Entre lluvia y playa: en una tarde de literatura en el Centro Cultural Domingo Soler
Patricia Gutiérrez y Édgar Pérez compartieron relatos ante una sala Luis Zapata llena, en una jornada que abrió un diálogo entre escritores y público.
El pasado viernes 14 de agosto, la sala Luis Zapata del Centro Cultural Domingo Soler recibió una nueva edición de “Ven a tomar un café con nosotros y a escuchar un cuento”, actividad que reunió a los escritores Patricia Gutiérrez y Édgar Pérez ante un público que llenó el espacio para escuchar y conversar sobre literatura.
La jornada comenzó con la lectura de textos de Patricia Gutiérrez, quien compartió un cuento relacionado con la experiencia del huracán Ingrid y Manuel, fenómeno que también permanece en la memoria de los habitantes de Acapulco y que la autora transformó en materia literaria. Su relato recupera la angustia, los recuerdos y las imágenes que dejó aquella experiencia, pero también explora la manera en que la escritura puede convertir una vivencia personal en una historia capaz de provocar emociones en otros.
Por su parte, Édgar Pérez leyó dos cuentos de su libro No culpes a la playa, textos en los que el humor, lo cotidiano y las situaciones incómodas se convierten en recursos para explorar distintos aspectos de la condición humana.
Durante la conversación con el público, Pérez explicó que su interés por abordar situaciones relacionadas con problemas digestivos y lo escatológico parte, entre otras cosas, del contraste entre lo solemne y lo profundamente humano. Para el escritor, estos elementos permiten mostrar los extremos de las personas y explorar situaciones que suelen ocultarse, pero que forman parte de la experiencia cotidiana.
“Al final de cuentas todos nos cagamos, la cagamos”, expresó Pérez al explicar el sentido de ese recurso dentro de sus relatos, destacando que el humor y la incomodidad pueden convertirse en herramientas para revelar aspectos humanos que normalmente permanecen escondidos.
La conversación también se concentró en el cuento de Gutiérrez sobre Ingrid y Manuel. La autora explicó que el texto nació de una experiencia marcada por la angustia y por imágenes que permanecieron en su memoria después del desastre. Recordó incluso haber soñado con personas gritando y llorando antes de conocer plenamente las noticias sobre lo ocurrido, una experiencia que posteriormente se transformó en material para la escritura.
Gutiérrez señaló que la literatura permite tomar aquello que se ha vivido, sentido o escuchado y transformarlo en distintas formas: una crónica, un poema, una memoria o un cuento. En ese proceso, dijo, el escritor trabaja con el lenguaje para conseguir que el lector alcance, de alguna manera, aquello que el autor experimentó o aquello que busca provocar.
La lluvia, el viento y el sonido de una lámina, explicó, pueden convertirse en detonantes de recuerdos y emociones. Después de Ingrid y Manuel, esos sonidos quedaron asociados para muchas personas con la posibilidad de que algo ocurriera nuevamente. Esa memoria colectiva, llevada al lenguaje, se convirtió en parte esencial de su relato.
Durante el encuentro, Gabriel Brito, en representación del Centro Cultural Domingo Soler, destacó la calidad de los textos de Patricia Gutiérrez y reconoció especialmente el uso del lenguaje y las figuras literarias presentes en su escritura.
“Me gustan mucho las figuras literarias que usas, la profundidad en la colocación de las palabras para que generen ese sentido poético que generas”, comentó Brito.
Asimismo, recordó al maestro Rolando de la Mora, figura vinculada a la formación universitaria tanto de Patricia Gutiérrez como de Édgar Pérez, estableciendo así un puente entre la trayectoria de ambos escritores y un maestro que dejó huella en su formación.
Uno de los propósitos centrales de la actividad fue precisamente romper con la distancia tradicional entre autor y lector. Brito invitó al público a aprovechar la presencia de los escritores para formular preguntas, compartir comentarios y abrir una conversación directa alrededor de los textos.
“Muchas veces leemos y no tenemos la oportunidad de preguntar o de conversar con el autor. Pero hoy no es así”, señaló.
En sus cuentos, Édgar Pérez recupera también la vida nocturna de Acapulco y el ambiente que durante años atrajo a visitantes en busca de experiencias que difícilmente podían vivir en sus lugares de origen. El escritor explicó que la fiesta funciona como un espacio donde se trastoca el orden cotidiano y las personas se permiten hacer aquello que normalmente no harían. A partir de su experiencia periodística y de personajes reales que conoció durante aquella época, Pérez construye relatos marcados por la libertad, el exceso, la búsqueda desesperada y ese vértigo que aparece cuando los límites comienzan a desaparecer.
“La fiesta es un momento en que se trastoca el orden de las cosas: haces lo que no puedes hacer en un día normal, porque aquí nadie te conoce y puedes experimentar lo que no puedes vivir en tu ciudad.”
De esta manera, “Ven a tomar un café con nosotros y a escuchar un cuento” volvió a convertir al Centro Cultural Domingo Soler en un punto de encuentro para la literatura, la memoria y la conversación. Entre relatos sobre desastres naturales, humor, recuerdos y experiencias personales, Patricia Gutiérrez y Édgar Pérez mostraron que un cuento también puede ser una forma de dialogar con el pasado y, al mismo tiempo, encontrarse con los lectores en el presente.
Foto: Miguel Benítez,