Luz Ortiz: “Los niños entienden muy rápido, pero los adultos se emocionan cuando recuerdan que un miedo les impidió brillar”
La creadora de El sonido de nosotros repasa el nacimiento de Luz y Luzía, un universo que comenzó como un cuento infantil y hoy reúne teatro, podcast, música y herramientas socioemocionales para acompañar a las familias latinoamericanas.
El origen de Luz y Luzía tiene una conexión especial con México. Fue a finales de 2015 cuando la autora colombiana Luz Ortiz publicó, junto a Editorial Porrua, el cuento Lucía, una historia que con el paso de los años se transformaría en un proyecto transmedia dedicado al fortalecimiento emocional de niñas, niños y familias.
La protagonista es una luciérnaga que pierde su luz después de enfrentarse al miedo que le provoca una araña. Sin su brillo, también pierde parte de su identidad y descubre que la noche se convierte en un lugar hostil. Mientras espera recuperar su luz, encuentra refugio entre las abejas, que la reciben como una más. Sin embargo, el amor por su familia y por su propia esencia la impulsa a salir nuevamente al encuentro de la oscuridad. Cuando logra enfrentar aquello que la paralizaba y liberarse de sus temores, recupera su luz interior.
Para Ortiz, quien comentó para Página Zero que esa historia se convirtió en la piedra angular de todo el proyecto. La luciérnaga representa la importancia de la autoestima, la aceptación y el amor propio. “La intención siempre ha sido recordarles a los niños, a las niñas y también a los adultos que debemos querernos para poder brillar de adentro hacia afuera”, explica.
Con el tiempo descubrió que el mensaje no resonaba únicamente entre las infancias. Durante las lecturas públicas observó que los niños comprendían rápidamente la metáfora, mientras que los adultos reaccionaban con una profunda carga emocional. Muchos reconocían en la historia sus propios miedos, aquellas inseguridades que alguna vez les impidieron desarrollarse plenamente.
Ese hallazgo impulsó la expansión del proyecto. El cuento fue adaptado al teatro negro en Colombia y posteriormente se convirtió en una serie de podcasts que actualmente suma cuatro temporadas. La más reciente etapa del recorrido desemboca en la música con el lanzamiento de El sonido de nosotros, un disco inspirado en las historias y temáticas desarrolladas a lo largo del podcast.
Las canciones retoman los ejes centrales de cada temporada. La primera está dedicada a los valores, una iniciativa nacida durante la pandemia. La segunda aborda el cuidado del medio ambiente y la tercera se centra en las emociones. Cada composición representa una historia distinta y busca reforzar herramientas socioemocionales mediante el lenguaje musical.
Para la autora, la respuesta del público ha confirmado la necesidad de este tipo de contenidos. Las familias han convertido a Luz y Luzía en un recurso de acompañamiento que no pretende imponer modelos de crianza, sino ofrecer herramientas para fortalecer la convivencia familiar.
Ortiz considera que conceptos como empatía, respeto o solidaridad suelen resultar abstractos incluso para los adultos. Por ello insiste en la importancia de abrir conversaciones en casa y de que madres, padres y cuidadores se conviertan en ejemplo de los valores que desean transmitir. Una de las canciones del disco lleva por título Los valores son poderes, una idea que resume la filosofía del proyecto: cuando los valores se practican de manera cotidiana se convierten en verdaderos superpoderes.
En un contexto marcado por la sobreestimulación digital, la creadora defiende el papel de los cuentos, la escucha y las narrativas sonoras como herramientas fundamentales para el desarrollo emocional de la infancia. Considera que la tradición de contar historias ha sobrevivido a cada transformación tecnológica y que hoy simplemente adopta nuevas formas, como los podcasts y los audiocuentos.
“Escuchar también es una manera de leer”, afirma. Desde su perspectiva, los formatos sonoros estimulan la imaginación, enriquecen el vocabulario y despiertan la curiosidad. Esa capacidad de asombro, señala, es uno de los motores principales de la creatividad infantil.
