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Noventa miradas al arte contemporáneo llegan a la XV Bienal Alfredo Zalce

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Anuncian la selección 2026 de la Bienal Nacional de Pintura, Gráfica y Cerámica Contemporánea, integrada por obras de artistas de distintas regiones del país

Más de mil obras llegaron a la convocatoria de la XV Bienal Nacional de Pintura, Gráfica y Cerámica Contemporánea Alfredo Zalce. De ese amplio conjunto, 90 fueron seleccionadas para formar parte de la edición 2026: 30 piezas de pintura, 30 de gráfica y 30 de cerámica.

La selección, anunciada por la Secretaría de Cultura de Michoacán, reúne distintas generaciones, técnicas y maneras de aproximarse a la creación contemporánea en México. Más que una fotografía uniforme de la producción artística, el conjunto deja ver preocupaciones que atraviesan el presente: la memoria, el territorio, la incertidumbre, la violencia, el cuerpo, la tecnología y las formas de habitar un mundo en transformación.

La diversidad aparece desde los propios títulos de las obras. En pintura conviven “Estructuras del Cuidado I”, de Mónica Aceves Corzo; “Ruinas de la memoria”, de Eduardo Alanís Flores; “Paisaje Roto”, de Humberto Barajas Bustamante; “La Nueva Babel”, de César Córdova Tapia, y “Mutilati, víctimas de la barbarie”, del guerrerense Héctor C. Massiel.

Son nombres que apuntan hacia distintas preocupaciones y que, en conjunto, sugieren una conversación entre lo íntimo y lo colectivo. El paisaje aparece como espacio alterado, la memoria como territorio en ruinas y el cuerpo social como escenario de conflictos.

Pintura: memoria, incertidumbre y transformación

La selección de pintura está integrada por 30 obras. Entre ellas se encuentran piezas como “La era de la ligereza”, de Iván Antonio Arévalo Amezquita; “Efectos colaterales” y “Teoría de los estratos”, de Acsa Lorena Becerra Montero; “Escena en seis tiempos”, de Lorena María Camarena Osorno, y “Agua en la arena”, de María Campiglia Calveiro.

También forman parte de la selección “Puerta abierta”, de Jimena Cortina Cole; “Agricultor a gran escala con dos de sus hijos, su perro, un halcón y un venado”, de César de la Riva Molina; y “Ensayo sobre la espera”, de Gabriel Iván Hernández García.

La segunda parte de la selección pictórica incorpora otras aproximaciones al tiempo, el espacio y la experiencia humana. “Anunciación”, de Luis Raymundo Herrera Cisneros; “Fragmentos de una tarde”, de Axel Iván Hidalgo Lemaire; “Último Año Nuevo”, de Young Sun Kim, y “Incendio- 19.335483, -98.385703”, de Jesús Morales García, plantean desde sus propios lenguajes distintas relaciones con el acontecimiento y el territorio.

Aparecen también “Díptico: La yunta, el ladrón y el autobús. Historia del mes de julio”, de Santiago Alfonso Navarro Benítez; “Los dos huérfanos”, de Oscar Ortega Pérez; “Okupa”, de Miguel Ángel Patricio José; “En las manos el paraíso quema” y “Después de nosotros”, de Fernanda Reyes Reyes.

La incertidumbre atraviesa otras propuestas, como “Depresión y Ansiedad”, de Alan Omar Robles Guerrero; “El inicio del desdoblamiento”, de Rocío Romero Hernández; “Ocaso, crisis y colapso II, de la serie Habitantes de la incertidumbre”, de Oscar Rafael Soto Barbosa; “Ambición Desmedida I”, de José Roberto Soto Escobedo, y “Observadores y observados”, de Sandra Denisse Canel Ramírez.

Gráfica: territorios que se quiebran y mundos que aparecen

Las 30 obras seleccionadas en la categoría de gráfica amplían el mapa de preocupaciones de la Bienal. La relación con el territorio aparece en títulos como “De la Serie ‘Paisajes desérticos y volcánicos’ XXVI”, de Carolina Ortega Sánchez; “Paisaje espora”, de Laura Daniela Vázquez García, y “Nunca tenemos acceso completo al territorio que nos sostiene I”, de Nancy Viridiana Valdéz Ramírez.

La dimensión social también ocupa un espacio importante. “Vectores de Movimiento Social”, de Lorelí del Carmen Ortíz Tenorio; “La bestia”, de César Eduardo Pedroza Morales; “Vestigios”, de Sonia Sánchez Avelar, y “Metaverso libre”, de Guadalupe Solís Guereca, apuntan hacia distintas formas de leer las transformaciones colectivas y tecnológicas.

