Jesús Bartolo impulsa la colección Perro de Agua: “La poesía no vende, pero sí deja huella”
El poeta y editor apuesta por una colección autogestiva que busca abrir espacio a nuevas voces, rescatar autores invisibilizados y construir una comunidad literaria desde Guerrero
Para el poeta Jesús Bartolo, la creación de la colección Perro de Agua nació como un gesto de retribución hacia la literatura. Después de años de escritura y trabajo poético, el proyecto apareció como una manera de devolver “lo mucho” que la poesía le ha dado y, al mismo tiempo, abrir un espacio para voces emergentes, autores poco escuchados y escritores con trayectoria que continúan construyendo nuevas propuestas estéticas.
La idea comenzó a tomar forma en conversaciones con el escritor José Agustín Solórzano, primero en Morelia, y después junto al maestro Ulver, con quien terminó de aterrizar el proyecto editorial. Bartolo recuerda que desde el inicio entendió la magnitud del riesgo: “Yo sé que esto es una locura. La poesía no vende y tampoco la intención es hacerse millonario”, afirma. Más que una apuesta económica, la colección busca demostrar que en Guerrero y en distintas regiones del país “se está haciendo algo bonito con la poesía”, a partir de nuevas voces, búsquedas formales y escrituras que rara vez encuentran espacios de circulación.
El proyecto tiene una meta ambiciosa: alcanzar cien títulos publicados. Bartolo reconoce que el camino depende tanto de la vida como de las posibilidades económicas. “Si se logra, qué bien, y si no, pues hasta donde alcance la vida y el presupuesto”, señala. La colección funciona desde la autogestión y el trabajo colectivo. Parte de los recursos provienen de su beca, de su sueldo y del esfuerzo compartido con los autores y colaboradores que participan en cada edición.
Actualmente, la colección se encuentra realizando una gira de promoción que, aunque apenas logra sostenerse económicamente, ha permitido abrir nuevos espacios de lectura y acercarse a más públicos. Una de las estrategias que han implementado consiste en dejar que los lectores paguen lo que puedan por cada ejemplar. “Aquí están los libros, ustedes agarren el que quieran y dejen lo que gusten”, explica. Para Bartolo, la respuesta del público ha sido una sorpresa alentadora: lo que uno no aporta, otro lo compensa, generando una dinámica solidaria que ha mantenido viva la colección.
Hasta ahora, Perro de Agua ha publicado obras de José Agustín Solórzano, Carlos F. Ortiz, Luz Guerrero y América Fanal. A la lista se sumarán próximamente Blanca Vázquez y Roxana Cortés, mientras que también aparecen en puerta nombres como Omar Salinas, Adriana Quezada y David Anuar. Bartolo explica que las invitaciones se realizan de manera cercana y cuidadosa, buscando autores que aporten nuevas perspectivas desde sus propias poéticas y luchas personales.
Desde su mirada, la poesía mexicana del siglo XXI atraviesa una crisis, aunque también vive un momento fértil. Observa propuestas novedosas y escritores que continúan imaginando nuevas posibilidades para el lenguaje. Considera que el sistema literario ha generado dinámicas cerradas y sectarias, pero desde proyectos independientes todavía es posible rescatar voces importantes que han permanecido al margen durante años. “Hay gente que lleva mucho tiempo escribiendo y no vemos sus libros”, comenta, convencido de que parte del trabajo editorial consiste precisamente en volver visibles esas escrituras.
Aunque no descarta que en algún momento puedan acceder a apoyos institucionales o becas, Bartolo insiste en que la colección seguirá siendo autogestiva mientras sea posible. Si aparece alguna propuesta que ayude a sostener el proyecto, será bienvenida, siempre y cuando permita que la colección continúe creciendo y llegando a nuevos lectores. “La apuesta es arriesgarnos”, dice. “Es un brinco al vacío. No sabemos hasta dónde vamos a caer, pero ya apostamos algo, y eso es lo importante”.
El nombre de la colección también surge de la memoria y el territorio. Perro de Agua retoma los mitos y tradiciones del río Atoyac, donde antiguamente se hablaba de la existencia de estos animales legendarios. Bartolo reconoce que quizá se trate de un mito, pero precisamente ahí encontró el sentido simbólico del proyecto. “Del mito parte esto”, explica. “Vamos a hacerlo mito también”.