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Zaida Capote | Vindictas busca hacer justicia con autoras borradas de la historia literaria

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La investigadora y crítica literaria reconstruye un siglo de narrativa escrita por mujeres cubanas en una antología que desafía el canon y recupera voces silenciadas

La investigadora, ensayista y crítica literaria Zaida Capote Cruz, responsable de la selección y autora del prólogo de la antología Vindictas. Cuentistas cubanas, un volumen editado por Libros UNAM, que reúne a 34 escritoras y cuestiona el silencio crítico que marcó más de un siglo de narrativa escrita por mujeres en Cuba, explica en entrevista para Página Zero cómo surgió el proyecto, los retos editoriales que enfrentó y la importancia de recuperar voces desplazadas por el canon.

Capote Cruz sabía que escribir el prólogo de Vindictas. Cuentistas cubanas sería apenas la etapa final de un proceso más amplio: rastrear archivos, revisar bibliotecas, reconstruir genealogías literarias y tomar decisiones difíciles para reunir más de un siglo de narrativa escrita por mujeres en Cuba.

La antología surgió a partir de una propuesta del embajador de México en Cuba, Miguel Díaz Reynoso, quien planteó la posibilidad de publicar en México una selección de cuentistas cubanas. A partir de esa invitación comenzó una investigación que tomó forma cuando la Universidad Nacional Autónoma de México incorporó el proyecto a la colección Vindictas. Cuentistas cubanas.

Conocer las reglas editoriales fue decisivo. A partir de ahí pude delimitar el periodo, la extensión y el tipo de selección que debía construir”, explica.

Capote reconoce que existían motivaciones personales profundas detrás del proyecto. Su trayectoria en la crítica e historiografía literaria ya había puesto su atención en la ausencia de autoras dentro de las antologías de cuento cubano.

Era una oportunidad para sacar del olvido a escritoras relegadas y conectar sus trayectorias con otras más conocidas. Es un ejercicio de memoria, pero también de justicia”.

El criterio principal para seleccionar a las 34 autoras fue la calidad literaria de sus cuentos. La investigadora revisó publicaciones periódicas, libros conocidos y textos olvidados para construir una antología que abarca de 1911 al año 2000.

El volumen abre con un cuento de Aurelia Castillo y cierra con un texto de Lourdes de Armas.

Intentar condensar un siglo completo era una tarea compleja, pero esos límites temporales me dieron una ruta clara”.

Durante el proceso enfrentó obstáculos ligados a derechos de autor, localización de escritoras y restricciones editoriales. Algunas autoras quedaron fuera pese a su relevancia.

Fue doloroso dejar fuera a figuras como Renée Méndez Capote y Dora Alonso por no contar con los derechos correspondientes”.

La investigación también le permitió descubrir nombres poco explorados como Herminia Gómez, fundadora de periódicos y partidos políticos, además de autora de textos como Los matadores de mujeres.

Ese tipo de hallazgos son regalos de la investigación”.

Uno de los principales ejes de la antología consiste en cuestionar el canon literario tradicional y evidenciar cómo la crítica relegó durante décadas a muchas escritoras.

La lectura feminista muestra con claridad la supresión de nombres relevantes y la minimización del trabajo de muchas autoras”.

Capote recuerda que incluso escritoras fundamentales como Gertrudis Gómez de Avellaneda y Dulce María Loynaz enfrentaron juicios críticos que reducían la evolución de sus obras.

En narrativa, el silenciamiento fue más severo. Un caso que menciona es el de Esther Díaz Llanillo, cuya narrativa fantástica fue desplazada por una crítica enfocada en la literatura realista y política.

La antología también dialoga con trabajos previos como Estatuas de sal, coordinada por Mirta Yáñez y Marilyn Bobes, así como Damas de Social, impulsada por Nancy Alonso y Mirta Yáñez.

Para Capote, los relatos reunidos dialogan entre sí desde múltiples rutas temáticas: la violencia patriarcal, la historia nacional, el folclor, la sexualidad, la vejez y la libertad femenina.

Las escritoras más antiguas prefiguran la libertad de las más jóvenes. La capacidad de nombrar la violencia también se fue construyendo con sus palabras”.

La crítica literaria, sostiene, jugó un papel clave en la invisibilización de estas autoras dentro y fuera de Cuba. Aunque muchas obtuvieron premios y reconocimiento en su momento, quedaron fuera de balances históricos posteriores.

Las mujeres escribían al mismo tiempo que sus colegas hombres, pero fueron excluidas de los relatos oficiales”.

La circulación internacional también ha sido limitada, por lo que la publicación dentro de la colección Vindictas representa una oportunidad para ampliar el acceso a estas obras en América Latina.

Capote considera que este tipo de compilaciones construyen archivos alternativos y permiten recuperar genealogías femeninas que fueron fragmentadas por la historia.

Necesitamos leerlas como conjunto, como movimiento, no como casos aislados”.

Presentar el libro en espacios como la Fiesta del Libro y la Rosa representa una oportunidad para acercar estas voces a nuevos lectores.

Estamos cerca, pero seguimos conociéndonos poco. Este libro es una forma de acercarnos”.

Para la investigadora, el sentido político y cultural del proyecto se resume en una idea central: nombrar lo ausente.

Recuperar voces silenciadas es hacer justicia. Es traer al presente aquello que fue borrado por la historia y por la violencia”.

Foto: Especial.