Federico Vite pregunta desde dónde se escribe Acapulco
El escritor ofreció la conferencia donde reflexionó sobre la literatura que ha retratado al puerto y la ausencia de sus habitantes en muchas de esas historias
Con un lleno en la Biblioteca Pública Número 22, en el centro del puerto, el escritor Federico Vite impartió la tarde del 28 de agosto la conferencia “¿Desde dónde se escribe Acapulco?”, un encuentro en el que revisó las distintas miradas literarias que han construido el imaginario de la ciudad y planteó una pregunta fundamental: quiénes cuentan realmente las historias de Acapulco y desde qué lugar lo hacen.
Vite partió de una inquietud que lo ha acompañado durante años: la manera en que Acapulco aparece en novelas, cuentos y otras obras literarias, particularmente aquellas escritas por personas que llegan al puerto, lo visitan o permanecen en él durante algún tiempo. Para el autor, existe una amplia producción que toma a Acapulco como escenario, pero que con frecuencia deja fuera a quienes habitan cotidianamente la ciudad.
Durante su exposición recordó diversas obras y autores que han convertido al puerto en materia narrativa. Entre los ejemplos mencionó publicaciones recientes y textos de escritores extranjeros que han encontrado en Acapulco un espacio para desarrollar historias relacionadas con el turismo, la violencia, las relaciones personales, la migración y la transformación social de la ciudad.
Vite señaló que uno de los aspectos que más le llaman la atención es que algunos escritores llegan a Acapulco y encuentran en él un territorio literario atractivo, pero muchas veces construyen una imagen de la ciudad desde una mirada externa. El puerto se convierte así en escenario, atmósfera o detonante de una historia, mientras que sus habitantes aparecen de manera secundaria o como personajes que sirven para explicar la ciudad a quienes llegan de fuera.
En ese sentido, el escritor cuestionó la desconexión que existe entre la cantidad de obras que hablan de Acapulco y la manera en que esas historias dialogan con quienes viven aquí. Aunque reconoce que existen libros valiosos sobre el puerto, consideró necesario preguntarse por qué las voces locales no tienen una presencia proporcional dentro de ese imaginario literario.
“Para escribir aquí, por lo menos, tienes que conocer algo más que las calles principales”, fue una de las ideas que atravesaron su intervención. Para Vite, permanecer en un lugar permite descubrir dimensiones que difícilmente pueden encontrarse durante una visita breve: sus barrios, sus costumbres, sus formas de relacionarse, sus espacios cotidianos, sus memorias y las personas que mantienen viva la ciudad.
El autor también habló desde su propia experiencia. Recordó que escribió una novela en 2018, cuando decidió regresar a Acapulco, y que durante el proceso de corrección, realizado en el periodo de la pandemia, comprendió que el Acapulco que había imaginado años antes ya no era exactamente el mismo que estaba viviendo. La experiencia de volver y permanecer en el puerto modificó su relación con el lugar y también su manera de escribirlo.
El diálogo se convirtió entonces en una exploración personal sobre las razones para quedarse. Vite reconoció que no siempre tiene una respuesta definitiva sobre por qué decidió regresar o qué es exactamente aquello que lo arraiga a Acapulco. Sin embargo, habló de la gente que ha conocido y que ha transformado su vida, así como de los espacios y experiencias que le han permitido construir un vínculo cada vez más profundo con la ciudad.
Entre sus recuerdos aparecieron también otros escritores y personas vinculadas con el puerto que influyeron en su formación. Vite habló de encuentros, conversaciones, cafés, cantinas, exposiciones y amistades que terminaron alimentando su relación con la escritura. Para él, Acapulco no sólo está compuesto por sus paisajes reconocibles, sino también por las historias de quienes lo habitan y por las relaciones que se construyen en sus espacios cotidianos.
