La rendición como lucidez: Federico Vite explora el desencanto y la deriva en su nueva novela
El escritor mexicano reflexiona sobre el fracaso, la violencia urbana y la imposibilidad de conectar en ciudades como Acapulco en su libro publicado por Editorial Almuzara
Para el escritor mexicano Federico Vite, la idea de Rendición no es necesariamente sinónimo de derrota absoluta. En su novela La rendición, el concepto funciona como una metáfora contemporánea desde la cual explorar el desencanto, la pérdida y la necesidad de replantear la vida en un contexto marcado por la violencia y la incertidumbre.
Lejos de la retórica de la resistencia —que el propio autor considera un discurso ya agotado— la novela propone aceptar el fracaso como punto de partida. “No puede uno estar todo el tiempo contracorriente porque no va a cambiar absolutamente nada”, afirma Vite. Frente a esa postura, el escritor imagina una rendición que no implica pasividad, sino una forma distinta de mirar la realidad.
Un dramaturgo ante tres derrotas
La novela sigue a un dramaturgo desencantado del teatro que enfrenta tres frentes de derrota: la imposibilidad creativa, un duelo amoroso tras el asesinato de su esposo y una relación conflictiva con la ciudad donde vive. Esa ciudad es Acapulco, aunque el propio autor aclara que se trata de un Acapulco literario, una construcción que mezcla recuerdos personales, ficción y episodios dispersos de distintas épocas.
“Es un Acapulco perfectamente enmarcado por situaciones ficticias, aunque con anclas reales en mi paso por la ciudad”, explica.
La estructura de la novela se organiza en tres partes. La primera narra el regreso del protagonista a la casa paterna en la colonia La Laja, detonante de la historia. La segunda introduce un tono cercano al thriller, donde aparecen elementos de oscuridad psicológica, fantasmas y brujería. La tercera parte adopta la forma de un extenso monólogo escrito como correo electrónico, donde el protagonista finalmente acepta su derrota.
“Si el personaje puede sentarse a escribir, ¿qué va a escribir? Su derrota”, resume Vite.
Deriva narrativa entre géneros
El libro mezcla registros literarios que reflejan la formación teatral del protagonista. El primer segmento se acerca al relato policial; el segundo incorpora rasgos de novela de terror; y el tercero se convierte en un monólogo introspectivo.
El autor explica que esa estructura responde a una lógica cercana al concepto de narraturgia, una forma de escritura que combina procedimientos narrativos y dramáticos. En la novela, el dramaturgo utiliza lo aprendido en el teatro para interpretar su propia experiencia.
Aunque el presente narrativo se sitúa en Acapulco, la historia se desplaza por distintas ciudades del país, entre ellas Ciudad de México, Querétaro, Veracruz, Puebla y Oaxaca, configurando un panorama cultural que muestra cómo el teatro y la vida artística se relacionan con cada uno de esos contextos.
Escribir desde el desencanto
Para Vite, La rendición se inscribe dentro de una tradición literaria que explora el desencanto moderno. Sin embargo, el autor buscó distanciarse de las referencias más evidentes del existencialismo o del nihilismo europeo.
“Uno abreva de esas lecturas, claro, pero yo quería escribir desde donde estoy”, afirma. “Convivo con palmeras, no con el frío; camino en bermudas. Esa realidad también debía entrar en la novela”.
Esa atmósfera se refleja incluso en la portada diseñada por Raúl Rivas, donde aparece una palmera cuyas raíces oscuras penetran una casa. Para el escritor, la imagen resume el espíritu del libro: una acumulación de derrotas que, como una planta, termina por florecer en medio de estructuras deterioradas.
Una prosa de confesión
En términos de lenguaje, Vite optó por una prosa contenida, cercana a la confesión. La narración se construye principalmente en primera persona y evita los adornos excesivamente poéticos.
“Quise una escritura simple, casi como si el personaje realmente estuviera escribiendo”, explica. La voz narrativa describe momentos fundamentales de la vida del protagonista: la primera vez que vio un cadáver, la primera vez que contempló a una mujer herida o el desconcierto frente a la belleza.
Ese tono directo responde también a la lógica del dramaturgo que habla desde el escenario: alguien que sabe que sus palabras eventualmente serán representadas.
El resultado, según el propio autor, es una prosa más lenta y reflexiva que en sus trabajos anteriores. “Quizá está más madura”, reconoce.
Acapulco como escenario emocional
Publicada por Editorial Almuzara, la novela se abre también a lectores fuera de México. Esa posibilidad internacional genera cierta inquietud en el autor, sobre todo por la imagen contemporánea de Acapulco en la prensa extranjera.
“Hay titulares que lo llaman un balneario en bancarrota o lo asocian directamente con el narcotráfico”, comenta. Aunque reconoce que esos problemas existen, el libro intenta explorar algo más profundo: el efecto emocional que produce la violencia cotidiana en la vida urbana.
Ese impacto, dice, ha transformado radicalmente la ciudad. “La violencia ha obligado a que la gente se encierre en sus casas. Lo que antes era una ciudad divertida se ha llenado de óxido”.
A esa transformación se suma, según el escritor, una crisis cultural evidente. “La vida cultural de Acapulco nunca había estado tan baja. Incluso en los años noventa o en los 2000 había más actividad”.
La imposibilidad de conectar
Más allá del retrato urbano, el tema central de la novela es la dificultad de establecer vínculos humanos en contextos marcados por la violencia.
“El libro intenta comunicar una emoción: la imposibilidad de relacionarte con el otro”, afirma Vite. En ciudades atravesadas por el miedo, explica, las personas dejan de encontrarse, de conversar, de reconocerse.
La novela invita al lector a recorrer espacios emblemáticos de la ciudad —la Costera Miguel Alemán, la Avenida Adolfo López Mateos o la Gran Vía Tropical— para recuperar una sensación de movilidad que hoy parece perdida.
“Ese Acapulco que se podía recorrer caminando ya no existe”, reconoce.
Nuevo proyecto en camino
Mientras la novela comienza su circulación internacional, Vite trabaja en un nuevo proyecto narrativo. Se trata de una obra más extensa y personal dedicada a reconstruir la vida de su padre, una figura que atravesó distintas regiones del país antes de establecerse en Acapulco.
El escritor calcula que el libro podría alcanzar una dimensión considerable —quizá más de setecientas páginas— y reconoce que será un proyecto de largo aliento.
“Ya tengo cincuenta años y más pasado que futuro”, reflexiona. “Quiero contar esa historia con la mayor energía posible”.
Entretanto, Federico Vite continúa trabajando en una serie de libros que exploran distintas emociones vinculadas con la misma ciudad. Cada uno construye, desde ángulos distintos, una especie de cartografía íntima de Acapulco, un territorio literario donde la derrota, lejos de ser un final, puede convertirse en el inicio de otra forma de lucidez.
Foto: Especial.