Catapulta: seis películas buscan el último impulso antes de llegar a las pantallas
FICUNAM selecciona proyectos de México, Argentina, Colombia y Chile que atraviesan la etapa de postproducción.
Entre el rodaje y la pantalla existe un territorio menos visible: ese momento en que una película ya fue filmada, tiene un corte de montaje y, sin embargo, todavía está lejos de estar terminada. Es ahí donde FICUNAM coloca nuevamente a Catapulta, programa que en su séptima edición seleccionó seis proyectos latinoamericanos en proceso de postproducción.
La selección reúne tres películas mexicanas y tres provenientes de Argentina, Colombia y Chile. Cuatro son documentales y dos ficciones: Hay que perderse, Vasili, de Vladimir Durán; Jotmëk “Fortaleza del corazón”, de Sergio Adrián Morkin; La forma de los árboles, de Danniela Castro; Manual financiero, de Diego Hernández; Nunca seré policía, de Carolina Moscoso, y Por la vida, de María Sojob.
La apuesta resulta significativa porque Catapulta ya no mira únicamente hacia los proyectos mexicanos en desarrollo. Después de tres años como atelier de producción, el programa amplía su campo hacia Latinoamérica y pone el acento en una zona particularmente frágil de la producción cinematográfica: la postproducción, cuando una película necesita todavía dinero, acompañamiento técnico y, sobre todo, estrategias para encontrar su camino después del último corte.
No se trata solamente de terminar películas. También está en juego qué películas consiguen circular y cuáles quedan atrapadas en el largo trayecto entre la producción y la exhibición.
Los seis proyectos llegan con trayectorias diversas. Entre sus realizadores y productores aparecen nombres vinculados con festivales como Berlinale, FIDMarseille, Róterdam, BAFICI y el propio FICUNAM. Hay cineastas con obras anteriores reconocidas y proyectos que continúan explorando formas documentales, ensayísticas y de ficción alejadas de los circuitos más comerciales.
En Por la vida, María Sojob vuelve al documental después de Tote_Abuelo, con un proyecto rodado en Honduras que parte de su experiencia como cineasta tsotsil de Chenalhó, Chiapas. Nunca seré policía, de Carolina Moscoso, continúa la exploración personal y política de la directora chilena después de Visión nocturna. Por su parte, Diego Hernández presenta Manual financiero, su cuarto largometraje, mientras Danniela Castro llega con su primer trabajo en solitario, La forma de los árboles.
El programa también coloca en una misma conversación cinematografías y contextos distintos: desde Hay que perderse, Vasili, coproducción entre Argentina y Colombia, hasta Jotmëk “Fortaleza del corazón”, de Sergio Adrián Morkin, pasando por las búsquedas de cineastas que trabajan desde territorios, memorias y experiencias que difícilmente encuentran espacio en los modelos industriales dominantes.
El proyecto que resulte ganador recibirá el Premio Catapulta, con 100 mil pesos. Pero el atractivo mayor está en los apoyos que acompañan el reconocimiento: el Premio Churubusco-Catapulta, valuado en 500 mil pesos en servicios de laboratorio, mezcla de sonido, corrección de color y sala de grabación; un día de filmación en el volumen de producción virtual de Estudios Churubusco, otorgado por Simplemente, además de asesorías de circulación internacional y distribución.
En otras palabras, Catapulta intenta intervenir en una de las preguntas menos glamorosas —y más determinantes— del cine independiente: ¿cómo hacer que una película terminada encuentre espectadores?
La respuesta no estará únicamente en el dinero. También dependerá de las redes, los festivales, los agentes de ventas, los distribuidores y de esa compleja arquitectura que determina qué obras consiguen cruzar fronteras y cuáles permanecen fuera de las pantallas.
El proyecto ganador se anunciará el 12 de noviembre, durante la ceremonia de premiación del FICUNAM 16, que tendrá lugar del 5 al 15 de noviembre en la Ciudad de México. Para entonces, las seis películas habrán pasado por una nueva estación de ese largo recorrido que comienza mucho antes de que una cámara se encienda y que, en muchos casos, continúa mucho después de que termina el rodaje.
Porque en el cine independiente, terminar una película no siempre significa haber llegado a destino. A veces apenas significa conseguir el último impulso para comenzar a buscarlo.