Otro de los ejes de la conferencia fue la tradición. Vite destacó la importancia de reconocer aquello que se ha construido a través del tiempo y evitar que las nuevas generaciones pierdan el conocimiento de quienes estuvieron antes. Recordar quiénes fueron nuestros antepasados, nuestros padres y quienes participaron en la construcción de la comunidad permite entender que la identidad de una ciudad no surge únicamente de sus edificios, playas o atractivos turísticos.
En este punto, la conversación se extendió hacia la transformación de Acapulco y la pérdida de algunas prácticas comunitarias y tradiciones. El escritor lamentó que ciertas formas de convivencia, concursos, celebraciones y expresiones culturales hayan desaparecido o se hayan debilitado frente a los procesos de modernización, dejando una sensación de ruptura con una parte de la memoria colectiva.
Vite insistió en que Acapulco posee una historia particularmente rica por su condición de puerto. Durante décadas, la ciudad fue punto de encuentro de personas procedentes de distintas partes del mundo, un lugar donde circulaban lenguas, culturas, mercancías e ideas. Esa diversidad también forma parte de su identidad y debería ser considerada al momento de construir una literatura sobre el puerto.
Sin embargo, el escritor también cuestionó la tendencia a reducir Acapulco a determinadas imágenes. Para él, escribir sobre la ciudad implica ir más allá de las postales conocidas, de la zona turística o de los lugares que históricamente han concentrado la mirada de visitantes y escritores. El Acapulco literario necesita incorporar sus múltiples territorios y, sobre todo, a quienes los habitan.
La reflexión alcanzó también el terreno ético. Vite consideró que existe una responsabilidad para quien decide escribir sobre un lugar que no conoce profundamente. No se trata de pretender conocerlo todo —algo imposible—, sino de permanecer el tiempo suficiente para comprender que una ciudad es mucho más compleja que aquello que puede observarse durante una visita de pocos días.
Su propia trayectoria le ha permitido acercarse a Acapulco desde distintos ángulos. Después de años de escribir sobre el puerto, incluso reconoce que para algunas personas puede resultar reiterativo que vuelva constantemente al mismo tema. Sin embargo, explicó que insistir en Acapulco responde más a una preocupación estética y literaria que a una estrategia determinada.
“Si los libros se publican o no, ya no es mi problema. Mi problema, al menos, es escribirlos”, planteó en una intervención.
En esa declaración sintetizó una de las convicciones que atraviesan su trabajo: la escritura como una necesidad y como una forma de asumir riesgos, independientemente de la respuesta inmediata que pueda tener un libro.
También habló de la formación literaria y de las dificultades que enfrentan quienes escriben desde lugares alejados de los grandes circuitos culturales. La Ciudad de México continúa siendo uno de los principales centros de legitimación y circulación literaria del país, y Vite reflexionó sobre la importancia de construir otras rutas para que las voces de las regiones puedan ser escuchadas y dialogar con lectores de otros lugares.
Para el escritor, leer desde otros sitios permite también mirar la realidad con matices diferentes. Su interés por la literatura no se limita a la posibilidad de obtener reconocimiento, sino a la necesidad de explorar otras formas de narrar y de establecer conversaciones. En ese proceso, Acapulco aparece como una materia inagotable.
La presencia del público en la Biblioteca Pública Número 22 evidenció, además, el interés que existe por escuchar a quienes han convertido al puerto en materia de reflexión literaria. El encuentro permitió que la conferencia trascendiera la exposición individual y se transformara en una conversación sobre identidad, rememoración, pertenencia y representación.
Al final, la pregunta que Federico Vite puso sobre la mesa permanece abierta: ¿Quién escribe sobre Acapulco, sus habitantes o los visitantes? Quizá la respuesta no sea elegir exclusivamente a unos u otros, sino reconocer desde qué lugar se mira y se cuenta la ciudad. Porque Acapulco puede ser escenario para quien llega, pero también es recuerdo, presente y experiencia cotidiana para quienes decidieron quedarse y hacer de este puerto su casa.
Foto: Miguel Benítez.