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Eduardo Suárez del Real navega entre memoria, literatura y contradicción en su novela más íntima

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El autor de El barco de las contradicciones habla sobre autobiografía, violencia familiar, filosofía y una travesía literaria que tardó once años en llegar a puerto

 

Eduardo Suárez del Real encontró en el mar el punto de partida de una novela que también funciona como bitácora personal. El barco de las contradicciones nació de una experiencia autobiográfica: a los 22 años dejó México en un barco de carga que partió desde Lázaro Cárdenas, cruzó el Canal de Panamá y, tras 28 días de navegación, llegó a España. Su destino final fue la isla de Mallorca, donde vivió gran parte de su vida.

“Te estoy contando desde un plano autobiográfico porque la novela tiene mucho de eso”, señala el autor.

En una entrevista para Página Zero comenta que sus protagonistas, el capitán y Menotti, funcionan como alter egos que le permitieron explorar zonas íntimas de su propia historia. Cuando regresó a México hace once años, encontró en la escritura una forma de enfrentar el proceso de readaptación. Sin planearlo, comenzó una novela de largo aliento que terminó por convertirse en una experiencia personal de supervivencia.

“Nunca pensé escribir una novela, pero me di cuenta de que me estaba ayudando a sobrevivir a mi regreso. Hoy puedo dar fe de lo curativo que puede resultar escribir y enfrentar en el coliseo del papel a nuestros fantasmas”, afirma.

La historia se construyó desde una escena inicial contundente: un capitán estrella su barco contra un dique en un intento de suicidio. Sobrevive y emprende una huida marítima que lo obliga a sumar a Menotti, un personaje italiano que se convierte en su compañero de travesía. A partir de esa relación, Suárez del Real encontró ecos de una de las duplas literarias que más admira: Don Quijote y Sancho Panza.

“El destino se fue trazando de manera orgánica”, explica. “Yo partí desde la realidad literaria y desde la grandeza de Cervantes”.

Detrás del capitán existe una herida profunda vinculada con la infancia y la violencia familiar, un tema que el autor descubrió con mayor claridad tras concluir el libro. Esa reflexión lo llevará a participar en el Noveno Congreso Internacional de Terapeutas Florales en Ajijic, Jalisco, donde abordará la violencia intrafamiliar en la literatura.

“Me di cuenta de que había mucha violencia intrafamiliar en la novela. Está en la historia del capitán, de Menotti y de otros personajes. No era consciente de la dimensión que tenía hasta después”, reconoce.

La huida atraviesa toda la novela, pero el autor rechaza verla como derrota. Para él representa una búsqueda.

“Es una huida hacia adelante. Es una forma de buscar libertad y algo mejor. El viento que sopla a favor de las huidas es la esperanza”.

La novela también abre espacios para la reflexión filosófica. Entre la travesía aparecen pausas narrativas para hablar del alma, el amor, Sócrates, Séneca y las preguntas esenciales sobre la existencia. Incluso dedica un capítulo completo al filósofo romano.

“De pronto dejo la historia para introducir una reflexión filosófica sobre lo que está pasando. Después todo vuelve a ensamblarse con la narración”.

A esas inquietudes suma otras pasiones personales: las bibliotecas, el latín, la gastronomía y el vino. La cocina ocupa un lugar central en la novela, al grado de incluir recetas dentro de la trama. Durante una reciente presentación en Guadalajara invitó a un chef para conversar sobre la dimensión culinaria de su obra.

La música también marcó el proceso creativo. Cada madrugada, mientras escribía entre las tres y cuatro de la mañana, escuchaba una pieza de Edvard Grieg que terminó por convertirse en la respiración interna del libro.

“Era el puente para volver al barco. Le debo mucho a esa pieza porque me ayudó a mantener el tono poético”.

En esa travesía literaria también aparecen referencias a mujeres piratas que fueron borradas de la historia oficial. El autor decidió integrarlas como una forma de recuperar esas figuras olvidadas dentro de los relatos marítimos.

El proceso editorial con Bonilla fue otro capítulo importante. Después de nueve años de escritura y dos de corrección, Suárez del Real tuvo que aceptar que la novela debía soltarse.

“Mi editor me dijo: ya deja de corregir el libro. Lo comparó con un hijo al que ya le diste herramientas y ahora tiene que defenderse solo en el mundo”.

Tras cerrar este largo proceso, el escritor retomó un poemario pendiente y trabaja en una segunda novela, centrada en la historia de una mujer.

Al mirar atrás, reconoce que El barco de las contradicciones también lo obligó a confrontar sus propios fracasos amorosos y su visión del amor romántico.

“Empiezas a enamorarte de personajes idealizados y no de personas reales”, reflexiona.

Si tuviera que resumir su novela en una sola frase, propone una imagen que sintetiza su espíritu: “Es una navegación existencial llevada por el viento de las contradicciones”.

Y quizá esa idea también defina la vida misma. Para Suárez del Real no cargamos un solo barco de contradicciones, sino una flota completa. La verdadera tarea consiste en aprender a convivir con ellas y encontrar, en medio de la tormenta, una forma de coherencia propia. El Barco de las contradicciones se puede encontrar en Bonilla Artigas.

Foto: Especial.