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Ana Basilio presenta Alondra en Guerrero

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Compartió con estudiantes del Plantel 3-A del Colegio de Bachilleres, en Xalitla, el origen de su libro publicado por el Fondo de Cultura Económica y los relatos familiares y comunitarios que dieron forma a su escritura.

La poesía, las historias de las abuelas y las experiencias cotidianas se convirtieron en el punto de partida de Alondra, libro de Ana Basilio que fue presentado ante estudiantes del Plantel 3-A del Colegio de Bachilleres, en Xalitla, en el estado de Guerrero, bajo el sello del Fondo de Cultura Económica (FCE).

Durante el encuentro, la autora habló sobre el proceso creativo de la obra y compartió algunas de las experiencias personales que la llevaron a construir un universo literario donde conviven la memoria familiar, las tradiciones del norte de Veracruz, la vida comunitaria y las emociones que atraviesan las relaciones humanas.

Basilio explicó que el origen del libro se remonta a una experiencia que vivió a los nueve años, cuando comenzó a trabajar en la venta de productos en comunidades rurales. Aquella labor, que inicialmente representaba un reto, terminó por acercarla a personas, familias y formas de vida que transformaron su manera de entender el mundo.

Las conversaciones que surgían durante sus visitas a los hogares le permitieron conocer historias que permanecieron en su memoria. También la confrontaron con sus propios prejuicios y la llevaron a preguntarse por las circunstancias que atraviesan otras personas, así como por las diferencias entre las realidades familiares y sociales.

A partir de esas vivencias comenzó a imaginar la historia de Alondra, un proyecto que fue desarrollando desde 2017 y que logró escribir y materializar en 2023. La obra publicada reúne alrededor de 80 cuartillas y recupera relatos vinculados con su infancia, su entorno cultural y las conversaciones que sostuvo con personas de distintas comunidades.

Las voces familiares como raíz literaria

Uno de los ejes centrales de Alondra es la sabiduría transmitida por las abuelas, cuyas historias y creencias forman parte de la memoria colectiva. La autora destacó la importancia de escuchar esas voces y recuperar sus relatos antes de que se pierdan con el paso del tiempo.

En una de las lecturas compartidas con los estudiantes, Basilio se adentró en las leyendas del monte y en las creencias populares del norte de Veracruz, donde se habla de seres que pueden extraviar a quienes ingresan en determinados terrenos sin pedir permiso o dejar una ofrenda. Estas narraciones, explicó, forman parte de un contexto cultural en el que la naturaleza, lo sobrenatural y la vida cotidiana se entrelazan.

La escritora también leyó un poema que aborda la violencia y las desigualdades dentro del hogar. A través de una voz que expresa enojo frente a los privilegios masculinos y las cargas que recaen sobre las mujeres, el texto cuestiona las relaciones familiares que normalizan el maltrato y confunden la subordinación con el amor.

Con ambos fragmentos, la autora mostró las distintas dimensiones de su escritura: por un lado, la imaginación alimentada por las leyendas y los saberes populares; por otro, la exploración de experiencias íntimas que pueden convertirse en una reflexión colectiva.

Al conversar sobre su proceso creativo, Basilio señaló que su inspiración también proviene de la musicalidad del entorno natural, de los sonidos de los pájaros y las cigarras, así como de las imágenes que la impresionaron desde niña. A ello se sumó su interés por reconstruir las historias de las generaciones anteriores de su familia, en particular las experiencias de su abuela y su madre.

Escribir para reconocer otras realidades

La presentación se convirtió también en un espacio de diálogo con los jóvenes, quienes preguntaron a la autora sobre las emociones que busca despertar en sus lectores y sobre las dificultades que enfrentó para expresarse.

Basilio comentó que le gustaría que el libro provocara empatía, sensibilidad y nostalgia, pero, sobre todo, que invitara a mirar más allá de la experiencia individual. Para ella, las historias de una persona pueden tener puntos de encuentro con las de sus familiares, vecinos y comunidades, por lo que leer también significa reconocer la vida de los demás.

Ante la pregunta de un estudiante sobre cómo superar el miedo a expresar lo que piensa, la escritora recordó que durante la primaria sufrió acoso escolar. Con el tiempo, encontró en la lectura y en la construcción de un alter ego una forma de ganar confianza para hablar en público. Más adelante, comenzó a utilizar la escritura para expresar aquello que no siempre podía decir en voz alta, incluso compartiendo textos en espacios públicos.

Su experiencia dio pie a una conversación sobre la expresión artística como una práctica que requiere constancia y valentía, pero que también puede abrir caminos para quienes desean comunicar sus ideas y emociones.

Durante la actividad, se invitó a los estudiantes a reconocer los conocimientos y las expresiones culturales presentes en su propia comunidad. Desde la elaboración de tortillas hasta la pintura, la artesanía, la música y las tradiciones familiares, se destacó que las prácticas cotidianas también constituyen una fuente de creatividad y una parte fundamental de la identidad.

La reflexión cobró especial sentido en Xalitla, una comunidad con una importante tradición artesanal, donde los saberes heredados forman parte de la vida diaria. El mensaje para los jóvenes fue observar y valorar aquello que los rodea, pues las historias, los oficios y las experiencias locales pueden convertirse en el punto de partida para crear una canción, una pintura o un libro.

La presentación de Alondra acercó así a los estudiantes al trabajo de Ana Basilio y a una escritura que parte de la experiencia personal para explorar la desigualdad, las tradiciones y los vínculos humanos. Más que compartir únicamente el resultado de un proceso literario, el encuentro abrió una invitación a escuchar las historias de sus familias y comunidades, reconocer su valor y encontrar en ellas nuevas formas de expresión.

Foto: Cortesía | Carlos F. Ortiz