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Pintar contra la inmediatez: la pintura como espacio de resistencia y pensamiento

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El artista Francisco Soriano reflexiona en Acapulco sobre la enseñanza de la pintura figurativa, la crisis del sistema artístico y la defensa del patrimonio cultural mexicano

Invitado por un exalumno y motivado por la posibilidad de compartir conocimiento fuera de los grandes centros culturales, el artista Francisco Soriano imparte en Acapulco un Taller de Pintura Figurativa Contemporánea que, más allá de lo técnico, propone reflexionar sobre el sentido mismo de la pintura en la actualidad. Entre discusiones sobre composición, mercado del arte, patrimonio cultural y la vigencia de la disciplina pictórica en la era digital, el creador defiende la pintura como un espacio de pensamiento lento frente a la inmediatez visual que domina el presente.

La invitación surgió de manera directa. “Esencialmente me invitó un ex alumno, Manuel Valdovinos. Me comentaba que tenía un espacio con público y, en general, siempre que me invitan, si está en mis posibilidades y se organiza algo bien, yo no tengo problema”, explica. Con más de quince años de experiencia como tallerista, reconoce que enseñar forma parte natural de su práctica: “Me gusta dar talleres. Si uno puede aportar algo y no hay alguna complicación, se hace”.

El taller se desarrolló en el Centro Cultural Rosalba Olvera, un espacio que para el artista representa algo más que una sede temporal: es un ejemplo de cómo la formación artística puede florecer fuera de los grandes polos culturales. A su juicio, el centralismo sigue siendo uno de los principales obstáculos para muchos creadores en México.

“Es necesario que se entienda que hay talento en todas partes. Para mucha gente es muy complicado trasladarse a Ciudad de México, integrarse al medio y encontrar espacios”, señala. Por ello considera indispensable fortalecer los proyectos independientes o estatales en distintas regiones del país. “Realmente creo que lo más sano sería que hubiera una apertura hacia los que están trabajando en los estados, porque hay gente muy buena. México tiene muy buenos artistas, pintores y dibujantes; se hace buen arte, pero muchas veces queda opacado por el peso que tiene la capital”.

La pintura más allá de la técnica

El taller aborda aspectos como construcción de imagen, color y composición, aunque el artista reconoce que esta última suele ser el punto más complejo. “Pintar no es algo inalcanzable. Si uno tiene una guía razonable, tiempo para practicar y materiales, se puede alcanzar un buen nivel”, afirma. Sin embargo, advierte que muchos procesos de aprendizaje se concentran únicamente en la técnica.

“Muchas veces uno pinta casi por instinto, y está bien, pero hay conocimientos que te pueden facilitar las cosas. En pintura suele enseñarse la técnica, pero no el entramado de lo que implica: la parte conceptual, la teórica, la espacial”. Para él, la composición es justamente el lugar donde confluyen estos elementos y donde la pintura adquiere mayor ambición.

Esa reflexión se vuelve particularmente relevante en un contexto dominado por la velocidad de la imagen digital y las redes sociales. Frente a ese escenario, el artista reivindica la disciplina técnica como un gesto casi contracultural.

“La pintura no es algo que se produzca inmediatamente”, explica. “Incluso la pintura rápida o el expresionismo requieren pensar la pieza. Los medios digitales solucionan un problema, pero no lo plantean. La pintura, en cambio, plantea el problema, aunque no lo solucione”.

Para él, ese es uno de los valores más importantes del medio: su capacidad de generar preguntas en el espectador. “La pintura está hecha para plantear dudas, no para satisfacer inmediatamente lo que alguien esté buscando”.

Dentro del sistema del arte contemporáneo, la pintura figurativa enfrenta tensiones particulares. Aunque su dominio técnico puede resultar atractivo para el mercado, el artista considera que el verdadero desafío está en ir más allá de esa primera impresión.

“Una pintura figurativa con técnica tradicional o carácter mimético evidente puede comercializarse porque a la gente le parece bonita, realista o clásica”, explica. “Pero el verdadero reto es llevar eso más allá. Una vez que tienes la técnica, decir algo más”.

Patrimonio en riesgo

La conversación también aborda el debate sobre el destino de la Colección Gelman de Arte Mexicano, cuya posible salida del país ha generado inquietud en distintos círculos culturales. Desde su perspectiva, la pérdida de un acervo de ese tipo sería grave, aunque teme que su impacto social sea limitado.

