Voces del periodismo cultural debaten su presente en un conversatorio histórico en Acapulco
Periodistas de medios nacionales reflexionan sobre los retos de la cobertura cultural en un conversatorio inédito realizado en la FILA
La Feria Internacional del Libro de Acapulco (FILA) 2026 abrió un espacio sin precedente en la historia de este encuentro literario: un conversatorio dedicado al papel de la cultura en el periodismo. La mesa reunió a voces de algunos de los medios más relevantes del país para discutir el presente, las tensiones y los desafíos de una labor que, pese a su peso en la construcción de memoria colectiva, sigue relegada en buena parte de las agendas informativas.
El diálogo, moderado por Libana Nacif y Miguel Benítez, reunió a Ricardo Quiroga, de El Economista; Niza Rivera, de Proceso; Israel Sánchez, de Reforma; Adriana Góchez, de La Razón; y Eleane Herrera, de La Crónica.
La conversación abrió con una reflexión sobre las fronteras del ejercicio periodístico cultural. Desde su experiencia en Reforma, Israel Sánchez planteó una distinción central entre el periodismo cultural y la crítica especializada.
“El periodismo cultural nace de esa pulsión de descubrir algo valioso y salir a contarlo. Lees un libro, escuchas un disco, ves una obra y sientes la necesidad de compartirlo. Nuestra labor consiste en acercar ese hallazgo al lector, no en descalificarlo desde una postura de autoridad estética”, expuso.
Para Sánchez, el trabajo del reportero cultural consiste en ofrecer contexto y abrir puertas para que el público construya su propio juicio. Señaló que una frontera que exige atención es la transparencia institucional, pues cada vez existen más obstáculos para acceder a información pública en recintos y organismos culturales.
Niza Rivera, periodista de Proceso y ganadora del Premio Nacional de Periodismo, apuntó hacia otra problemática: la invisibilidad estructural del área cultural dentro de los medios de comunicación.
“Existe una idea equivocada de que el periodismo cultural es entretenimiento. Se piensa que ir a una función de danza o a una presentación editorial equivale a pasar un buen rato. Lo que no se ve es el trabajo previo: la lectura, la investigación, la preparación, la comprensión de contexto y la responsabilidad de traducir ese universo al lector”, sostuvo.
Rivera subrayó que la reducción de espacios impresos y digitales ha obligado a quienes cubren cultura a asumir más responsabilidades con menos recursos. Esa precarización, dijo, impacta la posibilidad de desarrollar investigaciones de largo aliento.
Adriana Góchez coincidió con esa visión y planteó que uno de los mayores desafíos es convencer a las redacciones de que los temas culturales merecen prioridad informativa.
“Parte del trabajo consiste en defender por qué una historia necesita una página, por qué un proyecto artístico merece atención y por qué una agenda cultural no puede quedar al final del periódico”, señaló.
La editora explicó que el reto pasa por equilibrar la cobertura de figuras consolidadas con la visibilización de artistas independientes y proyectos emergentes, muchas veces excluidos de la conversación mediática.
Desde El Economista, Ricardo Quiroga abordó la tensión entre la lógica de mercado y la responsabilidad informativa. Advirtió que muchos medios han cedido terreno a métricas dictadas por algoritmos y por la búsqueda de interacción inmediata.
“Los medios han dejado pasar algo esencial: a la gente sí le importa la cultura. Basta mirar la asistencia a museos, exposiciones o conciertos. Existe público, existe interés. Lo que falta es la decisión editorial de sostener esos espacios”, expresó.
Quiroga recordó casos donde el periodismo de investigación cultural ha tenido impacto tangible, desde reportajes sobre deterioro patrimonial hasta denuncias sobre opacidad en convocatorias y asignación de recursos.
Eleane Herrera centró su intervención en el papel del periodismo cultural como archivo de época. Señaló que cada cobertura construye memoria y se convierte en fuente para futuras generaciones de investigadores.
“Lo que escribimos hoy será consultado mañana para entender cómo se vivió la cultura en este tiempo. Esa conciencia obliga a ejercer este trabajo con responsabilidad, con escucha y con rigor documental”, afirmó.
Herrera también defendió la necesidad de incorporar nuevas herramientas narrativas y tecnológicas sin renunciar al criterio periodístico. A su juicio, el desafío consiste en usar esos formatos sin sacrificar profundidad.
Durante la sesión de preguntas, el público abordó temas como la precarización laboral, la concentración cultural en Ciudad de México, la falta de apoyo a proyectos regionales y la necesidad de abrir espacios a nuevas generaciones.
Uno de los asistentes destacó el valor del periodismo cultural como generador de archivo. La observación dio pie a una reflexión colectiva sobre el periodismo de investigación dentro de esta fuente.
Los participantes coincidieron en que sí existe investigación cultural, aunque su desarrollo enfrenta limitaciones presupuestales y de tiempo. Aun así, defendieron su relevancia para exponer irregularidades, documentar procesos institucionales y acompañar las transformaciones del sector.
La mesa cerró con una reflexión compartida: el periodismo cultural enfrenta recortes, desplazamientos editoriales y una lucha constante por legitimidad, pero mantiene una razón de ser ligada al asombro, a la memoria y a la necesidad de narrar aquello que define la vida simbólica de una sociedad.
En una mesa realizara frente al mar de Acapulco, fue una jornada marcada por el calor y la escucha atenta del público, el conversatorio dejó constancia de una certeza: mientras exista creación artística, existirá la urgencia de contarla.
Foto: Especial.