De la televisión al libro: Federico Vite arma su propia La Commedia Dell’arte
Reúne seis relatos escritos originalmente en 2017 y publicados ahora como un ejercicio de humor, memoria y ficción sobre la televisión y la política mexicana.
Entre la nostalgia por una televisión que marcó a varias generaciones, los (malos) recuerdos de una época política y el humor como mecanismo de distancia, Federico Vite presentó La Commedia Dell'arte (BUAP 2024) en Epicentro Literario, en el auditorio del Ayuntamiento Viejo de Acapulco. El libro que se presenta por primera vez en el puerto, reúne seis cuentos en los que personajes inspirados en figuras de la televisión, la política y el espectáculo mexicano son trasladados al terreno de la ficción para construir una mirada irónica sobre un país que, aunque ha cambiado de protagonistas, conserva algunas de sus viejas estructuras.
El punto de partida se encuentra en un programa televisivo La Carabina de Ambrosio, que Vite recuerda como parte de su universo sentimental. A partir de personajes y situaciones que formaron parte de aquella cultura popular, el escritor decidió recuperar sus imágenes y transformarlas mediante la literatura. El resultado no busca reproducir las anécdotas originales ni convertirlas simplemente en chistes, sino construir nuevas vidas para aquellos personajes y hacerlos convivir con acontecimientos políticos y sociales de distintas épocas.
El libro fue escrito originalmente en 2017 y permaneció durante años dando vueltas entre editoriales. La publicación llegó mucho después, tras la pandemia, cuando el autor retomó el proyecto y decidió que debía aparecer prácticamente como había sido concebido. Esa distancia temporal terminó convirtiéndose en una de las características de la obra: un texto escrito hace años vuelve al presente con personajes y situaciones capaces de dialogar con la realidad contemporánea.
Vite explicó que su intención fue utilizar la ficción como un espacio de libertad. Para ello, tomó como referencia algunos personajes reconocibles de la televisión y modificó sus nombres, conservando rasgos suficientes para que el lector pudiera identificar el juego.
Así, figuras como Beto el Boticario, Carlos Salinas de Gortari y otros protagonistas de la cultura política y del programa televisivo aparecen transformados dentro de un universo literario en el que las fronteras entre realidad y ficción deliberadamente se vuelven difusas.
El humor no surge únicamente de reconocer a los personajes, sino del desplazamiento al que son sometidos. El mago de la televisión entra en contacto con las estructuras del poder y sus trucos adquieren un nuevo significado: ya no se trata solamente de entretener al público, sino de explicar —o esconder— la realidad mediante una serie de artificios.
El escritor insistió durante la presentación en que la construcción del humor es mucho más compleja que la acumulación de chistes.
Su propósito fue que cada relato tuviera una estructura propia y que los personajes funcionaran dentro de las historias como lo harían en una novela. Aunque el origen está en un programa televisivo y en una serie de recuerdos, el libro busca que esa referencia permanezca en un segundo plano.
La política aparece entonces como parte de un escenario mayor. Los cuentos recorren acontecimientos y personajes asociados con distintos momentos de la vida pública mexicana, mientras figuras del espectáculo se relacionan con políticos, funcionarios y personajes vinculados con los mecanismos de poder.
Otro de los relatos recupera la figura de una bailarina y la convierte en objeto de una investigación de los servicios de inteligencia. Vite reconstruye, desde la ficción, expedientes, informes y situaciones que remiten a las prácticas de vigilancia de aquella época. El procedimiento le permite incorporar otro registro narrativo y mostrar cómo el espectáculo también podía encontrarse bajo la mirada del poder.
El autor explicó que uno de sus intereses consistió en evitar que el libro se limitara a reproducir una mirada machista sobre las mujeres que participaron en aquellos programas. Personajes femeninos relacionados con la televisión son abordados desde otros ángulos, tratando de convertirlos en voces y no solamente en cuerpos sometidos a la mirada del espectáculo.
