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Roberto García Bonilla relee a Juan Rulfo desde la fotografía y el cine

elgallodeoro

El ensayista explora la dimensión visual del autor de Pedro Páramo y su vigencia en el México actual

El escritor e investigador Roberto García Bonilla ha dedicado años al estudio de la obra de Juan Rulfo. En su libro El siglo de Rulfo. Fotografía y cine en su vida y su obra, bajo el sello del Fondo de Cultura Económica, el autor comenta en entrevista para Página Zero que propone una lectura que cruza literatura, fotografía y cine para ampliar la comprensión de uno de los escritores centrales de la literatura mexicana.

“Durante mi tesis doctoral dediqué dos capítulos al cine y a la fotografía en la obra de Rulfo. A partir de ahí surgió la necesidad de profundizar en esos temas y comprender mejor al personaje, sus intereses y sus proyectos”, explica García Bonilla.

El investigador considera que la lectura multidisciplinaria de Rulfo responde a una necesidad crítica de cada época. Para él, las obras clásicas cambian con el tiempo y requieren nuevas interpretaciones.

“Cada generación relee a los clásicos desde sus propias circunstancias. La crítica sobre Rulfo no es la misma que existía en 1953 o 1955, cuando publicó sus libros. El contexto histórico y cultural transforma las lecturas”, señala.

En ese recorrido, García Bonilla distingue con claridad las diferencias entre el Rulfo fotógrafo y el Rulfo narrador. Mientras la literatura trabaja desde la complejidad del lenguaje escrito, la fotografía se construye desde la composición visual, la luz y el encuadre.

“En la narrativa aparecen todos los recursos del discurso literario. En la fotografía importan el enfoque, las sombras, la perspectiva y el instante capturado”, comenta.

Pese a las diferencias técnicas, el crítico encuentra coincidencias temáticas entre ambas facetas. El paisaje rural, los personajes anónimos y las ruinas aparecen tanto en las imágenes como en libros como El Llano en llamas y Pedro Páramo.

“Rulfo fotografió el mismo mundo rural que escribió. No hacía una crónica documental. Lo que le interesaba era la condición humana dentro de ese espacio”, afirma.

García Bonilla identifica cuatro grandes núcleos dentro de la fotografía de Rulfo: el paisaje rural, los personajes campesinos, la arquitectura prehispánica y virreinal, y el tránsito entre lo rural y lo urbano en la Ciudad de México. A ello suma una faceta menos comentada: el retrato.

“Fue un gran retratista. Fotografió a figuras como Octavio Paz y Juan José Arreola, además de familiares y amigos”, apunta.

El investigador también analiza la influencia del cine en la narrativa de Rulfo, aunque evita definirla como decisiva.

“Sí existe una influencia cinematográfica en el manejo de la distancia, los enfoques y las atmósferas. Hay estudios que vinculan técnicas narrativas de Rulfo con recursos del cine”, explica.

Aun así, García Bonilla subraya que la formación literaria de Rulfo fue amplia y diversa. Además de los clásicos grecolatinos, el autor jalisciense leyó literatura nórdica, estadounidense y latinoamericana.

Sobre la vigencia de Rulfo en el presente, el ensayista considera que su obra continúa dialogando con el México contemporáneo a partir del abandono del mundo rural y las fracturas sociales del país.

“Rulfo mostró un medio rural complejo y abandonado. Esa realidad sigue presente. Su literatura mantiene vigencia porque el país todavía arrastra muchas de esas heridas”, sostiene.

Después de décadas de estudio, García Bonilla considera que la obra de Rulfo conserva una dimensión de misterio que la mantiene viva.

“Cada lectura descubre algo distinto. Su obra sigue siendo enigmática porque posee una originalidad que no se agota. Rulfo tenía una preocupación profunda por México y eso permanece”, concluye.

Foto: Especial