Geovani de la Rosa presenta una doble mirada poética entre el trópico y la violencia
Alexander Tadeúz y Hugo de la Rosa, “Dom Burro”, comentaron Trópico y Donde trotan las suburban, dos poemarios que recorren la identidad costeña, la negritud, la rabia y las heridas sociales de Guerrero
En un encuentro literario realizado en el espacio de La Tarántula Dormida, en la ciudad de Chilpancingo, el poeta Geovani de la Rosa presentó de manera conjunta sus poemarios Trópico y Donde trotan las suburban, en una jornada en la que las voces de los comentaristas Alexander Tadeúz y Hugo de la Rosa, conocido como “Dom Burro”, coincidieron en destacar una poesía arraigada en la Costa Chica, pero también atravesada por la identidad, la violencia y la inconformidad social.
El escritor Emiliano Aréstegui fue el encargado de dar la bienvenida y abrir la presentación, al tiempo que lamentó la poca asistencia al encuentro y llamó a generar una mayor participación alrededor de la literatura y de los autores de la región.
Trópico: la piel, la identidad y la memoria
Al tomar la palabra, Alexander Tadeúz destacó la particularidad formal de Trópico, un libro que, dijo, incluso desde su materialidad y disposición tipográfica genera una relación distinta con el lector.
El comentarista subrayó que el poemario está dividido en tres apartados y puso especial atención en Averiguaciones de la piel, sección que consideró fundamental para comprender la relación de Giovanni de la Rosa con sus orígenes.
Para Tadeúz, la palabra “trópico” adquiere en el libro una dimensión que va más allá del paisaje. Es memoria, territorio, identidad y una forma de preguntarse por el origen.
Destacó también una de las principales características de la escritura de De la Rosa: la claridad para nombrar aquello que ronda el pensamiento, sin convertir el poema en un territorio hermético. Las imágenes, señaló, desembocan en historias que permiten al lector entrar y permanecer en ellas.
En esa poética aparecen el mar, los cocoteros, las plantaciones, los mangos, los limones, el calor, la carretera, las mujeres de la Costa Chica, las fiestas, las tradiciones y las creencias populares, pero también la discriminación, la pobreza, la violencia y la reivindicación de la negritud.
Tadeúz resaltó particularmente la manera en que el autor incorpora el habla coloquial y las expresiones propias de la región sin pedir permiso, convirtiéndolas en materia poética y otorgándoles ritmo y musicalidad.
“Trópico” es así, desde su lectura, un territorio que no permanece estático: se desplaza entre la nostalgia por los lugares que cambian, la memoria familiar y una mirada crítica sobre las condiciones sociales de quienes habitan ese territorio.
Durante la presentación, el propio Geovani de la Rosa leyó fragmentos de Trópico, entre ellos “El credo verdadero”, poema que el autor definió como una declaración de sus principios, percepciones e ideas.
El texto recorre una extensa lista de afirmaciones que van desde la naturaleza y la memoria familiar hasta la justicia, la utopía, el fútbol, el amor, la depresión, la vida cotidiana y la identidad. Una constante aparece como una especie de estribillo: los tiburones, figura que posteriormente el autor explicó como parte de un imaginario relacionado con animales que pertenecen a su propio hábitat y que son criminalizados por la percepción humana.
También leyó “No solo solo”, poema en el que la aliteración y el juego sonoro adquieren especial importancia. De la Rosa explicó que muchas de esas construcciones aparecen de manera instintiva durante su proceso de escritura y que incluso algunas frases adquieren otro sentido cuando son leídas en dirección inversa.
Una escritura como proceso de sanación
Durante la conversación con los asistentes, Geovani de la Rosa explicó que la creación de Trópico estuvo relacionada con un proceso personal y creativo de recuperación.
El poeta recordó que durante años experimentó frustración alrededor de la escritura y del periodismo, especialmente frente a las exigencias del circuito literario y la necesidad de obtener premios o publicaciones para ser reconocido.