La investigación que acompañó la escritura también fue parte del juego. Vite recurrió a revistas, archivos y materiales de la época, además de recuperar historias y anécdotas relacionadas con los personajes. Reconoció haber leído y visto una gran cantidad de material considerado menor o incluso “basura” para reconstruir el universo cultural en el que se movían sus protagonistas.
La máscara, presente desde la propia idea de la commedia dell'arte, adquirió durante la presentación un significado particular. Vite explicó que la utilizó como una forma de establecer distancia y, al mismo tiempo, de hablar de asuntos que resultan reconocibles sin necesidad de nombrarlos directamente. La máscara permite que la realidad se filtre en la ficción y que el lector complete aquello que el texto deliberadamente deja sugerido.
En ese sentido, La Commedia Dell'arte también aborda la censura y el miedo que acompañaron durante décadas a la creación artística y a los medios de comunicación. La necesidad de “capotear” determinados asuntos, de rodearlos o de utilizar otros nombres, forma parte del mecanismo humorístico del libro, pero también remite a una experiencia histórica en la que decir determinadas cosas de manera directa podía tener consecuencias.
Durante la conversación con el público se destacó que muchas de aquellas imágenes televisivas pueden verse hoy de una manera diferente. Lo que para una generación pudo haber sido simplemente entretenimiento —el atractivo visual, el humor, las figuras televisivas— puede adquirir, con la distancia, otras lecturas sobre el papel de los medios en la construcción de imaginarios sociales y políticos.
Para Vite, precisamente ahí se encuentra una de las razones para convertir aquel universo televisivo en literatura. No se trata únicamente de buscar lectores a partir de la nostalgia, sino de regresar a una parte de la cultura que contribuyó a formar su propia mirada. Aquellos programas pertenecían a un universo sentimental: eran parte de lo que consumía, disfrutaba y, con el tiempo, comenzó a cuestionar.
El escritor reconoció que trabajar con esa memoria también implicó enfrentarse a la realidad. Sin embargo, a diferencia de otros de sus libros, La Commedia Dell'arte le permitió incorporar válvulas de escape y una mayor soltura. El humor funciona como una manera de tomar distancia de una realidad que puede resultar demasiado intensa.
La nostalgia, por tanto, no constituye el único motor del libro. Las nuevas generaciones quizá necesiten acudir a plataformas como YouTube para conocer a los personajes que inspiraron estas historias, pero el objetivo de Vite no es únicamente recuperar una época desaparecida. La literatura le permite revisar cómo funcionaban entonces los medios de comunicación, cómo se relacionaban con el poder y cómo se construían el control, la propaganda, la censura y los imaginarios colectivos.
El libro establece así un puente entre dos tiempos. Los personajes y acontecimientos pertenecen a un México que parece distante, pero las estructuras que aparecen detrás de ellos continúan ofreciendo puntos de contacto con el presente. Cambian los gobernantes, los programas y las figuras públicas; permanecen, en cambio, algunas formas de relación entre poder, espectáculo y sociedad.
Acapulco ocupa también un lugar particular en esta construcción. Vite, escritor acapulqueño, explicó que uno de sus personajes terminó adquiriendo un acento local cuando el intento de darle una voz cubana no funcionó. El accidente creativo terminó incorporándose a la historia y reforzó el vínculo del libro con el lugar desde el que ahora se presenta.
La presentación de La Commedia Dell'arte en Epicentro Literario sirvió, finalmente, para mostrar una faceta distinta de la obra de Federico Vite: la exploración deliberada del humor como recurso literario. Después de años de trabajar con otros registros, el escritor encontró en estos seis cuentos una posibilidad de jugar con la memoria, la cultura popular y la historia política sin abandonar la mirada crítica.
El resultado es una comedia que utiliza máscaras para hablar de lo que está detrás de ellas. Entre magos, bailarinas, políticos, actores, productores y personajes de televisión, Vite construye un país reconocible precisamente porque sus protagonistas pertenecen a una realidad que la ficción apenas necesita deformar para revelar su lado más absurdo.
Foto: Miguel Benítez.