Pasar al contenido principal

Denuncian abandono de la educación artística en Taxco tras cierre de escuelas del INBAL

oscuridad

Retrasos salariales, presuntas irregularidades administrativas y la cancelación del programa de formación en artes motivan una carta dirigida al INBAL, la gobernadora de Guerrero y la Secretaría de Cultura estatal

La crisis de la educación artística en Guerrero volvió a quedar en evidencia con la carta que Derek Badillo Gómez, coordinador académico de la Escuela de Iniciación Artística asociada al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), dirigió al propio instituto, a Evelyn Salgado Pineda, gobernadora del estado y a Aida Melina Martínez Rebolledo, titular de la Secretaría de Cultura de Guerrero, con copia en poder de este medio. En el documento denuncia una serie de presuntas irregularidades administrativas que, asegura, culminaron con el cierre del proyecto educativo y afectaron directamente a estudiantes y docentes.

Badillo sostiene que durante tres años la escuela logró consolidar una comunidad integrada por jóvenes provenientes de distintos contextos sociales. De los 87 estudiantes inscritos, 20 concluyeron el programa, participando en concursos, obteniendo becas y presentándose en diversos espacios culturales. Además, afirma que las muestras semestrales contribuyeron a fortalecer la actividad artística en Taxco e incluso sirvieron de referencia para otras instituciones educativas.

Sin embargo, el coordinador señala que la Secretaría de Cultura de Guerrero decidió cancelar la continuidad del programa bajo el argumento de que la administración estatal estaba por concluir y no era posible abrir una nueva generación. A su juicio, esta determinación no sólo interrumpió un proyecto académico consolidado, sino que privó a futuras generaciones de un espacio de formación artística.

La carta también expone las condiciones en las que operó la escuela durante sus últimos semestres. Entre ellas menciona retrasos de hasta ocho meses en el pago de salarios al personal docente, así como la falta de servicios básicos como electricidad y agua durante un periodo similar. Estas carencias, afirma, obligaban a suspender las clases antes del horario establecido, debido a la oscuridad que rodea la ex Hacienda del Chorrillo, sede del plantel, generando condiciones poco seguras para estudiantes y profesores.

Uno de los señalamientos más delicados consiste en la presunta instrucción para aprobar alumnos que habían dejado de asistir durante meses, una medida que, según Badillo, vulneró la libertad de cátedra y buscó evitar un bajo número de egresados. De confirmarse, esta práctica abriría un debate sobre los criterios académicos con los que operan programas públicos de formación artística.

El documento también denuncia un trato desigual hacia el personal docente. Mientras algunos profesores fueron despedidos o vieron reducida su carga laboral por razones que el coordinador considera arbitrarias, otros —asegura— permanecieron en funciones pese a registrar constantes inasistencias. A ello suma la restricción del uso de espacios para impartir clases, retrasos en los horarios y la suspensión de las muestras públicas entre semestres, actividades que habían sido fundamentales para el desarrollo de los estudiantes.

Badillo recuerda que una de las presentaciones más exitosas del programa se realizó en el Museo Casa Borda de Taxco, donde el trabajo de los alumnos tuvo una amplia respuesta del público. En contraste, la muestra final fue confinada a las instalaciones de la escuela, decisión que considera un retroceso para el reconocimiento del esfuerzo de los jóvenes.

Más allá de las denuncias administrativas, la carta plantea una reflexión sobre el papel de la educación artística en un estado marcado por la violencia. El coordinador sostiene que ofrecer espacios de formación cultural representa una alternativa para que niñas, niños y jóvenes encuentren caminos distintos a los contextos de vulnerabilidad que enfrentan.

Entre sus exigencias, solicita revisar las decisiones tomadas por la administración de la escuela, garantizar el presupuesto necesario para reactivar las cuatro Escuelas de Iniciación Artística en la próxima administración estatal, cubrir los cuatro meses de salarios pendientes a los docentes y designar a una persona titular de la Secretaría de Cultura con experiencia y compromiso hacia la educación artística.

Las denuncias contenidas en la carta representan una acusación pública que corresponde a las autoridades atender y esclarecer. Hasta el momento de la difusión del documento, las instancias señaladas no habían emitido una respuesta pública sobre los hechos expuestos.

Más allá de las responsabilidades administrativas, el caso vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta de fondo: si la educación artística es presentada de manera recurrente como una herramienta de transformación social, ¿por qué continúa siendo uno de los primeros programas en enfrentar recortes, abandono institucional y decisiones políticas que comprometen su permanencia?

Foto: Tomada de un vídeo.