“Magdalena Ruiz”: Madre Cumbia enciende de nuevo la rueda de los Montes de María
Reúne a Los Gaiteros de San Jacinto, Fruko y Carmelo Torres para rendir homenaje a Adolfo Pacheco y reivindicar la cumbia como un ritual comunitario vivo.
“Si no llegaba Magdalena, se enfriaba de la gaita el son”. En esa frase de Adolfo Pacheco está contenido buena parte del espíritu de “Magdalena Ruiz”, primer sencillo de Madre Cumbia, proyecto que reúne distintas generaciones y vertientes de la música tropical colombiana para volver al centro de una tradición: la rueda de cumbia de los Montes de María.
La canción, escrita por el legendario compositor sanjacintero, es mucho más que el retrato de una bailadora. Magdalena Ruiz aparece como la figura capaz de transformar una reunión en celebración, de encender la música y devolverle movimiento a una comunidad. Su llegada convoca a músicos, bailarines, jóvenes, mayores y al trago; abre el círculo y hace que la rueda comience a girar.
Pacheco, uno de los grandes compositores de Colombia, estuvo profundamente ligado a San Jacinto y a la vida cultural de los Montes de María. A lo largo de su trayectoria escribió más de 150 canciones, entre ellas “La Hamaca Grande”, “El Mochuelo”, “El Viejo Miguel” y “Sabor de Gaita”, piezas que fueron interpretadas por figuras como Andrés Landero, Carlos Vives, Lisandro Meza, Los Hermanos Zuleta y Johnny Ventura.
Su trayectoria no se limitó a la música. Fue maestro de escuela, abogado y servidor público, además de un activo participante de la vida cívica de su región. En 2005, el Festival de la Leyenda Vallenata reconoció su contribución a la música colombiana al nombrarlo Rey Vitalicio.
En “Magdalena Ruiz”, sin embargo, Pacheco no solamente recuerda a una mujer. A través de ella evoca un mundo. La sonrisa de la bailadora, la sensualidad de sus movimientos y su capacidad para alterar el ánimo colectivo convierten a Magdalena en una presencia casi mítica. Cuando el compositor afirma “Ahora la evoco en mi cantar”, la memoria individual se transforma en una invocación de la propia cumbia.
En el corazón de esa evocación está la rueda, espacio tradicional donde la cumbia deja de ser únicamente música para convertirse en un ritual social. Los músicos ocupan el centro sonoro mientras los bailarines giran a su alrededor. Las mujeres, tradicionalmente con velas y largas faldas, acompañan con sus movimientos el diálogo entre tambores y gaitas.
La rueda también reúne las distintas raíces que conforman la cumbia colombiana. Las tradiciones africanas e indígenas se entrelazan con influencias europeas presentes en la vestimenta y en determinadas formas de convivencia. Percusión, gaitas, danza, cortejo, fuego y comunidad conviven en un mismo espacio.
No hay aquí una separación estricta entre escenario y público. Los músicos tocan para los bailarines y los bailarines devuelven a la música su dimensión física. La celebración se construye entre todos. Por eso Magdalena representa algo más que una protagonista: encarna a la bailadora como participante indispensable de la cumbia, como quien convierte el sonido en experiencia colectiva.
Esa dimensión explica que “Magdalena Ruiz” sea el punto de partida de Madre Cumbia, un proyecto que reúne a Los Gaiteros de San Jacinto, Fruko y Carmelo Torres, representantes de ramas diferentes pero conectadas de la tradición cumbiera colombiana.
La propuesta no pretende convertir la cumbia en una pieza de museo ni conservarla como una tradición inmóvil. Su apuesta parte, precisamente, de lo contrario: una tradición permanece viva cuando cada generación la recuerda, la interpreta y la transforma.
Pacheco recordó a Magdalena y, a través de ella, un universo cultural. Ahora Madre Cumbia retoma esa memoria para volver a convocar a los músicos al centro, encender las velas, abrir la rueda y permitir que la cumbia continúe girando.
Foto: Especial.