Otros trabajos se mueven hacia terrenos más íntimos o simbólicos. “Y a veces escucho un eco divino”, de Salma Itzel Hernández Santillan; “Ciudades de Silicio”, de María Jacqueline Juárez Arcos; “Quiebre”, de José López Valencia; “Scribe 2”, de Gibran Jalil Mendoza Vásquez, y “Polvoso”, de Fernanda Monroy Hidalgo, muestran la amplitud de recursos conceptuales presentes en la selección.

Completan esta categoría obras como “ESPECTRO”, de Omar Arcega Morales; “Canto II Inicio de la Nigredo”, de Raúl Cadena Rosas; “Respetanos Humano”, de Fernando De Ita López; “Autoconstrucción I”, de María Luisa Estrada Sánchez; “Revelaciones desde el subdesarrollo: El milagro”, de Roberto García Ortega, y “LOVE FOR”, de Emmanuel García Ramírez.

También fueron seleccionadas “La Tierra Prometida”, de María del Mar Beianiab Gasca Madrigal; “Destello del mar pixelado”, de Isabel Gaspar Robles; “Los niños: cumpleaños con mi mejor amigo”, de Emilio Neftaly González Muñoz; “Wabi Sabi”, de Lucía Prudencio Núñez; “kurpiticha”, de Pablo Querea Gutierrez; “Ahora que estás muerto, te escribo cartas papá (Cuchara)”, de Jesús Ramírez Vargas; “Nac. del fin (de la serie Batallas)”, de Catarino Soto Martinez; “Estrellas”, de Pavel Scarubi Urbieta Martínez; “LEVITANTE”, de Plinio Villagrán Galindo, y “Ciudad Fantásma”, de José Luis Barrera Castillo.

Cerámica: la materia como memoria y cuerpo

La tercera categoría reúne 30 propuestas de cerámica y confirma que el trabajo con la materia continúa siendo un territorio fértil para la creación contemporánea.

Entre las piezas seleccionadas se encuentran “El viaje de Proserpina ‘Anabasis y Catabasis de una doncella’”, de Luis Batres Muñoz; “Cubo #1” y “Movimiento estático”, de Eitan Bielak Klin; “Fujin, el alma al aire”, de José Manuel Buendía Canales; “Artefacto”, de Paulina Cervantes Marín, y “Pródromo”, de Jorge Luis Chávez Alfaro.

El umbral, la fragilidad y la contemplación aparecen como motivos recurrentes en títulos como “UMBRAL”, de Victoria Chávez García; “Efecto acumulado”, de Gael García Hernández; “Intersticios”, de Laura González Gómez; “Brújulas de incertidumbre II”, de Francisco Huazo Cedillo, y “Umbral del vuelo”, de Laura Olivia Martínez Escartín.

La relación entre cuerpo y materia también está presente en “Habitar la cerámica”, de Sofía Espíndola Manzanares; “Corporalidades Frágiles”, de Efraín Martínez Nieto; “Autorretrato: Geometría de la contemplación y el silencio”, de Erika Morales Reyes, y “Replegarse”, de Jessica Paola Rivera Servín.

La selección se completa con piezas como “Cactofloris Paradoxa”, de Blanca Itzel Martínez Muñoz; “Animalario cerámico 2”, de Verónica Ortigoza Garnica; “Urna vacía”, de María Elisa Pasquel Garza; “Camino Alterno (Desviación del Camino)”, de Rocío Beatriz Sáenz Carrillo; “API AZUL”, de María Gabriela Souza Fregoso; “Semilla de la creación”, de Rodolfo Manuel Vargas Martínez, y “FLORES ETERNAS”, de María José Richerand.

Una bienal que registra el presente

La XV Bienal Alfredo Zalce 2026 se construye a partir de 90 obras que, desde disciplinas distintas, permiten observar parte de las búsquedas que atraviesan actualmente al arte contemporáneo en México.

Pintura, gráfica y cerámica aparecen aquí no como compartimentos aislados, sino como lenguajes capaces de dialogar alrededor de preguntas semejantes: qué permanece, qué se transforma, cómo se recuerda, qué sucede con los territorios que habitamos y de qué manera el arte puede registrar las tensiones de su tiempo.

La cantidad de obras recibidas —más de mil— también habla de una escena artística amplia y activa. Las 90 seleccionadas representan apenas una parte de esa producción, pero ofrecen un recorrido por diferentes técnicas, imaginarios y formas de mirar.

Nombrada en honor al artista michoacano Alfredo Zalce, la Bienal llega así a su decimoquinta edición manteniendo su vocación de encuentro con la creación contemporánea. En sus obras, el presente aparece fragmentado, incierto, vulnerable, tecnológico, territorial y, al mismo tiempo, abierto a nuevas posibilidades.

La exposición de esta selección convierte esas 90 miradas en un espacio común: un lugar donde la materia, la imagen y la memoria se encuentran para preguntar, desde distintas generaciones y geografías, cómo se está contando el México de este tiempo.

Foto: Especial.