Por esa razón ha optado por resistirse a la lógica de la hiperestimulación visual. Prefiere que las historias permitan a los niños construir imágenes mentales y desarrollar procesos de atención más pausados. Cada episodio del podcast comienza con un breve ejercicio de respiración que invita a las familias a disminuir el ritmo cotidiano y preparar un espacio compartido para escuchar.
“Bajemos un poquito la revolución”, resume. Para Ortiz, la respiración consciente se ha convertido en una práctica subestimada en tiempos de inmediatez permanente, pero puede funcionar como un ancla emocional para niñas, niños y adultos.
Entre las experiencias más significativas que ha vivido gracias al proyecto recuerda la de una madre que se acercó durante una feria del libro en Cali. La mujer le contó que su hija, una niña de apenas cinco años que padecía ansiedad, encontraba tranquilidad escuchando los episodios de Luz y Luzía. La historia quedó grabada en la memoria de la autora como una muestra del impacto que pueden tener las expresiones artísticas en la vida cotidiana.
También atesora las escenas familiares que se generan alrededor de las canciones. Padres que reproducen la música durante los trayectos en automóvil, hermanos que compiten por recordar las letras completas y familias que convierten los temas musicales en espacios de convivencia. Para ella, esos momentos representan uno de los mayores logros del proyecto.
El sonido de nosotros refleja esa vocación de encuentro. El álbum recorre una amplia diversidad de géneros musicales. Hay canciones con influencias del rock, el afrobeat y ritmos urbanos adaptados para públicos infantiles. También incorpora clarinetes, salsa y otras sonoridades que buscan conectar tanto con los niños como con sus padres.
La intención fue evitar una producción exclusivamente infantil y construir un repertorio que pudiera ser disfrutado por toda la familia. Así, el padre rockero, la madre salsera o los niños curiosos encuentran puntos de encuentro en una misma experiencia musical.
Ortiz percibe además una creciente apertura hacia proyectos enfocados en la salud emocional de las infancias tanto en Colombia como en México. Considera que las sociedades han comenzado a reconocer la importancia de la salud mental y que instituciones públicas y privadas muestran cada vez más interés por iniciativas socioemocionales.
Al mismo tiempo advierte sobre los desafíos que plantea el ecosistema digital. Señala que el desarrollo cerebral durante los primeros años de vida exige una atención especial frente al uso de pantallas y a los efectos de la sobreestimulación tecnológica. Desde esa perspectiva, Luz y Luzía busca ofrecer una alternativa para las familias interesadas en promover experiencias más reflexivas y humanas.
Mirando hacia el futuro, la autora imagina la consolidación del llamado “Bosque de Luz y Luzía”, un universo habitado por los múltiples personajes que han surgido a lo largo de las temporadas del podcast. La referencia que utiliza para describirlo es clara: un espacio semejante a Plaza Sésamo, pero centrado en la educación socioemocional y construido desde una identidad profundamente latinoamericana.
“Los latinos tenemos un corazón muy abierto”, señala. Ese espíritu de hospitalidad, cercanía y afecto es el ADN que busca transmitir a través de cada historia.
Aunque Luz Ortiz es la figura visible del proyecto, reconoce que detrás existe una amplia red de colaboradores. Equipos de comunicación, prensa y redes sociales participan en el crecimiento de la iniciativa y aportan conocimientos que complementan su visión creativa. Todos comparten, asegura, una misma convicción: utilizar la cultura, la imaginación y la educación emocional para inspirar un mejor futuro.
Después de más de una década de recorrido, aquella pequeña luciérnaga que perdió su luz en un cuento publicado en México continúa expandiendo su universo. Ahora lo hace a través de canciones, historias y conversaciones familiares que buscan recordar algo esencial: el brillo más importante es el que nace desde el interior.
Foto: Especial.