Frente a ello, decidió regresar a aquello que originalmente disfrutaba: escribir desde su propia experiencia, su territorio y sus preocupaciones.
Así, Trópico se convirtió también en una forma de reconciliación con su propia escritura.
El autor explicó que en el libro convergen distintas etapas de su vida y que escribirlo significó recuperar el placer de crear sin preocuparse demasiado por las expectativas externas.
La identidad costeña ocupa un lugar central. De la Rosa recordó que nació en Pinotepa, en la Costa de Oaxaca, y que posteriormente creció y desarrolló buena parte de su vida en Acapulco. Esa experiencia entre ambos territorios alimentó una identidad que, lejos de ser estática, se construyó a partir de elecciones, desplazamientos, vínculos familiares y experiencias personales.
Donde trotan las suburban: poesía contra el silencio
La segunda parte de la presentación estuvo dedicada a Donde trotan las suburban, comentado por Hugo de la Rosa “Dom Burro”.
Dom Burro reconoció que el libro le produjo una impresión inmediata por su intensidad. Lo definió como un texto que “duele”, pero que al mismo tiempo posee fuerza, aliento y coraje.
En una primera lectura, señaló, llegó a percibirlo incluso como una especie de novela poética, debido a la presencia de personajes, situaciones y una narrativa que atraviesa los poemas.
Dom Burro destacó la riqueza del lenguaje utilizado por De la Rosa, capaz de transitar entre imágenes bellas y pasajes duros, densos y perturbadores.
Para él, Donde trotan las suburban reúne las voces de quienes continúan luchando a través de la poesía, la música, la pintura y otras expresiones artísticas por la dignidad y por una vida diferente.
Uno de los ejes centrales de su comentario fue la violencia. El libro, sostuvo, aborda el asesinato, las desapariciones, el miedo y el silencio impuesto a quienes denuncian o intentan transformar su realidad.
El título del poemario también adquirió una dimensión simbólica. Las “suburban” aparecen asociadas, desde su lectura, con los vehículos que recorren comunidades y territorios en contextos de violencia, presencia militar o persecución, convirtiéndose en una imagen recurrente de amenaza.
Dom Burro relacionó esa imagen con experiencias propias en la Costa y con la sensación de incertidumbre que provoca la presencia de vehículos cuyos ocupantes y propósitos resultan desconocidos.
Literatura, periodismo y memoria social
La conversación también permitió conocer el vínculo entre la poesía y el oficio periodístico de Geovani de la Rosa.
El autor explicó que su formación y experiencia como periodista, particularmente en el ámbito de la comunicación política digital, han dialogado constantemente con su trabajo literario.
Lejos de considerar incompatibles ambas actividades, sostuvo que la literatura proporciona herramientas para comprender y construir discursos en otros ámbitos profesionales.
En Donde trotan las suburban, esa relación es especialmente visible: el periodista observa, registra y cuestiona; el poeta transforma esas experiencias en personajes, imágenes, silencios y versos.
Durante la charla se abordaron además episodios de violencia política y social en Guerrero, así como el asesinato de líderes y las agresiones contra quienes levantan la voz en sus comunidades.
Dos libros, un mismo territorio
La presentación doble permitió establecer un diálogo entre dos libros que, aunque transitan por caminos distintos, comparten una raíz.
En Trópico, el territorio aparece desde la identidad, la negritud, el paisaje, las costumbres y la reconstrucción de una voz propia.
En Donde trotan las suburban, ese territorio aparece marcado por la violencia, el miedo, la desaparición, la impunidad y el silencio.
Ambos libros, sin embargo, tienen un punto de encuentro: la necesidad de nombrar.
Nombrar el origen, la piel, el mar, los pueblos, los muertos, la rabia, y aquello que muchas veces se intenta borrar.
La jornada concluyó con la lectura de poemas por parte de Geovani de la Rosa y con el reconocimiento de los comentaristas a una obra que, desde la Costa Chica y Acapulco, busca ampliar los márgenes de la poesía contemporánea guerrerense.
Foto: Carlos F. Ortiz.