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Carlos Ramírez Vuelvas explora la memoria y la fragilidad en Música silenciosa de las cosas

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El poeta construye un libro marcado por la imagen, la infancia y la búsqueda de una palabra poética capaz de dialogar con la intimidad humana

El poemario Música silenciosa de las cosas, de Carlos Ramírez Vuelvas, nació durante los meses de confinamiento provocados por la pandemia. El autor buscó construir una poesía distinta a la que había trabajado en libros anteriores, marcada entonces por tonos melancólicos y atmósferas oscuras. Frente a la experiencia doméstica compartida con su hija y al encierro colectivo, el poeta decidió acercarse a una escritura más luminosa, sostenida por imágenes sencillas y objetos cotidianos.

En entrevista para Página Zero, comentó que la intención inicial fue crear poemas accesibles, cercanos a una mirada vital sobre las cosas comunes. Ramírez Vuelvas tomó como referencia las Odas elementales de Pablo Neruda y comenzó a trabajar composiciones centradas en la observación de objetos, escenas y pequeños instantes. De ese ejercicio surgió el núcleo del libro.

El manuscrito fue enviado a la editorial de la Universidad de Guanajuato, donde los dictaminadores sugirieron modificar el título original, Cuando cierro los ojos veo panoramas. La propuesta final retomó un verso incluido en uno de los poemas: Música silenciosa de las cosas. El autor encontró en esa frase una forma de nombrar la imagen poética y de condensar el espíritu del volumen.

El libro se divide en varias secciones: Panoramas, Sacramentales, Cantar de las audosas y Tres poemas románticos. Cada parte responde a una exploración distinta de la imagen. En Panoramas y Sacramentales, el poeta trabaja con recuerdos, fotografías, objetos y escenas concretas. En Cantar de las audosas, la escritura se vuelve más compleja y fragmentaria, con una mirada múltiple sobre una misma imagen, cercana al procedimiento del cubismo. La última sección funciona como una reflexión sobre el amor y la poesía.

La memoria personal ocupa un lugar central dentro del poemario. La infancia y la juventud aparecen como territorios emocionales desde donde el autor reconstruye experiencias marcadas por el gozo, la vulnerabilidad y la fragilidad humana. Ramírez Vuelvas evita una mirada nostálgica y apuesta por una evocación ligada a la celebración de ciertos momentos formativos.

El poeta explica que la estructura del libro responde a una intención narrativa. Cada sección funciona como parte de un recorrido donde existe un umbral de entrada, un desarrollo y un cierre. Desde el inicio, la escritura propone recuperar el aliento poético y sostener la posibilidad de nombrar el mundo mediante imágenes y emociones.

Dentro de esa exploración aparece la soledad como condición esencial de la escritura. Para Ramírez Vuelvas, la poesía constituye una forma de conocimiento intuitivo y emocional que requiere un estado de introspección profunda. La reflexión poética surge desde la experiencia sensible y busca interpretar aquello que el pensamiento racional no alcanza a explicar por completo.

Entre las influencias literarias presentes en el libro destacan Pablo Neruda, Charles Baudelaire, Jaime Sabines, Efraín Bartolomé y la poeta estadounidense Louise Glück. El autor reconoce afinidad con escritores que trabajan desde una voz emocional intensa y que incorporan dentro de la poesía los objetos, los sonidos y los elementos cotidianos de la vida.

Uno de los procesos más complejos ocurrió durante la escritura de un poema dedicado a Baudelaire. A partir de las correcciones y tachaduras, Ramírez Vuelvas descubrió que el verdadero sentido del texto residía en la relación entre lenguaje y maldad. El poema terminó revelando una reflexión distinta a la planteada en el primer borrador: no era el mal el que ingresaba al lenguaje, sino el lenguaje el que producía el mal. Esa revelación apareció durante el proceso de corrección y transformó el poema en una pieza clave dentro del libro.

Aunque gran parte del volumen fue escrita entre 2020 y 2025, varios poemas provenían de años anteriores. El autor sostiene una relación paciente con la escritura y dedica largos periodos a la revisión de sus textos. Antes de este libro, su publicación previa apareció en 2016.

Ramírez Vuelvas considera que la poesía sigue siendo un espacio para hablar de intimidad y fragilidad humana, aunque reconoce que el hecho poético también aparece fuera del verso, en diálogos cotidianos, escenas cinematográficas o imágenes capaces de transmitir una experiencia sensible. Para el poeta, la poesía permanece ligada a la necesidad humana de comprender la existencia y de encontrar una respuesta frente a la incertidumbre.

Al releer Música silenciosa de las cosas, Carlos Ramírez Vuelvas reconoce la presencia de un poeta preocupado por encontrar una palabra capaz de transmitir emoción y experiencia. La recepción del libro, presentada en Guanajuato con buena respuesta de lectores y críticos, le permitió confirmar esa búsqueda. El autor espera que quienes se acerquen al poemario descubran en sus páginas la misma exploración sensible que acompañó el proceso de escritura.

Foto: Especial.