento de que el músico se retiró sin haber recibido su finiquito, una situación que proyecta una imagen preocupante sobre el trato que reciben quienes han construido el prestigio de una de las instituciones culturales más importantes de Guerrero.
También resultó significativa la ausencia de la titular de la Secretaría de Cultura de Guerrero o de algún representante de esa dependencia en el concierto que marcó el cierre de temporada, dando prioridad a un evento político que a la institución a la que representa. La representación oficial del Gobierno estatal recayó de nueva cuenta en Christian de Jesús Moreno Marín, director general de Estadísticas de la Secretaría de Turismo de Guerrero. La presencia de Turismo y la ausencia de Cultura sintetizan, quizá sin proponérselo, las prioridades institucionales que hoy rodean a la orquesta.
El Hotel Playa Suites merece reconocimiento por mantener abiertas las puertas del Salón Jaguar para que la Filarmónica pueda desarrollar sus temporadas. Sin ese respaldo, probablemente muchos conciertos no habrían sido posibles. Pero la gratitud no debe impedir señalar una realidad evidente: el salón está lejos de ser un recinto adecuado para una orquesta sinfónica.
La disposición del escenario obliga a que los músicos ocupen gran parte del espacio disponible, reduciendo considerablemente el aforo y limitando la experiencia del público. A ello se suman las condiciones acústicas de un salón concebido para convenciones y eventos sociales, no para la interpretación de repertorio sinfónico. La música logra sobreponerse gracias al profesionalismo de los intérpretes, no a las condiciones del recinto.
Cinco años después del inicio de la actual administración estatal, el Teatro Juan Ruiz de Alarcón, en el Centro Internacional Acapulco, continúa sin una rehabilitación que permita el regreso de la Orquesta Filarmónica a su sede natural. Cada temporada que concluye en un espacio provisional confirma que la excepción amenaza con convertirse en regla.
"Sueños del destino" cerró con aplausos y una orquesta que, pese a las limitaciones, continúa defendiendo su calidad artística. Pero también dejó la impresión de que el verdadero desafío de la Filarmónica ya no está en el escenario, sino fuera de él: recuperar el respaldo institucional, dignificar las condiciones de sus músicos y volver a contar con un teatro a la altura de una agrupación que sigue siendo uno de los principales referentes culturales de Guerrero.
Foto: Miguel Benítez.