“Sería desastroso, pero tristemente no sería demasiado relevante para la mayoría de la gente”, advierte. “El saqueo existe constantemente. Aparecen piezas arqueológicas que no deberían venderse y todo queda como un escándalo en un círculo muy cerrado”.

Para el artista, el problema radica en que el público no siempre comprende la dimensión cultural del patrimonio. “Mientras se piense en los objetos artísticos como meros objetos, sin considerar su carácter cultural e histórico, entonces son cualquier cosa”.

En ese sentido rechaza la idea de equilibrar la circulación internacional del arte con la comercialización del patrimonio. “No debería existir ese circuito. Muchas obras terminan siendo ornamentales para algo que no lo es”, afirma. A su juicio, la prioridad debería ser fortalecer el mercado del arte contemporáneo, no el de bienes históricos. “Es más relevante crear un mercado sobre lo que se produce ahora que pensar en cómo comercializar patrimonio”.

Mercado, precariedad y formación artística

El mercado del arte, reconoce, condiciona gran parte de la producción artística actual. “Mucha gente trabaja para el mercado, pero no es sólo un problema del medio artístico, sino de la realidad”, explica. La precariedad obliga a muchos creadores a tomar decisiones pragmáticas.

“Si no tienes la posibilidad de mantenerte o mantener a tu familia con lo que ganas como artista, hay muy pocas opciones”, afirma. “Mientras un pintor tenga que preocuparse por todo lo que rodea a pintar y no únicamente por pintar, es muy complicado que desarrolle su obra”.

Esa tensión también se refleja en el ámbito académico. Tras su experiencia docente en el posgrado de la Universidad Nacional Autónoma de México, el artista considera que muchas escuelas de arte aún no tienen claridad sobre su objetivo formativo.

“Creo que las escuelas de arte no saben qué están haciendo”, dice con franqueza. “Hay una idea muy caótica de lo que se pretende. Se sabe que se requiere presupuesto, graduados, tesis, pero no hay un proyecto real de por qué la cultura del arte es relevante”.

Ante ese panorama, el mayor peligro para las nuevas generaciones de artistas, según su visión, es abandonar la práctica. “Lo más fácil es dejar de pintar”, afirma. “Dedicarse a la pintura es complicado, siempre es más sencillo no hacer que hacer”.

Sin embargo, considera que esa dificultad forma parte de la naturaleza misma del oficio. “Hay esta idea de que si estudias arte te vas a morir de hambre, pero hoy también puedes ser abogado y morirte de hambre. La diferencia es que ser pintor no está dentro de un sistema socialmente preconcebido”.

Pintura en tiempos de crisis

A pesar de los cambios tecnológicos y las crisis globales, el artista cree que la pintura sigue teniendo un papel fundamental. Incluso sostiene una hipótesis provocadora: que el arte funciona como un ensayo de la realidad social.

“Las cosas que suceden en el medio artístico preceden lo que va a pasar a nivel social”, señala. Los conflictos discursivos, la polarización o la violencia simbólica que aparecen en el campo cultural suelen anticipar dinámicas que luego se extienden al resto de la sociedad.

En ese contexto, la pintura conserva una cualidad profundamente humana. “La pintura te recuerda que es un evento puramente humano. Requiere que haya alguien detrás con ideas, aspiraciones, miedos”.

Por eso, en tiempos de violencia o incertidumbre, el arte puede convertirse en una forma de resistencia. “Me gusta pensar que la pintura es la metabolización de la angustia”, dice. A lo largo de la historia, recuerda, grandes crisis han generado respuestas creativas. “Cuando todo se pone muy mal, el arte le recuerda a la gente que incluso en los peores casos se puede crear algo”.

En debates como el del patrimonio cultural, el papel de los artistas también es complejo. Aunque considera deseable una postura colectiva más fuerte, reconoce que la figura del creador se encuentra debilitada dentro del sistema cultural.

“Si hubiera un gremio fuerte, se tendría que apostar por un posicionamiento”, comenta. Pero advierte que muchas veces se le exige demasiado al artista y se le reconoce muy poco.

“Al artista se le exige mucho, pero se le otorga muy poco”, concluye. “Quizá primero habría que darle mayor relevancia y después pedirle su opinión”.

Foto: Miguel Benítez.