Luis Vargas Santa Cruz revive AICUS ARREUG, la serie pictórica que anticipó la crisis de las desapariciones forzadas
El pintor acapulqueño ofreció un conversatorio abierto al público, en el que reflexionó sobre el origen de la serie, su vigencia y los retos de hacer arte político en México.
En el marco de la Jornada contra la desaparición forzada realizada en solidaridad con AFADEM y el Museo de la Memoria "La Silla Vacía", en Atoyac de Álvarez, el artista visual acapulqueño Luis Vargas Santa Cruz presentó una selección de su serie pictórica AICUS ARREUG, un proyecto iniciado en 2009 que vuelve a exhibirse en un contexto marcado por el crecimiento de las desapariciones en México.
Con 25 años de trayectoria, el pintor explicó que el título de la serie corresponde a la expresión "Guerra Sucia" escrita al revés, una decisión que buscó desde el inicio construir una reflexión visual sobre la violencia política ejercida durante las décadas de 1960, 1970 y 1980 en Guerrero.
El proyecto nació gracias al Programa de Estímulos a la Creación del Estado de Guerrero y fue concebido cuando el tema de las desapariciones forzadas aún permanecía prácticamente ausente del debate público.
"La intención era hablar de la Guerra Sucia para que no se volviera a repetir. Era trasladar las historias de muchas personas que entrevisté y convertirlas en pintura", explicó.
Vargas recordó que la serie fue exhibida en cerca de veinte espacios de la Ciudad de México, entre ellos estaciones del Metro, la Cámara de Diputados, el ISSSTE y diversos recintos públicos, donde buscó confrontar a la clase política con imágenes inspiradas en episodios de la represión de Estado.
Uno de los momentos que más recuerda fue la instalación de una pintura de Lucio Cabañas frente al acceso al salón de sesiones de la Cámara de Diputados.
"Yo solamente quería reflejar una situación del pasado para que no se volviera a repetir", señaló.
El artista explicó que cuando realizó estas obras desconocía la dimensión que alcanzaría la crisis de desapariciones en México durante los años siguientes.
"Pensé en el pasado. Nunca imaginé que años después viviríamos una realidad mucho más grave", comentó al recordar que la serie antecede acontecimientos como la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa.
Para Vargas, abordar este tema implicó un profundo desgaste emocional, pese a no tener familiares desaparecidos.
"Soy una persona afortunada porque no tengo un familiar desaparecido, pero me involucré desde la empatía. Es algo que nunca quisiera vivir."
Tras varios años de exhibiciones, decidió guardar la serie en 2012 debido a la frustración que le produjo observar cómo la violencia continuaba creciendo mientras las desapariciones se multiplicaban. Ahora, al cumplirse 25 años de su trayectoria artística, decidió retomarla como parte de una revisión de su propio trabajo. Durante su intervención sostuvo que el arte tiene la responsabilidad de señalar aquello que muchos prefieren ignorar.
"Soy un artista político. Me corresponde levantar la voz. No es necesario que me pase a mí para hablar de estos temas."
Asimismo, criticó la persistencia de las desapariciones forzadas y la impunidad.
"La desaparición forzada es la forma más cruel, más despiadada y más eficaz que encontró el Estado para destruirnos como sociedad."
Un diálogo abierto con el público
Al término de la presentación se realizó un conversatorio con los asistentes, quienes cuestionaron al artista sobre la recepción de la serie, la posibilidad de censura y el futuro del proyecto.
Al ser interrogado sobre si alguna institución había impedido exhibir estas obras, Vargas respondió que, paradójicamente, nunca fueron censuradas, incluso cuando señalaban directamente la responsabilidad del Estado.
Recordó que la serie fue mostrada en espacios gubernamentales durante administraciones de distintos partidos políticos, aunque sin recibir apoyos económicos para su producción o montaje.
"Nunca me censuraron esta exposición. Lo extraño fue que las instituciones abrían los espacios, pero todo el trabajo de montaje y traslado corría por mi cuenta."
No obstante, consideró que el verdadero reto comenzará ahora, cuando vuelva a exhibir la serie junto con las nuevas piezas que actualmente desarrolla sobre desaparición, ausencia y violencia.
"Vamos a ver cuál será la reacción cuando estas obras vuelvan a ocupar espacios públicos."
Respecto a la serie original, explicó que estuvo integrada por 44 piezas, de las cuales actualmente presenta 18. Algunas obras permanecen almacenadas y otras requieren restauración debido al desgaste ocasionado por sus constantes traslados.
También reconoció que decidió no volver a exhibir ciertos retratos de personajes vinculados con la represión durante la Guerra Sucia, entre ellos los de Rubén Figueroa Figueroa, Luis Echeverría Álvarez y Arturo Acosta Chaparro.
En contraste, otras piezas continúan formando parte del recorrido expositivo, como aquellas dedicadas a Lucio Cabañas, los vuelos de la muerte y diversas representaciones de campesinos víctimas de la violencia estatal.
El artista adelantó que actualmente trabaja en una nueva producción centrada en la ausencia, el duelo y la memoria, inspirada en el simbolismo de la silla vacía y en el acompañamiento que ha encontrado entre periodistas, activistas y colectivos de búsqueda.
"Cada conversación, cada lectura y cada historia me deja sin energía, pero también me confirma que la pintura puede ser un espacio para comprender, reflexionar y resistir."
La presentación concluyó con una invitación a recorrer la exposición como un ejercicio de memoria colectiva y resistencia, reafirmando el papel del arte como testimonio frente a una de las heridas más profundas de la historia contemporánea de México.
Foto: Miguel Benítez.