Los terribles blues de Guayaquil: un viaje entre la melancolía, la fotografía y el blues
El libro-objeto de Said Vladimir Ramírez fue presentado en una actividad de Epicentro Cultural, con los comentarios de Grecia López Betancourt.
Los terribles blues de Guayaquil, del escritor mexicano Said Vladimir Ramírez, fue presentado en el auditorio del Viejo Ayuntamiento de Acapulco como parte de una actividad de Epicentro Cultural, programa promovido por la Dirección de Cultura municipal. Durante el encuentro, Grecia López Betancourt compartió una lectura personal de la obra y destacó su capacidad para convertir el viaje, la fotografía y la melancolía en una experiencia literaria.
Publicado en 2024 por Editorial La Tinta del Silencio, Los terribles blues de Guayaquil es un libro-objeto de pequeño formato que reúne una novela corta o nanonovela, quince cuentos breves y postales fotográficas. La propuesta establece un diálogo entre literatura, fotografía y música, particularmente con la técnica de la cianotipia y la atmósfera emocional del blues.
La obra mantiene, además, un diálogo intertextual con Kazbek, del escritor ecuatoriano Leonardo Valencia, y tiene como escenario principal el puerto de Guayaquil y el río Guayas. El color azul funciona como un elemento que conecta lo visual con lo sonoro y lo emotivo, mientras que el viaje y el agua se convierten en espacios fundamentales para explorar la nostalgia, el desamor y la necesidad de transformar el rumbo personal.
Durante sus comentarios, Grecia López recordó que conoció a Said Vladimir Ramírez en una cabina de radio y evocó especialmente la manera en que hablaba de Ecuador. “Lo primero que viene a mi mente es el recuerdo del brillo de sus ojos mientras conversaba de sus viajes a Ecuador”, señaló, al recordar el cariño con el que el autor se refería a Guayaquil.
López explicó que, al aceptar la invitación para comentar el libro, decidió volver a leerlo y encontró una relación estrecha entre la estructura de la obra y la personalidad de su protagonista: un viajero nómada que se desplaza de ciudad en ciudad sin pertenecer completamente a un solo lugar.
En la narración, un fotógrafo abandona la Ciudad de México y a su amante para regresar a Guayaquil, una ciudad que marcó su vida. Allí se encuentra con Stefan Kral, editor y escritor que le encomienda capturar la ciudad mediante 16 fotografías destinadas a conformar un libro de pequeño formato. La misión se convierte así en una exploración de calles, edificios, ríos, habitantes y paisajes atravesados por el calor, la violencia y la melancolía.
Para López Betancourt, uno de los mayores méritos de Ramírez está en la capacidad de reconstruir Guayaquil mediante la palabra hasta provocar en el lector la sensación de recorrer sus rincones. La ciudad, dijo, aparece como un territorio que puede escucharse, observarse y sentirse, siempre bajo una mirada marcada por la nostalgia.
La presentación también destacó la segunda dimensión de la obra: después del recorrido por Guayaquil, el lector se encuentra con una narrativa breve y fantástica en la que aparecen viajes en tren y autobús, pasajeros de identidad incierta y personajes que buscan continuar su camino. El blues acompaña estos desplazamientos como una banda sonora imaginaria.
“Este libro se disfruta paso por paso”, expresó López al dirigirse a los lectores, a quienes invitó a acercarse a las historias con paciencia, “ropa cómoda y el corazón abierto”.
Más que un libro sobre una ciudad específica, Los terribles blues de Guayaquil propone un recorrido por la memoria, el desarraigo y la experiencia de viajar. Entre fotografías, cuentos, cianotipias y música, Said Vladimir Ramírez construye un objeto literario en el que Guayaquil se convierte tanto en destino como en estado de ánimo.
Al cerrar sus comentarios, Grecia López dejó una última invitación: llevar una cámara durante este viaje literario, aunque las historias encontradas en sus páginas no quedarán registradas en cianotipia, sino —como propone la propia experiencia de lectura— en la memoria.
Foto: Miguel Benítez.