La OFA recorre de Lara a Wagner con Elizabeth Juárez como invitada especial
Ofreció un programa con el cual transitó por Lara, Puccini, Mozart, Bellini y Wagner
La Orquesta Filarmónica de Acapulco (OFA) celebró su concierto de temporada el pasado 12 de junio en el Hotel Playa Suites con un programa dedicado a algunas de las páginas más emblemáticas de la ópera europea y la música de concierto, bajo la dirección del maestro Bartholomeus Henri Van de Velde y con la participación de la soprano Elizabeth Juárez Morales como solista invitada.
La velada abrió con una versión orquestal de María Bonita, la célebre composición de Agustín Lara inspirada en María Félix y estrechamente vinculada a la historia de Acapulco. A partir de ahí, la orquesta emprendió un recorrido por distintos momentos de la tradición operística, alternando oberturas y arias que permitieron apreciar tanto el trabajo orquestal como las capacidades vocales de la solista.
Elizabeth Juárez Morales interpretó tres de las arias más reconocidas del repertorio lírico: Un bel dì vedremo, de Madama Butterfly de Giacomo Puccini; Deh vieni non tardar, de Las bodas de Fígaro de Wolfgang Amadeus Mozart; y Casta Diva, de Norma de Vincenzo Bellini. Originaria de Veracruz y formada en el Instituto Superior de Música del Estado de Veracruz, la cantante cuenta con una trayectoria que incluye colaboraciones con diversas orquestas mexicanas y reconocimientos como el Premio Ópera de Bellas Artes y galardones obtenidos en el Concurso de Canto María Katzarava 2022.
La interpretación de la soprano destacó por una afinación estable, una emisión homogénea y una proyección capaz de sostenerse sobre la masa orquestal. Su timbre luminoso favoreció la claridad de las líneas melódicas, mientras que la construcción expresiva de las frases permitió transmitir el carácter dramático de cada una de las obras. Especialmente en Casta Diva, Juárez Morales mostró sensibilidad en los cambios dinámicos y una musicalidad que mantuvo el interés del público a lo largo de la ejecución.
Desafortunadamente, no es el espacio adecuado para un concierto de esta naturaleza, con la presencia de esta voz tan bien educada. El tema de la sede oficial de la Orquesta continúa al fondo de un escritorio.
Tras el intermedio, el programa se orientó hacia el universo sonoro de Richard Wagner con la obertura de El holandés errante y dos fragmentos de Tristán e Isolda. Antes de la interpretación, el maestro Van de Velde y el oboísta Mukunda Dasa informaron al público que, debido a un problema técnico con el instrumento, no sería posible ejecutar el célebre solo de oboe previsto en la última pieza del programa.
Durante su intervención, Van de Velde reflexionó sobre la formación musical y el compromiso que exige la profesión artística. El director destacó que el aprendizaje de un músico no se limita a los años de estudio formal, sino que constituye un ejercicio permanente de disciplina, escucha y perfeccionamiento técnico. Asimismo, subrayó la capacidad de la música para trascender fronteras culturales y generar formas de comunicación universales.
El director también dedicó parte de su mensaje a la figura de Wagner, a quien describió como un creador capaz de transformar emociones complejas en un lenguaje musical de gran profundidad. En ese contexto, invitó al público a escuchar Tristán e Isolda como una de las expresiones más intensas del amor y la tragedia dentro de la historia de la ópera.
Foto: Miguel Benítez.